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Renta per cápita familiar: qué es y cómo se calcula

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Presupuesto, objetivos y planificación son los tres pilares para construir el ahorro en familia
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Organizar las finanzas personales y familiares es un hábito muy saludable. Eso sí, cuando las familias van sumando integrantes, ese hábito se convierte en algo imprescindible.
Las familias de tres, cuatro y más de cinco miembros deben mantener un control efectivo sobre su economía y eso pasa, entre otras cuestiones, por cubrir gastos, reservar dinero para imprevistos y ahorrar para el futuro.
Para organizar bien las finanzas familiares es imprescindible establecer un presupuesto, definir objetivos y fijar un plan de ahorro sostenible que permita cumplir con ellos.
Si hay una herramienta que permite analizar las finanzas familiares, ese es el presupuesto. Este documento no solo es la base sobre la que se construye un plan de ahorro, sino también una herramienta diagnóstica de la economía familiar.
El presupuesto permite identificar con precisión todos los ingresos y gastos de la familia, categorizarlos, establecer objetivos claros y tomar decisiones informadas. Es fundamental para planificar el ahorro.
Además, no es estático: debe revisarse periódicamente para adaptarlo a los cambios en la situación familiar, desde la llegada de un nuevo hijo a una mudanza.
Si un presupuesto es básico para cualquier familia que quiera organizar correctamente sus finanzas, en el caso de las familias numerosas o con más de cinco miembros es imprescindible.
Para hacer el presupuesto, hay que seguir estos pasos:
Una vez que se conoce con detalle la situación financiera familiar, toca definir objetivos.
Como hemos visto, el propósito de un presupuesto detallado debe ir más allá de saber en qué se va el dinero. Hay que utilizar esa información para fijar objetivos vitales y financieros a los que dirigir el ahorro: comprar una vivienda más grande, cambiar el vehículo, aumentar la familia, etc.
El primer objetivo de ahorro que debe fijar una familia es la creación de un fondo de emergencia. Idealmente, ese fondo debería cubrir como mínimo entre tres y seis meses de los gastos imprescindibles identificados gracias al presupuesto.
A partir de ahí, toca fijar y priorizar otros objetivos de ahorro a corto, medio y largo plazo. Estos objetivos pueden ser muy variados y tanto su cuantía como su horizonte temporal dependerán de cada familia: del número de sus integrantes, de sus edades, necesidades vitales, situación laboral, etc.
No es lo mismo pagar las actividades extraescolares de los niños este curso que costear sus futuros estudios universitarios. Tampoco lo es afrontar el cuidado inmediato de un mayor dependiente en una residencia que planificarlo a largo plazo en un domicilio.
Una vez diagnosticadas las finanzas familiares y definidos los objetivos, es el momento de volver al presupuesto y establecer el plan de ahorro para alcanzarlos. Para ello, es necesario tener en cuenta los ingresos, gastos, deudas y metas establecidas.
Esta información es la que proporcionará una perspectiva realista sobre los objetivos que se ha marcado la familia permitiendo, en su caso, ajustar plazos y cantidades.
También permitirá establecer qué partidas de gasto se pueden ajustar u optimizar para alcanzar dichos objetivos o incluso si resulta necesario generar más ingresos.
El plan de ahorro se reflejará en el presupuesto: hay que indicar qué cantidad total hay que ahorrar cada mes y cuánto dinero se destinará a cada uno de los objetivos que se hayan fijado, en función de su prioridad y horizonte temporal.
Una vez hecho el plan de ahorro familiar, toca cumplirlo. ¿Cómo se consigue esto? Hay algunos consejos prácticos que ayudan a no perder el foco y mantener el hábito del ahorro a lo largo del tiempo.