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Alquileres mediante plataformas o la monetización de contenidos son algunas de las actividades que podrían ayudarte a completar tus ingresos
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El mercado laboral está viviendo un cambio profundo que trae dudas y retos, pero también abre nuevas oportunidades. Por ejemplo, cada vez más personas buscan complementar su salario habitual con actividades digitales continuadas, algo que les permite diversificar y ganar tranquilidad económica.
Este fenómeno, que podríamos llamar microemprendimiento silencioso, no consiste en la creación de grandes start-ups, sino en la generación de ingresos que aprovechan las plataformas digitales o las habilidades profesionales aplicadas fuera del empleo principal.
A nivel global, estimaciones recientes del mercado de la llamada gig economy (la “economía de los trabajitos”) sitúan la participación en trabajos por encargo y freelance en más de 160 millones de personas en 2024, con gran parte de estos trabajadores desempeñando actividades digitales o basadas en plataformas online.
Este incremento obedece a varios factores interrelacionados: la digitalización continua de servicios y tareas, la disponibilidad de plataformas para ofrecer microservicios profesionales, y la búsqueda de ingresos adicionales ante la inflación y los crecientes costos de la vida.
Así, para muchas personas, el microemprendimiento es una forma de mejorar su resiliencia financiera sin tener que renunciar a la estabilidad laboral.
Eso sí, estos ingresos extra suelen situarse en rangos moderados, pero tienen un impacto real en la economía doméstica. En Europa los datos oficiales confirman que estas actividades tienen sobre todo un carácter complementario y no sustituyen al empleo principal, con el que se integran con facilidad y no exigen una exposición elevada al riesgo.
En la práctica, el microemprendimiento silencioso adopta formas muy diversas. Estas son algunas de las más comunes:
A diferencia de los modelos laborales tradicionales o de los emprendimientos de gran escala, el microemprendimiento silencioso se caracteriza por su flexibilidad, unas barreras de entrada relativamente bajas y el uso intensivo de plataformas digitales para conectar oferta y demanda.
En muchos casos, estas actividades se complementan con el uso de herramientas financieras digitales orientadas al ahorro o la inversión automatizada, que permiten optimizar rendimientos modestos pero recurrentes, integrándose así en una estrategia más amplia de gestión de las finanzas personales.
Otro aspecto relevante de estas nuevas formas de trabajo y emprendimiento es la autonomía relativa que ofrecen: muchos trabajadores tienen control sobre cuándo y cómo participan en estas actividades.
Según Eurostat, más del 75 % de quienes realizan trabajo remunerado mediante plataformas cuenta con autonomía suficiente para fijar sus propios horarios o rechazar tareas sin penalización directa.
Sin embargo, también es importante reconocer que este tipo de economía presenta vacíos en términos de cobertura social.
Los mismos datos comunitarios que utilizamos como marco de referencia muestran que más de la mitad de los trabajadores digitales no está cubierta por sistemas de protección social tradicionales como desempleo o incapacidad a través de estas actividades complementarias.
Esto subraya la importancia de considerar este ingreso como un complemento y no como un sustituto a largo plazo de un empleo tradicional.
Para quien decide emprender en este ámbito, los beneficios son claros: ingresos adicionales que mejoran el balance mensual, amortiguan cambios en el mercado laboral y facilitan el aprendizaje de habilidades digitales cada vez más demandadas.
Los estudios económicos señalan, de hecho, que el avance continuo de la digitalización no solo impulsa la facturación del sector, sino que incrementa la necesidad de competencias digitales aplicables en múltiples contextos profesionales. El microemprendimiento silencioso puede ser una excelente práctica de campo.
Al mismo tiempo, conviene abordar con realismo los límites y riesgos. La variabilidad de estos ingresos, la correcta gestión fiscal y la fragmentación del tiempo entre empleo principal y actividades complementarias requieren atención.
En algunos casos, lo que comienza como una actividad marginal puede crecer más de lo previsto y acabar absorbiendo tiempo y recursos inesperados. De ahí que la clave esté en mantener una estrategia de ingresos múltiples sin comprometer la calidad de vida ni la estabilidad financiera.
Bien integrados, estos ingresos pueden destinarse al ahorro, la inversión o la creación de un colchón de seguridad.
Reservar una parte para emergencias, objetivos a medio plazo o formación continua refuerza un ciclo virtuoso. No en vano, la diversificación de fuentes de ingresos es un principio básico de gestión del riesgo financiero, especialmente en entornos económicos marcados por la incertidumbre y la necesidad de adaptación como en el que vivimos.
En definitiva, el microemprendimiento silencioso es una expresión de una economía cada vez más digital y flexible.
Para individuos y familias, representa una herramienta adicional muy interesante para fortalecer su situación económica apoyándose en habilidades propias y en la infraestructura digital disponible. Eso sí, siempre que se integre con decisiones financieras prudentes y una comprensión clara de sus límites.
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