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La máquina de vapor, el invento que se convirtió en el motor de la economía mundial

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¿Cuál fue el origen del e-book? ¿Quién diseñó los primeros trajes para que los astronautas pudieran viajar al espacio? ¿Cómo funciona un electrocompositor?
En este artículo conocerás a las mentes brillantes que se encuentran detrás de estas creaciones que adelantaron el futuro y descubrirás cómo funcionan.
¿Sabías que detrás de todos esos inventos hubo inventores españoles?
Si nos preguntan por grandes inventos españoles que cambiaron el mundo, los que suelen venir a la cabeza son el primer submarino, la fregona, el teleférico o el autogiro, precursor del helicóptero.
Si hilamos muy fino, incluso podemos acordarnos de la jeringuilla desechable, de la calculadora capaz de multiplicar o incluso de la máquina de vapor de Jerónimo de Ayanz.
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Detrás de todos ellos estuvo el ingenio y el tesón de grandes inventores españoles que buscaron soluciones para problemas universales que aún no las tenían.
Junto a grandes nombres como Juan de la Cierva, Leonardo Torres Quevedo o Isaac Peral surgen otros como Ángela Ruiz Robles, Emilio Herrera Linares o Juan García Castillejo.
Los tres han ganado fama porque tienen algo en común: diseñaron inventos que se adelantaron al futuro y sirvieron de inspiración para cambiar nuestra manera de leer o bailar e incluso para llevar al hombre a la Luna.
#TalDíaComoHoy hace 50 años fallecía Ángela Ruiz Robles, maestra leonesa que diseñó la Enciclopedia Mecánica, un dispositivo con bobinas, luz y escritura interactiva.
— Foro Histórico de las Telecomunicaciones (@ForoHistorico) October 27, 2025
Mucho antes del eBook, ella lo imaginó. ������
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Corría el año 1948 y la profesora Ángela Ruiz Robles , viuda y con tres hijas, tenía una idea en la cabeza.
Ruiz Robles daba clases en una escuela gallega. Cada día veía cómo sus alumnos cargaban pesados libros en sus mochilas de casa al colegio y viceversa. También era consciente de que no en todos los hogares había luz.
No pasaba por alto que algunos alumnos tenían problemas de visión, por lo que la necesidad de iluminación adicional se convertía en algo crítico para su aprendizaje.
Esta maestra tampoco olvidaba la situación económica de muchas familias en plena posguerra, que complicaba en acceso a material didáctico a profesores y familias.
Ruiz Robles quiso aportar una solución a estas dificultades que identificaba. Había llegado el momento de inventar algo para ayudar a sus alumnos. ¿Y si creara un soporte con bobinas que incorporase luz y altavoces para mostrar de manera dinámica los contenidos?
Fue así como la maestra de escuela Ángela Ruiz Robles inventó la enciclopedia mecánica . La patentó en 1949 y su apariencia era la de un libro al uso.
En la parte izquierda se situaban abecedarios automáticos que permitían escribir. La parte derecha alojaba las bobinas, que podían extraerse e introducir otras con otros contenidos, por lo que el mismo soporte servía para distintas asignaturas y libros.
La enciclopedia mecánica contaba con un maletín para facilitar su transporte. Esto aligeraba el peso de las mochilas de los estudiantes, que solían amontonar varios tomos en su camino a la escuela.
Para hacer la lectura más fácil, contaba con luces, tintas que brillaban en las oscuridad y lupas, con lo que se hacía más accesible la educación a hogares sin luz o personas con discapacidades visuales.
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En 1962 obtuvo una segunda patente para una versión mejorada de su enciclopedia mecánica, que incorporaba altavoces para añadir sonido.
Años más tarde valoró la comercialización de este invento, pero se descartó por su alto coste de fabricación. No obstante, las aportaciones de la enciclopedia mecánica, con su ambición por facilitar el acceso a la lectura a través de la tecnología, podrían considerarse un precursor del e-book o de la tablet.
Si te despierta curiosidad este ambicioso invento, puedes verlo en el MUNCYT de A Coruña , donde se expone.
