Educación financiera
Diverflación: el espíritu del carpe diem se afianza en nuestro consumo

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Hay bienes con un comportamiento curioso y que desafían la ley de la demanda
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Si el precio de un bien sube, su consumo desciende y viceversa. Lógico, ¿verdad? Así lo indica la ley de la demanda, un principio económico básico que establece una relación inversa entre la demanda de un producto o servicio y su precio.
¿Esto siempre funciona así? En realidad, no. Hay ciertos tipos de bienes que desafían esta lógica: su demanda aumenta cuanto más sube su precio.
Se conocen como bienes giffen y veblen. Son curiosidades económicas que se comportan de manera parecida, aunque sean muy distintas entre sí.
No todos los productos y servicios que podemos comprar son iguales. Por eso, en economía se establecen distintas clasificaciones para ellos.
Una de ellas tiene que ver con la renta de los consumidores y la demanda. En esta clasificación nos encontramos con los llamados bienes normales.
Dentro de los bienes normales están aquellos cuya demanda aumenta a medida que lo hace nuestro poder adquisitivo. Por ejemplo, si nuestros ingresos suben, podemos salir a comer fuera más a menudo o invertir más en ocio.
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Los bienes normales se dividen a su vez en otros subtipos: los bienes de lujo, los bienes de primera necesidad y los bienes inferiores.
La mayoría de estos bienes normales responde a la ley de la demanda, aunque lo hagan con más o menos elasticidad. Es decir, cuanto más sube su precio, tendemos a consumir menos cantidad de ellos o lo hacemos de manera menos frecuente.
La evolución de nuestra renta disponible puede acelerar o frenar esta tendencia, pero no la anula.
Por ejemplo, si nuestros ingresos disminuyen, es posible que demandemos más alimentos baratos. Eso sí, si el precio de ese producto aumenta y nuestra renta sigue igual, tenderemos a consumirlos menos y elegir en su lugar otros productos que puedan estar más baratos.
Sin embargo, dentro de estos bienes normales hay algunas excepciones que rompen con la ley básica de la demanda. Hay productos donde ocurre justo lo contrario. En los bienes giffen y los bienes veblen, un incremento de los precios nos conduce a consumirlos más. ¿Por qué ocurre esto?
Situémonos por un momento en un escenario de elevada inflación. Los precios de los bienes de primera necesidad están por las nubes, pero nuestro presupuesto para hacer la compra no ha aumentado.
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Tenemos que alimentarnos igualmente, así que compramos más productos básicos que antes, pese a que su precio también ha subido. Cada vez se nos va más la mano a la pasta, el arroz o los productos de marca blanca, mientras que paramos menos en la pescadería o la carnicería.
Así, nuestro carrito de la compra ha sido colonizado por productos de primera necesidad y bienes inferiores que se han convertido en giffen, es decir, aquellos cuya demanda crece con la inflación. Cuanto más suben los precios, más se consumen. Esto ocurre porque desplazan a otros que ya no nos podemos permitir como antes.
Este comportamiento lo describió el economista británico Robert Giffen en el siglo XVIII, de ahí su nombre. Fue él quien sugirió que hay ciertos bienes inferiores sobre los cuales la renta tiene una influencia tan fuerte, que la ley de la demanda no funciona.
También a finales del siglo XVIII apareció un libro, La teoría de la clase ociosa. En él, el economista estadounidense Thorstein Veblen describía la vida de una clase social elevada que utilizaba su consumo para hacer ostentación de su riqueza.
Así, en el lado opuesto al de los bienes giffen nos encontramos los bienes veblen. En este caso hablamos de productos y servicios de lujo cuyo encarecimiento hace que se demanden aún más para mostrar estatus.
Los bienes veblen están íntimamente relacionados con el consumo conspicuo, que es el que realizamos para despertar la admiración de los demás.
Consumo

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En este caso nos referimos a objetos como obras de arte, joyas, coches exclusivos o relojes de alta gama.
En la mayor parte de los casos, los bienes veblen se corresponden con lo que los economistas conocen como “bienes posicionales”, que son los que se valoran en función de su atractivo y de quién los posee. En este caso, la exclusividad es uno de los factores que más influyen en la demanda de un bien.
Seguro que la próxima vez que veas pasar un coche superdeportivo o te encuentres en el pasillo de la pasta del supermercado sabrás que son bienes con un comportamiento curioso.