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Los autónomos deben revisar bien gastos, amortizaciones y reducciones al presentar su declaración de la renta anual
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La declaración de la renta es un trámite anual que cobra especial importancia en el caso de los autónomos. Es entonces cuando estos trabajadores declaran en detalle los rendimientos obtenidos, aplican reducciones a su base imponible e incluyen las amortizaciones correspondientes al ejercicio.
La declaración de la renta puede tener un impacto importante en la rentabilidad de la actividad de un autónomo, por eso es tan importante saber cómo hacerla bien.
Aunque los autónomos rinden cuentas con Hacienda varias veces al año, están obligados a presentar la declaración de la renta cada año, sin importar los ingresos obtenidos durante el ejercicio.
Esto se debe, entre otras razones, a que la declaración de la renta es la herramienta que utiliza la Seguridad Social para regularizar sus bases de cotización en el nuevo sistema por ingresos reales.
Ahora que ya sabemos que es un trámite que no se puede obviar, veamos cómo hacerla y qué conceptos no debemos olvidar.
Ya sabemos que confirmar a ciegas el borrador de la renta no es lo más conveniente para presentar la declaración. En el caso de los autónomos, hacerlo puede suponer, además, un grave error en la inmensa mayoría de los casos.
Aunque siempre conviene comprobar la información que tiene la AEAT sobre nuestros ingresos y gastos (y que refleja en el borrador), esto es algo con lo que los autónomos deben tener especial cuidado por dos razones principales:
La declaración de la renta de un autónomo no difiere tanto de la de un trabajador por cuenta ajena.
En ambos casos, es necesario revisar cuidadosamente los datos de su situación personal y familiar para reflejar cualquier cambio producido durante el ejercicio y declarar correctamente sus distintas rentas e ingresos (inmobiliarias, ganancias y pérdidas patrimoniales, rendimientos del trabajo en su caso…), aplicar deducciones estatales y autonómicas personales, consignar gastos deducibles, etc.
La diferencia fundamental entre un contribuyente que tribute exclusivamente por rendimientos del trabajo y un autónomo es que este deberá declarar sus ingresos y gastos por actividades económicas.
Así, el autónomo deberá consignar en su declaración una serie de datos individualizados por cada una de aquellas actividades económicas en las que esté dado de alta:
Los autónomos también tienen la posibilidad de compensar saldos negativos por actividades económicas procedentes de ejercicios anteriores.
Esta compensación puede realizarse, entre otros, con rendimientos del trabajo, rendimientos del capital inmobiliario, como los procedentes de rentas de alquiler de inmuebles, o con beneficios obtenidos por la propia actividad económica. No es posible, en cambio, compensar estas pérdidas con rentas integradas en la base del ahorro, como los intereses de productos bancarios o ganancias por venta de acciones.
Esto es algo que deberá incluir el autónomo en su declaración de la renta, ya que la AEAT solo lo hará automáticamente el primer año.
Estas pérdidas pueden compensarse durante los cuatro ejercicios siguientes a aquel en el que se generaron. Transcurrido ese plazo sin haber sido aplicadas, se pierde el derecho a su compensación.
Una correcta declaración de la renta va mucho más allá de evitar sanciones. Aplicar las reducciones previstas en la normativa, compensar correctamente las pérdidas y deducir los gastos fiscalmente admitidos tienen un impacto directo en la carga tributaria del autónomo y en última instancia, en la salud económica del negocio, por eso los autónomos deben prestar la atención que merece este trámite anual con el que deben cumplir.