FISCALIDAD
Bizum y Hacienda en 2026: cuándo hay que declararlos y cuándo no

Artículo
Cómo dar el paso hacia una relación más saludable con las finanzas personales apostando por una mentalidad de crecimiento
Tiempo de lectura | 3 min.

Cada vez que repites: “Soy de los que nunca consiguen ahorrar”, “No sé por qué, pero siempre me quedo sin dinero”, o “Las finanzas no son lo mío”, estás contándote a ti mismo una historia que limita tus posibilidades.
Además, esa visión no solo condiciona tu forma de actuar, también lo que crees que eres capaz de cambiar.
Frente a eso, el growth mindset —mentalidad de crecimiento— es una herramienta poderosa que, entre otras cosas, puede ayudarte a cambiar tu narrativa interna sobre el dinero, las finanzas personales y el hecho de ahorrar.
El término growth mindset fue popularizado por la psicóloga Carol S. Dweck . Según ella, existen dos posturas básicas respecto a nuestras capacidades: la mentalidad fija (fixed mindset), que entiende que “lo que soy” es inmutable; y la mentalidad de crecimiento (growth mindset), que sostiene que podemos desarrollar nuestras habilidades con esfuerzo, aprendizaje y práctica.
Cuando aplicamos esta idea al dinero, la mentalidad fija se traduce en frases negativas y definitivas como las que hemos descrito al principio.
En cambio, la mentalidad de crecimiento propone: “puedo aprender a gestionar mejor mis finanzas personales”, “puedo mejorar mi capacidad de ahorrar”, “puedo aumentar mis conocimientos sobre el dinero con el tiempo”.
En España, más de una de cada cuatro personas admite no tener suficientes conocimientos financieros como para gestionar sus finanzas personales, según una reciente encuesta de Funcas. Una de las consecuencias de esto es que muchos jóvenes se enfrentan a la economía y al ahorro sin herramientas adecuadas.
No obstante, esto no es una condición inmutable, sino una historia que se puede reescribir, adoptando una mentalidad de crecimiento. De hecho, la investigación en psicología financiera señala que nuestra forma de pensar sobre el dinero influye en nuestras decisiones, más allá del presupuesto que llevemos o de los ingresos que tengamos.
Aunque el growth mindset tampoco garantiza que todo vaya perfectamente, permite pasar del “no puedo” al “puedo aprender”.
¿Cómo se traduce esta mentalidad en acciones concretas que te ayuden con el dinero, el ahorro y las finanzas personales? Una buena manera de empezar consiste en aplicarte los siguientes consejos.
En lugar de aceptar que “no sabes ahorrar”, trata de pensar: “todavía estoy desarrollando hábitos de ahorro”. Esa simple reformulación abre puertas: te permite experimentar, equivocarte, ajustar y volver a intentarlo.
Algunos estudios muestran que tener una mentalidad de crecimiento está asociado con mayor motivación, persistencia y empeño frente a los desafíos. Además, creer que puedes mejorar tus capacidades te lleva a tomar decisiones más activas, como informarte, establecer metas y adaptar las estrategias de ahorro.
No hace falta empezar con cantidades enormes, lo importante es que el acto de ahorrar se convierta en una señal de que estás construyendo una habilidad.
Si logras apartar un pequeño porcentaje de tus ingresos, eso ya es suficiente para empezar un proceso virtuoso. De hecho, ese pequeño ahorro también permite observar patrones: ¿en qué gasto caigo siempre?, ¿dónde puedo ajustar? Esa reflexión es propia del growth mindset, donde el error o el tropiezo no es el fin, sino una pista para mejorar.
Vincula el ahorro a tu propósito y tu historia personal. Si crees que “se te da mal el dinero”, es probable que renuncies antes de empezar.
En cambio, si entiendes que mejorar tus finanzas es parte de “quién quiero ser” (por ejemplo, una persona libre de deudas, con espacio para disfrutar, capaz de afrontar imprevistos), el ahorro deja de ser obligación y se convierte en motor.
Así, el “quiero ahorrar dinero” se transforma en “soy alguien que gestiona bien su dinero porque he aprendido a hacerlo”. Cuando se integra esta visión, los hábitos tienen más sentido y son más resistentes.
Muchos jóvenes en España ya sienten esta presión: la riqueza bruta de los hogares con cabezas menores de 35 años ha caído un 75 % desde 2002 y apenas una de cada tres familias en ese grupo de edad posee una vivienda, frente al 70 % de 2011.
Esta brecha patrimonial, impulsada por el difícil acceso a la vivienda, alimenta la sensación de que “no llego” o “no tengo la capacidad”.
En ese contexto, tener una mentalidad de crecimiento o growth mindset significa aceptar la situación como un reto. Por supuesto, esto no significa ingenuidad. No basta con creer: hace falta acción, disciplina y aprendizaje sistemático. Pero al cambiar la creencia básica (“no se me da bien”) por una creencia vestida de aprendizaje y posibilidad, se abre una nueva puerta.
Lo cierto es que para jóvenes que se plantean ahorrar, mejorar sus finanzas personales e inculcar hábitos duraderos, adoptar el growth mindset es una de las mejores inversiones posibles, ya que supone invertir en la forma de pensar y en el propio desarrollo personal.
Al fin y al cabo, tenemos mucho más control sobre nuestra propia evolución que sobre los factores externos. Cuando cambias tu manera de relacionarte con el dinero, el ahorro deja de ser un acto forzado y se convierte en una expresión de quién eres y hacia dónde quieres ir.