FINANZAS PERSONALES
¿Qué debe hacer un deportista de élite con su patrimonio ante el reto de su retirada?

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Decenas de niños viven junto a CaixaBank la emoción de saltar al campo con sus ídolos antes del partido
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La mano de Hugo apenas alcanzaba a cerrarse del todo sobre la del jugador. La apretaba con fuerza mientras intentaba acompasar sus pasos al ritmo lento con el que los futbolistas abandonaban el túnel.
A su alrededor, el sonido era ensordecedor: voces, bufandas al viento, un tifo desplegado en la grada y un estadio entero aguardando el pitido inicial. Pero él solo miraba hacia arriba. Hacia ese futbolista al que había visto tantas veces por televisión y que ahora le sonreía justo antes de saltar al césped.
A pocos metros, Martina intentaba contener los nervios mientras repasaba las instrucciones de los coordinadores. “Camina despacio, no sueltes la mano y disfruta”, repetían una y otra vez mientras los pequeños esperaban su turno con una mezcla difícil de definir entre emoción y vértigo.
Ni el granizo ni la lluvia que había caído sobre el estadio habían logrado frenar nada. Para ellos daba igual con qué equipo les tocara salir. Lo importante era pisar el campo.
Lo importante no era el resultado. Era sentir que estaban dentro de aquello que tantas veces habían imaginado
Familias participantes en Escort Kids
Detrás de esa escena, aparentemente breve y protocolaria, hay semanas de ilusión acumulada. El programa Escort Kids, impulsado junto a CaixaBank, permite a los niños vivir desde dentro uno de los rituales más especiales del fútbol: acompañar a los 22 protagonistas en el instante previo al partido.
Pero lo que ocurre va mucho más allá de una simple salida al terreno de juego. Se trata de escuchar cómo late un estadio segundos antes del inicio. De atravesar el túnel entre cámaras, focos y cánticos. De sentir el rugido de la grada desde dentro y descubrir que algunos recuerdos empiezan mucho antes del pitido inicial.
Muchos padres observan la escena desde la grada intentando inmortalizar el momento con el móvil, aunque casi nunca consiguen captar lo esencial: la expresión con la que sus hijos pisan el césped por primera vez. Incredulidad, orgullo, felicidad pura. Un instante que permanece durante años.
La iniciativa ha convertido esos minutos previos al partido en una experiencia cercana y emocional para decenas de familias burgalesas. También para los jugadores, acostumbrados a la presión competitiva, que encuentran en esas pequeñas manos temblorosas una manera distinta de afrontar el encuentro.

Los empleados blanquinegros viven cada jornada desde una perspectiva privilegiada. Son quienes colocan a los niños, tranquilizan a los más tímidos y escuchan preguntas atropelladas sobre botas, goles o celebraciones. Y quienes acaban contagiados por una emoción difícil de fingir.
Porque, en un fútbol cada vez más rápido y profesionalizado, hay momentos que recuerdan por qué este deporte sigue siendo, ante todo, una historia de infancia.
Cuando el árbitro señala el inicio y los pequeños abandonan el terreno de juego, el partido empieza para todos. Para ellos, sin embargo, algo irrepetible ya ha sucedido.
Esa noche probablemente olvidarán el resultado. Lo que no olvidarán nunca es cómo sonaba el estadio cuando se abrieron las puertas del túnel y caminaron hacia el centro del campo de la mano de sus ídolos.
Para muchos niños, caminar junto a sus ídolos antes del partido supone cumplir un sueño que conservarán toda la vida. La experiencia transforma unos segundos sobre el césped en una memoria emocional ligada al fútbol, la infancia y la ilusión compartida en familia.