ECONOMÍA GLOBAL
Las cuatro claves que marcarán la economía española en 2026

Artículo
La nueva base 2025 incorpora cambios en la cesta de la compra y el peso de los productos en el indicador
Tiempo de lectura | 4 min.

El Índice de Precios de Consumo (IPC) del mes de enero ha llegado con una sorpresa: la base sobre la que se calcula ha cambiado.
Aunque el índice se actualiza periódicamente, este cambio ha llegado un año antes de lo previsto por la necesidad de armonizar el IPC español con la nueva clasificación de consumo adoptada por la Unión Europea.
A partir de 2026 y durante los próximos años, el IPC se calculará con la nueva base 2025 , que sustituye a la anterior (2021) e incorpora la clasificación europea ECOICOP v2. Sin embargo, esta no ha sido la única novedad en la base 2025. A ella se han sumado cambios muy reveladores sobre nuestra manera de consumir.
Los cambios en los hábitos de consumo de los hogares son el motor principal para las actualizaciones periódicas del IPC. Para que este índice sea representativo, es necesario revisar los bienes y servicios que los hogares compran habitualmente.
Sobre esas revisiones se introducen después los cambios en la cesta de la compra que se tiene en cuenta para calcular el IPC cada mes. Se trata de un conjunto de bienes y servicios representativo del gasto de los hogares que se toma como base.
En cada actualización, estos cambios suelen afectar a la composición de la cesta de dos maneras fundamentales: qué productos se incluyen en ella y qué peso o importancia tiene cada uno en el cálculo final.
Los distintos artículos que forman parte de la cesta de la compra se integran en agrupaciones llamadas subclases que, a su vez, forman parte de otros conjuntos más grandes, como clases, subgrupos y grupos de gasto.
Por ejemplo, las almendras irían en la subclase “Frutos secos y frutos de cáscara” que, a su vez, forma parte de “Frutas”, “Alimentos” y “Alimentación y bebidas no alcohólicas”. Mientras que una limpieza dental en una clínica formaría parte de la subclase “Servicios dentales preventivos”, que está dentro de la clase “Servicios dentales ambulatorios”, y así sucesivamente.
Si una subclase pierde relevancia, es redundante o su gasto cae por debajo del 0,03% del total, puede desaparecer de la cesta. Esto funciona también al contrario: si se detecta que ciertos bienes y servicios ganan relevancia en el gasto de las familias, podrían incluirse.
No todos los gastos afectan por igual al bolsillo. Los cambios en el consumo obligan a ajustar la estructura de ponderaciones, que son los porcentajes de importancia que se asignan a cada grupo de gasto basándose en lo que realmente gastan las familias.
Esto significa que no solo importa que algunos artículos se hayan incorporado o hayan desaparecido de las preferencias de los consumidores, sino también cuál es su importancia relativa en su gasto habitual.
Por eso se asignan ponderaciones a cada uno de los 13 grupos que componen actualmente la cesta de la compra. Son las que indican qué cantidad de nuestro gasto destinamos a cada apartado, desde alimentación y bebidas a transporte o cuidado personal.
Para establecer esas ponderaciones se tiene en cuenta la Encuesta de Presupuestos Familiares .
En esta ocasión, la revisión de la cesta de la compra se ha dejado notar especialmente por la introducción de la nueva clasificación europea de productos.
Así, la nueva cesta de la compra que se usa como base para calcular el IPC amplía el alcance de bienes y servicios representados, aunque reduce el número de artículos concretos utilizados como referencia estadística.
En esencia, se han introducido productos nuevos en las agregaciones que no existían en la clasificación anterior del IPC, además de eliminar aquellos que dejaron de tener relevancia.
Esto se observa fácilmente con algunos ejemplos. Entre los productos que se han introducido, se encuentran los aguacates y los arándanos (alimentación), los refrescos de té o la cerveza con limón (bebidas) y las radiografías (servicios médicos).
Entre los que han dejado de estar en la cesta de la compra se encuentran las corbatas o los pañuelos, que cada vez se compran menos.
Reflejando tendencias actuales, se han incluido subclases como servicios de repartidores, enseñanza no reglada o autocaravanas, caravanas y remolques.
