La palabra bancarrota nació de un castigo real en la Italia medieval. Esta es su sorprendente historia
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La palabra “bancarrota” no es precisamente una de las más agradables de escuchar en el glosario de las finanzas: de hecho, cuando la encontramos incrustada en el titular de algún diario implica malas noticias e incluso puede dar lugar a un indeseable efecto dominó.
Sin embargo, su origen etimológico es tan literal como fascinante, y merece la pena conocerlo: para ello tenemos que viajar a una época increíble, a caballo entre las postrimerías de la Edad Media y los albores de la Edad Moderna. Más concretamente, viajaremos al corazón financiero del mundo.
Estamos en el siglo XV. La Edad Media está comenzando a desaparecer y se atisban cambios que van a revolucionar Occidente.
Pronto nacerá la imprenta, que democratizará el conocimiento y a su vez impulsará un renacer de la cultura; también caerá Constantinopla, algo que obligará a buscar nuevas rutas comerciales (y traerá, casi por azar, el descubrimiento de América). En el siglo XV, una de aquellas grandes rutas marítimas estaba en el Mediterráneo.
Donde se comerciaba estaba el dinero. Por eso, gran parte de los lugares que más crecieron económica y demográficamente tenían puerto. Entre los principales núcleos financieros de la época se encontraban ciudades italianas como Florencia, Venecia o Génova.
Aunque se encuentran antecedentes en civilizaciones antiguas, fue en las mencionadas ciudades italianas donde se creó la banca en el sentido moderno del término. Allí surgieron los grandes banqueros.
En Florencia había familias muy famosas dedicadas a la banca, pero quizá los más importantes fueron los Medici, que dominaron el mundo financiero del siglo XV y se convertirían en grandes mecenas del arte.
Cuando hablamos de banca o de banco puede venirnos a la cabeza el utensilio que usamos para sentarnos. Esto tiene todo el sentido: debemos pensar no en entidades financieras como las que conocemos actualmente, sino en aquellos primeros hombres de negocios.
Se trataba de prestamistas o cambistas, gente que prestaba dinero o realizaba distintas transacciones económicas en lugares en los que este dinero se movía, como plazas, mercados, ferias…
Ponían un mostrador y se sentaban en un banco. Así que sí: la palabra “banco”, como establecimiento en el que tienen lugar transacciones económicas, procede directamente de banco como asiento.
Es fascinante imaginar aquella efervescencia económica, social, cultural… en tiempos en los que no existían los avances tecnológicos que conocemos. Sin embargo, la mala praxis se castigaba. Eso sí, se hacía de una forma bien distinta a la que podemos intuir hoy.
Imaginemos a uno de aquellos prestamistas: llegaba a una feria internacional y plantaba allí su banquito. Cambiaba moneda, prestaba, guardaba dinero.
En paralelo, tenemos que pensar que estamos en una época en la que la mayoría de las personas no tenían la menor idea de economía. Además, la regulación exhaustiva que hoy existe en torno al sistema bancario no existía.
Por tanto, aquellos cambistas o banqueros primigenios podían intentar aprovecharse de sus clientes o, simplemente, perder liquidez por no saber gestionar bien el dinero que movían.
Si esto ocurría, las autoridades le obligaban a romper el banco y la mesa en los que trabajaba: era la manera de dejar constancia pública de que aquel prestamista no era de fiar, sobre todo si se descubría que había actuado de mala fe. Y, en efecto, acabar con su reputación era su muerte social y laboral.
De aquel acto de romper los muebles en los que trabajaban aquellos protobanqueros viene el término “banca rupta” , que se ha transmitido literalmente no solo al castellano (bancarrota), sino también a otros idiomas: en alemán es Bankrott; en inglés, bankruptcy.
Su significado se ha conservado hasta nuestros días: la bancarrota es la quiebra o la ruina económica de una empresa, la incapacidad para atender los pagos a los que dicha compañía se ha comprometido por un grave desequilibrio financiero.
Romper el banco del prestamista insolvente ha quedado para los anales de la historia por haber dado origen al término, pero hubo otros castigos: desde ser desterrado hasta la pena de muerte, contemplada en la Yassa de Gengis Khan para quien quebrara tres veces.
Otros castigos menos dolorosos, pero sonrojantes al máximo, consistían en sentarse en una piedra, en plena plaza pública, con el trasero al aire. Cuesta verlo con los ojos del siglo XXI, pero así se las gastaban, primero en Florencia , Venecia o Génova y más tarde en otras ciudades europeas: era su manera de preservar la integridad económica frente a comerciantes estafadores o deshonestos.
Bien, hay un cierto consenso sobre que la banca moderna nació en la Italia de finales de la Edad Media. Pero el origen de la banca pública está en Cataluña y se llama Taula de Canvi (mesa de cambio).
Las Taulas de Canvi pertenecían al antiguo Reino de Aragón, se remontan a los inicios del siglo XV y en ellas se cambiaban monedas y divisas. De hecho, la Taula de Canvi de Barcelona se considera el primer banco público de Europa .
Eran instituciones que complementaban a la banca privada, y surgieron como respuesta a las necesidades que generó el incremento del comercio entre los distintos puertos, tanto mediterráneos como atlánticos.