El gran Emilio Herrera (1879-1967) es el protagonista de #MdTEmilioHerrera. Militar e ingeniero aeronáutico, monárquico y católico, fue Presidente de la República en el exilio. Es el creador de la escafandra estratonáutica y precursor de los trajes espaciales de la @NASA_es. pic.twitter.com/pOBIf6NT3C
— Juanfra Colomina (@Juanfra_87) June 9, 2020
En 1865, Julio Verne publicaba De la Tierra a la Luna, que hizo soñar a decenas de generaciones de lectores. Entre ellos, un joven granadino llamado Emilio Herrera Linares , que dirigió su carrera como ingeniero militar hacia los cielos.
Apasionado de la aeronáutica, este ingeniero y oficial del ejército lideró la Sección de Globos Aerostáticos, asistió a exhibiciones de los hermanos Wright, participó con De la Cierva en la creación del autogiro y fue el primer hombre en sobrevolar el estrecho de Gibraltar en 1914.
Estas experiencias le revelaron una necesidad en la conquista de los cielos: una prenda que protegiera a aquellos que alcanzaban la estratosfera. En 1933 se pone manos a la obra buscando un traje que aislara del frío y de la presión mientras que facilitaba oxígeno, visión y movilidad al piloto. Lo que diseñó fue la escafandra estratonáutica , precursora del traje espacial.
Para ello, Herrera Linares diseñó en los años treinta del pasado siglo un traje con tres capas, forradas con plata para evitar el recalentamiento. En una de ellas, utilizó lana como aislante; otra capa era una funda hermética de caucho con articulaciones a modo de acordeón para permitir la movilidad; y la tercera capa se elaboró con una tela reforzada con cables de acero.
El casco, de acero y recubierto de aluminio, contaba con una bombona de oxígeno puro, un micrófono y un visor con tres capas antivaho y antirradiación. Además, el invento incorporaba un sistema de calefacción.
El inicio de la Guerra Civil impidió que se llegara a probar el traje con éxito, lo que dejó la escafandra estratonáutica como un prototipo. Herrera se exilió y siguió colaborando con instituciones científicas como la Unesco.
La NASA, ya enfocada en su carrera espacial y la conquista del espacio, se inspiró en el diseño de la escafandra de Herrera para crear el traje de astronauta que usaron los tripulantes de la misión Apolo XI en su paseo lunar.
Al final, Herrera ayudó a hacer realidad la novela de su admirado Verne: el suyo acabó por ser uno de los inventos españoles que cambiaron el mundo.
Descubriendo a Sacerdote J.G.Castillejo precursor d música electrónica con su Electrocompositor Musical.Expo N. Tesla pic.twitter.com/L8LgUiyiE5
— Isabel Fernández Bravo (@krumper) January 18, 2015
El sacerdote Juan García Castillejo tenía dos pasiones: atender las almas de sus parroquianos en dos pequeñas aldeas turolenses y la tecnología.
Uno de sus inventos se adelantó muchos años a la música electrónica que hoy llena recintos.
Se trataba del primer electrocompositor, ingenio que, a día de hoy, todavía nos sorprende. En 1933 patenta su invento y en 1944 publica el libro La telegrafía rápida, el triteclado y la música eléctrica, que a da a conocer sus aplicaciones.
Su obra describe brevemente el funcionamiento del electrocompositor . Gracias a la tecnología telegráfica y electromecánica, se activaban 12 altavoces que emitían sonidos de manera aleatoria, generados por unos mecanismos movidos por motores.
El movimiento se establecía respondiendo a la lectura de la cinta telegráfica. No deja de ser curiosa la naturaleza no orgánica del sonido y su aleatoriedad, conceptos muy adelantados a su época.
El electrocompositor no tuvo demasiada acogida. El prototipo elaborado por García Castillejo acabó en el chatarrero.
Sin embargo, el músico Llorenç Barber dio con el libro de García en un mercadillo de Madrid. Desde entonces, se ha profundizado en la obra de García y en las aportaciones de su electrocompositor.
Por miedo a que copiaran sus inventos, García Castillejo omitió algunos detalles en su libro, por lo que en la actualidad no podemos conseguir una réplica de su electrocompositor.