En total, la cesta de la compra pasa de tener 955 productos en la base 2021 a 487 en la actual base 2025. El número de grupos ha pasado de 12 a 13 y el de subclases también varía: de 199 a 196.
El aumento a 13 grupos responde, entre otros factores, a la separación explícita de los servicios financieros y de seguros, que antes se integraban en ‘Otros bienes y servicios’.
También se han modificado las ponderaciones, es decir, el peso que tiene en la cesta de la compra cada grupo de gasto.
La siguiente tabla muestra la estructura de ponderaciones de la base 2025 (que estará vigente en el año 2026 y hasta la próxima revisión) en comparación con la anterior. Se aprecian algunos cambios relevantes que comentaremos un poco más adelante.
Comparativa grupos de gasto base 2021 vs base 2025 (%)
| Base 2021 | Año 2022 | Base 2025 | Año 2026 |
|---|---|---|---|
| Alimentos y bebidas no alcohólicas | 22,6 | Alimentos y bebidas no alcohólicas | 17,41 |
| Bebidas alcohólicas y tabaco | 3,1 | Bebidas alcohólicas y tabaco | 3,51 |
| Vestido y calzado | 6 | Vestido y calzado | 3,58 |
| Vivienda | 14,2 | Vivienda | 12,26 |
| Menaje | 5,8 | Muebles y artículos para el hogar | 4,74 |
| Medicina | 4,4 | Sanidad | 5,23 |
| Transporte | 13 | Transporte | 15,47 |
| Comunicaciones | 3,6 | Información y comunicaciones | 3,75 |
| Ocio y cultura | 6,4 | Actividades recreativas, deporte y cultura | 7,48 |
| Enseñanza | 1,6 | Servicios de educación | 1,61 |
| Hoteles, cafés y restaurantes | 13 | Restaurantes y servicios de alojamiento | 17,03 |
| Otros bienes y servicios | 6,3 | Seguros y servicios financieros | 2,27 |
| Cuidado personal, protección social y bienes y servicios diversos | 5,67 |
Fuente: INE
La nueva base 2025 refleja un cierto cambio del gasto hacia experiencias y servicios, frente al de bienes de consumo más tradicionales.
Tanto es así que la inmensa mayoría de las clases y subclases introducidas tienen que ver con servicios, desde los culturales, recreativos y de ocio, a otros de movilidad y transporte, financieros e incluso sanitarios.
Un ejemplo claro lo encontramos en las autocaravanas, que pasan a protagonizar dos subclases: la que recoge el precio de autocaravanas, caravanas y remolques, junto a otra que abarca su alquiler, mantenimiento y reparación específicos. En la base 2021, estos vehículos ni siquiera se incluían en la cesta de la compra.
La eliminación de la subclase “Otros artículos de vestir” también es significativa: es la que comprende complementos que han quedado fuera de la cesta de la compra, como por ejemplo corbatas y pañuelos.
También respalda la evolución en el gasto de las familias el peso que se atribuye a los distintos grupos que componen la cesta de la compra. Es ahí donde se ha registrado uno de los cambios más llamativos en la nueva manera de calcular el IPC: al parecer, hoy gastamos prácticamente lo mismo en nuestras visitas al supermercado que en salir a comer y dormir fuera.
“Alimentación y bebidas no alcohólicas” tiene ahora un peso similar a “Restaurantes y servicios de alojamiento” (alrededor del 17 %), mientras que en el anterior sistema base 2021 los porcentajes eran 22,6% y 13% respectivamente.
La ropa y el calzado también pesan menos en nuestro gasto: han pasado de ocupar el 6 % de nuestra cesta de la compra al 3,58 %.
El IPC permite comprobar la evolución de los precios de consumo y se ha convertido en un indicador clave para nuestra economía. Se toma como referencia para ajustar salarios, alquileres y pensiones o para calibrar la inflación, entre otras cuestiones.
Por eso el IPC debe convertirse en un fiel reflejo de nuestra manera de consumir. Más que una foto fija, este indicador es una entidad que evoluciona a medida que lo hacen nuestros hábitos de consumo.