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Descubre dónde está el estrecho de Ormuz y qué consecuencias económicas podría tener su cierre.
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Hay ciertos puntos en el planeta que se consideran estratégicos, pero si hay uno que está acaparando la atención actualmente, ese es el estrecho de Ormuz.
Es uno de esos lugares cuyo nombre se hace conocido, pero no siempre se sabe muy bien por qué hasta que entra en juego en el escenario geopolítico: la escalada bélica en Oriente Próximo y la posibilidad de cierre de este paso marítimo, con tres buques ya atacados , han hecho escalar el precio del petróleo y del gas natural. En este artículo explicaremos por qué y qué consecuencias podría tener sobre la economía doméstica.
En España estamos familiarizados con el valor estratégico de los pasos marítimos angostos. El estrecho de Gibraltar, que conecta al Atlántico con el Mediterráneo, es una de las vías marítimas más importantes del mundo. Por este paso, que separa Europa de África por poco más de 14 km, transitan unos 100.000 buques cada año.
Aunque el estrecho de Ormuz no tiene un tránsito marítimo tan intenso como el de Gibraltar, su situación en el mapa lo convierte en una pieza clave de la economía global. Concretamente, tiene 33 km de ancho y se encuentra entre Irán y Omán.
La cuestión es que el estrecho de Ormuz no solo separa por mar esos dos países. Si nos fijamos bien en el mapa, veremos que también separa el golfo Pérsico y el golfo de Omán.
Esto supone que el estrecho de Ormuz es el principal punto de salida al resto del mundo del petróleo procedente de países como Arabia Saudita, Kuwait, Catar o Emiratos Árabes Unidos.
Su situación es estratégica y su potencial cierre, una disrupción económica de primer nivel. De hecho, el transporte marítimo internacional ya está prácticamente detenido a las puertas del estrecho de Ormuz, con grandes navieras que piden a sus buques ponerse a salvo ante los bombardeos en la zona.
Para hacernos una idea de lo que ocurriría si se llegara a cerrar el estrecho de Ormuz, vamos a recurrir a algunos datos y a nuestra memoria reciente.
En primer lugar, veamos los datos: por ese estrecho se transportaron de media unos 20 millones de barriles de crudo y productos del petróleo diarios el último año. Esto equivale al 20 % del petróleo líquido que se consume en el mundo, según datos de la Administración de Información sobre Energía de Estados Unidos (EIA ).
El papel de este accidente geográfico es crucial para la seguridad energética de muchos países, especialmente en Asia . Su interrupción, aunque fuera momentánea, podría provocar retrasos sustanciales y elevar considerablemente los costes logísticos, lo que afectaría al precio del petróleo.
El principal problema es que hay pocas vías alternativas para transportar todo ese petróleo. Aunque existen oleoductos, su capacidad es mucho más limitada que la del trasiego de buques por el estrecho. Su transporte terrestre también es más lento.
Ese no sería el único impacto directo de un cierre del estrecho de Ormuz: también el suministro mundial de gas natural se vería afectado, ya que aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de GNL transcurre por allí, según la EIA. Por ejemplo Catar, uno de los mayores exportadores de GNL del mundo , envía prácticamente toda su mercancía a través de este paso.
Seguro que este último dato, relativo al gas natural, ayuda a avivar algún recuerdo reciente de lo que ocurre cuando una fuente de energía importante escasea: que los precios de todo tipo de bienes y servicios se disparan.
Ese recuerdo nos servirá para comprender por qué el cierre del estrecho de Ormuz puede tener consecuencias en el día a día de los ciudadanos y en su economía.
Basta con rememorar lo que ocurrió en 2022 tras la invasión de Ucrania: la menor disponibilidad del gas ruso que consumía la Unión Europea elevó considerablemente los precios de la energía y, con ellos, los de las materias primas.
Ese encarecimiento subió, a su vez, los precios de todo tipo de productos, azuzados también por las disrupciones en el comercio de cereales y otros productos básicos a causa del conflicto. Para contener una posible espiral inflacionaria, el Banco Central Europeo (BCE) aumentó los tipos de interés.
Algo similar podría esperarse de un cierre del estrecho de Ormuz, especialmente si ese cierre se prolongara en el tiempo. Aunque el impacto podría ser mayor en Asia, donde tres cuartas partes de su abastecimiento de crudo y gas natural pasan por ese estrecho, sus consecuencias económicas se dejarían notar en muchas más áreas.
El alcance de las consecuencias económicas para España de la interrupción del tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz son inciertas y dependerán en gran medida de su duración. Eso sí, contamos ya con algunas pistas para hacernos una idea de lo que puede pasar.
Por un lado, la creciente diversificación energética del país protege su economía: en 2025, las fuentes renovables generaron más del 55 % de la electricidad en España . A finales de 2021, justo antes de la Guerra de Ucrania, su peso era del 46,6 %.
Aunque la dependencia de España del gas natural de Catar aumentó desde entonces, las importaciones totales de ese combustible desde Oriente Próximo no llegan al 2 % , según el análisis de datos de Cores.
Las importaciones de petróleo de la zona, por su parte, apenas superan el 10 % , ya que la mayoría del petróleo que llega a España procede de América y África. Además, según el Gobierno, solo el 5 % del petróleo que consume el país pasa por el estrecho de Ormuz.
El problema es que una menor disponibilidad de petróleo y gas por la interrupción de ese paso supondría una mayor competencia global por los recursos disponibles, y esto incluye los que ya importa España de otras zonas.
La mera posibilidad de que esto ocurra ya los ha encarecido considerablemente, ante el temor de que se interrumpa buena parte del suministro de crudo en todo el mundo. Aunque los países pueden liberar reservas estratégicas ante este escenario, esto solo aliviaría la situación a corto plazo.
Con un petróleo más caro, los costes del transporte de mercancías y su producción también aumentarán debido a su fuerte dependencia de este combustible. Con una mayor competencia por el gas natural, los precios de la energía también acabarán por verse afectados.
Todo esto desembocará en un aumento de precios que, de persistir, podría traducirse en un incremento de la inflación. Sus consecuencias finales las conocemos bien: menor poder adquisitivo para las familias y un acceso más difícil de las empresas a la financiación.