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La planificación financiera es básica para ordenar las cuentas personales y estar preparados para cualquier imprevisto, la jubilación o la compra de una casa
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En España, la voluntad de ahorrar funciona como propósito de año nuevo: casi todos lo tienen claro al inicio del curso, pero el resultado no siempre acompaña.
Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la tasa de ahorro de los hogares españoles se situó en el 20,4% en el segundo trimestre —el tramo más agradecido del calendario—. Esto demuestra que, cuando el contexto ayuda, la disciplina aparece.
El problema es mantenerla cuando el ciclo se vuelve menos amable, por ejemplo, en los tres primeros meses del año. Y ahí entra en juego la cultura financiera, todavía irregular: solo un 19% de la población española muestra nivel alto.
Los españoles intentan hacer los deberes, pero, sin técnica, cualquier entrenamiento se resiente. La planificación financiera es ese entrenador paciente que ordena rutinas: revisar ingresos y gastos, fijar objetivos a corto, medio y largo plazo, y aplicar estructuras simples como la 50/30/20. No hace falta convertirse en atleta, basta con evitar lesiones económicas y avanzar con constancia.
En cualquier caso, así como no es lo mismo querer ahorrar que conseguirlo, tampoco es lo mismo conseguir ahorrar que hacerlo de manera planificada y con unos objetivos a corto, medio o largo plazo. ¿Tenemos una cultura financiera suficiente como para marcarnos unos objetivos?
Esa es precisamente la pregunta a la que responde el informe Monitoring the level of financial literacy in the EU. Según recoge el estudio, España se sitúa en la parte media-alta del ranking, aunque lejos de la panorámica general de la UE: el 19% de los españoles obtiene una puntuación alta en conocimientos financieros (26% de media en la UE), el 54% una puntuación media (50% en la UE) y el 27% una puntuación baja (24% en la UE).
Por tanto, la planificación financiera se torna esencial y es lo que permite abordar un amplio abanico de posibilidades: desde protección ante imprevistos (con seguros de vida, salud y hogar) hasta cumplir proyectos vitales (comprar una vivienda, emprender, pagar la educación de los hijos…) o mantener el nivel de vida cuando llegue la jubilación.
Para empezar una planificación financiera, es esencial saber en qué punto financiero se está. El primer paso es básico: tener en cuenta qué ingresos y gastos hay mensualmente.
Eso sí, no basta con calcular los pagos recurrentes de memoria, teniendo en cuenta solo aquellos que son fijos o presupuestados de antemano: alquiler, hipoteca, letra del vehículo, devolución de un préstamo, compra mensual...
Resulta igual de importante fijarse en aquellos gastos que, aunque sean aislados o puntuales, acaban influyendo en las cuentas: salir a cenar, ir al cine, comprar ropa, afrontar un imprevisto...
Para calcular bien todos estos factores, una de las opciones es acudir a la app de tu banco para saber cuánto dinero suele salir de tu cuenta cada mes. Solo así podrás saber, con bastante exactitud, cuál es la situación real de los gastos mensuales.
Ahorrar por la mera voluntad de hacerlo, sin fijarse un objetivo concreto, no es necesariamente una mala idea, ya que refleja una clara motivación por asegurar tu futuro económico. Sin embargo, siempre será más sencillo hacerlo con uno o varios objetivos en el horizonte, que pueden situarse en el corto, el medio o el largo plazo:
Los objetivos pueden variar mucho y los plazos también, dependerá de cada caso concreto. Pero disponer de estos objetivos ayudará a focalizar una meta y, con ella en mente, diseñar una estrategia para alcanzarla.
Una vez analizada la situación y definidos los objetivos, ha llegado el momento de ahorrar. En este punto, hay una metodología a la que siempre se suele acudir: la regla 50/30/20, que consiste en dividir los ingresos mensuales y separarlos de la siguiente manera:
Esa es la teoría, pero la realidad dice que no todo el mundo puede cumplir con la regla 50/30/20, que no deja de ser una aspiración ideal. En cualquier caso, sean cuales sean las posibilidades, es esencial dividir los ingresos mensuales y asignar un porcentaje concreto a las necesidades principales, a los gastos no planificados y al ahorro.
Y si conseguimos tener ahorros, ¿qué hacemos con ellos? Si has decidido que quieres invertir, es importante contar siempre con un asesor especializado. El asesor no solo va a entender las necesidades y objetivos marcados, sino que, además, va a ofrecer las opciones más adecuadas según las características de cada caso concreto. A la hora de invertir existen varias posibilidades:
Sin duda, la opción más conservadora. La renta fija puede ser útil si se busca obtener cierto retorno a corto plazo. En este caso, los bonos del Estado, los bonos corporativos o las Letras del Tesoro podrán ser buenos aliados si quieres, por ejemplo, vencer el avance de la inflación. Se trata de una opción que entraña mucho menos riesgo que otras, aunque, eso sí, también proporcionará unos beneficios más modestos.
La renta variable puede ser adecuada para aquellas personas con menor aversión al riesgo que, además, pueden apalancar su dinero y no necesitar un retorno hasta el medio o largo plazo. En este sentido, la Bolsa o las acciones de empresas se perfilan como las grandes opciones de este tipo de inversor. La renta variable, por norma general, suele ofrecer unos beneficios más atractivos, aunque su riesgo es mayor, con lo que también pueden generar pérdidas.
Ya se apueste por renta fija o por renta variable, los fondos de inversión pueden ser buenos compañeros de viaje. De este modo, la elección sobre dónde invertir el dinero corresponderá a los gestores profesionales del propio fondo, que, merced a su experiencia, harán las combinaciones necesarias para buscar el mayor retorno. Además, es probable que su estrategia combine renta fija, renta variable e incluso otros modelos (renta mixta, global…) para adecuarse a todo tipo de ahorradores.
Se trata de una de las tendencias al alza en los últimos años. Invertir en un inmueble, ya sea mediante el alquiler tradicional o el establecimiento de una vivienda turística, puede ser una opción viable si lo que buscas es una fuente de ingresos recurrente que, salvo imprevistos macroeconómicos, siga subiendo con el paso del tiempo.
En este apartado podemos englobar aquellas inversiones alejadas de las tendencias tradicionales, pero que, sin embargo, gozan de cierta cantidad de adeptos. Podemos hablar de inversión en criptomonedas, en arte, en materias primas, en relojes coleccionables... Eso sí, si en cualquier tipo de inversión ya es recomendable ir de la mano de un experto, aquí resulta todavía más relevante.
Invertir, como ya hemos dicho, es una opción viable para mover los ahorros e incrementar el patrimonio conseguido. Sin embargo, hay tres factores que se deben tener en cuenta a la hora de decidir por unas opciones u otras: