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Novedades en el IPC de 2026: cómo se calcula y qué dice de nuestro consumo

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Cuando el crudo sube, el precio de los combustibles se dispara, pero cuando baja, el ajuste es lento. ¿A qué se debe?
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Es un clásico en economía: cuando hay tensión internacional, especialmente si están implicados países productores de petróleo, se disparan los precios de los combustibles. Sin embargo, su aterrizaje posterior suele ser mucho más suave y lento.
A esta asimetría los economistas le han puesto un nombre: efecto cohete y efecto pluma. Vamos a ver en qué consiste cada uno y de qué manera afectan a nuestro bolsillo.
Hace poco hemos visto cómo la nave Artemis II viajaba a la Luna a más de 5.600 kilómetros por hora, unas seis o siete veces más rápido de lo que vuela un avión.
Teniendo en mente este acontecimiento, la metáfora del efecto cohete es muy intuitiva: un rápido ascenso de los precios cuando algún conflicto bélico sacude un área estratégica. Es entonces cuando las estaciones de servicio comienzan a vender gasolina y diésel más caros, aunque se compraran antes de que se encarecieran.
Hay numerosas razones que lo explican:
Para evitar un castigo mayor en la factura energética que pagan ciudadanos y profesionales, una de las medidas de emergencia adoptadas recientemente por el Gobierno ante el cierre del Estrecho de Ormuz consistió en rebajar el IVA de gasolina y gasóleo al 10 %, así como algunos tipos impositivos del impuesto de hidrocarburos.
Pensemos en cómo sube un cohete y en cómo baja una pluma. Nada que ver, ¿cierto? Pues la caída del precio del combustible cuando bajan los precios del crudo se produce de manera lenta y suave, como haría una pluma.
Entre los principales motivos, destacan estos:
Llenar el depósito del coche se convierte, de golpe, en un pellizco a nuestra economía doméstica. Sin embargo, la subida de la gasolina o el diésel tiene también otros efectos indirectos: aunque no tengamos vehículo de combustión propio, ese incremento de precios termina afectando a todo, desde la cesta de la compra hasta nuestras vacaciones.
El incremento de los precios del petróleo provoca lo que se conoce como efecto dominó: sube el combustible y, en consecuencia, lo hace todo lo demás. Esa caja de fresas que hemos adquirido en el mercado cuesta más porque el camión que las ha transportado funciona con un combustible que, a su vez, le ha salido más caro al dueño de la flota.
Si toda nuestra cesta de la compra sube, podremos comprar menos cosas con nuestro sueldo que antes.
En la actualidad, el escenario geopolítico es inestable y las previsiones cambian casi de un día para otro.
El Banco Central Europeo, en su Boletín Económico , subraya en numerosas ocasiones la necesidad de depender aún menos de los combustibles fósiles para plantar cara a crisis como la que ha desencadenado el conflicto en Oriente Medio. También destaca la importancia de que países como el nuestro hayan invertido en energías limpias.
Un informe del Banco de España de 2024 indicaba que esta transición abarató entonces los precios de los mayoristas de la electricidad el 40 % respecto a los que había en 2019.
Aunque España no es uno de los países más golpeados por esta crisis, esto no quiere decir que no influya. El Real Decreto-ley aprobado por el Gobierno a finales de marzo para reducir estas subidas podrá, según estimaciones de Funcas, ahorrar de media a los hogares unos 90 euros hasta junio.
El mencionado centro de estudios ya predijo, no obstante, que la subida de la energía sería menos acusada actualmente que cuando estalló la guerra de Ucrania.