Convierte tu primera nómina en un presupuesto sencillo para cubrir gastos, ahorrar cada mes y afrontar imprevistos
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Para ahorrar con la primera nómina es recomendable elaborar el presupuesto sobre el salario neto, identificar los gastos fijos y variables, automatizar una cantidad de ahorro y crear un fondo de emergencia. La regla 50/30/20 puede servir como referencia, pero debe adaptarse a cada situación personal.
Si ya has estrenado tu primer trabajo, debes saber que acabas de acceder a una nueva etapa en la que el dinero entra de manera previsible y continuada. Esto te permite planificar cómo utilizarlo en el futuro. Para ello es esencial guardar algo de lo ganado, pero ¿es posible ahorrar con tu primer empleo?
No es fácil hacerlo, pero sí es importante que crees el hábito. Algunos consejos para ahorrar que encontrarás a continuación te podrán ayudar a conseguir tus objetivos.
En España, los jóvenes son quienes perciben los salarios más bajos: en 2024 los menores de 25 años cobraron de media 1.372,8 euros brutos mensuales, frente a los 2.385,6 euros del conjunto de los asalariados, según los últimos datos del INE disponibles.
Esta es una de las razones por las que el primer trabajo es un buen momento para crear una forma de gestionar el dinero que pueda mantenerse también cuando aumenten los ingresos.
Ahorrar no depende únicamente de cuánto se cobra, sino también de adquirir algunas rutinas que permitan saber cuánto dinero entra, cuánto está ya comprometido y cuánto puede reservarse para objetivos futuros.
Recibir un salario allana el camino hacia la planificación financiera, pero con él también pueden llegar algunos gastos nuevos asociados.
Piensa, por ejemplo, en el transporte diario, en las comidas fuera de casa, en un alquiler o, en su caso, en la aportación a los gastos familiares que deberás afrontar. Estos gastos reducen rápidamente el margen disponible, de ahí la necesidad de hacer un buen seguimiento de la relación entre gastos e ingresos.
La construcción de un pequeño plan financiero personal no tiene por qué ser compleja. Basta con seguir algunos pasos para convertir la primera nómina en un presupuesto sencillo y fácil de revisar.
El presupuesto siempre debe hacerse sobre el salario neto que llega a la cuenta bancaria, no sobre la cifra bruta que aparece en el contrato. Esa es la cantidad con la que habrá que afrontar todos los gastos del mes.
Alquiler, transporte, teléfono, suministros o suscripciones forman parte de los gastos fijos. Después conviene estimar los gastos variables, como alimentación u ocio, y reservar una cantidad mensual para gastos ocasionales, como regalos, reparaciones o compras relacionadas con el trabajo. Así podrás calcular el margen real de ahorro y evitar que el dinero desaparezca sin saber en qué.
No es necesario empezar con una cantidad elevada. Si el presupuesto está ajustado, puede fijarse un porcentaje inicial del 5 % o una cantidad pequeña y aumentarla cuando mejoren los ingresos.
Automatizar el ahorro mediante una transferencia el día que llega la nómina ayuda a mantener el hábito y evita depender de lo que sobre a final de mes.
Recuerda que no existe una cantidad universal para ahorrar con la primera nómina, ya que cada situación financiera es diferente. Si el presupuesto es ajustado, reservar entre un 5 % y un 10 % puede ser suficiente para crear el hábito. Cuando aumenten los ingresos o disminuyan algunos gastos, será posible elevar progresivamente ese porcentaje.
Separar el dinero destinado a gastos esenciales, ocio y ahorro ayuda a controlar mejor el presupuesto. Muchas aplicaciones bancarias permiten clasificar automáticamente los movimientos y comprobar si una categoría está creciendo más de lo previsto.
Con la primera nómina rara vez se refleja el gasto habitual. Los primeros meses suelen incluir compras relacionadas con el nuevo trabajo o cambios en la rutina diaria. Esperar un tiempo antes de ajustar el presupuesto permite tomar decisiones con cifras más realistas.
No hace falta reinventar la rueda para empezar a ahorrar con el primer trabajo. Entre los consejos más útiles para hacerlo se encuentra seguir algún método de ahorro.
Uno de los más conocidos para organizar un presupuesto destaca la regla 50/30/20 . No es una fórmula obligatoria, pero puede ser una referencia útil y sencilla para repartir el dinero.
La propuesta consiste en destinar aproximadamente un 50 % de los ingresos netos a necesidades básicas, como vivienda, alimentación, transporte o suministros; un 30 % a gastos personales y ocio; y el 20 % restante, al ahorro o a la creación de un fondo para imprevistos, cuya cuantía dependerá de los gastos y circunstancias de cada persona.
Un ejemplo ayuda a entender cómo funciona. Imaginemos una persona que acaba de incorporarse al mercado laboral y cobra 1.300 euros netos al mes. Aplicando esta regla, el reparto sería el siguiente:
Esto significa que, incluso con un salario relativamente modesto, es posible destinar una parte del dinero al ahorro si los gastos esenciales se mantienen bajo control. El porcentaje exacto puede variar, pero el objetivo es reservar una cantidad de forma constante.
Ahora bien, todos sabemos que, en la práctica, esa distribución no siempre es posible. Quien comparte vivienda o sigue viviendo con su familia quizá pueda reservar una parte mayor para ahorrar.
En cambio, si el alquiler consume buena parte del sueldo, el peso de los gastos esenciales superará fácilmente el 50 % del presupuesto y habrá que reducir otras partidas.
Por eso conviene entender esta regla como un punto de partida y no como un objetivo rígido. Lo realmente útil es comprobar qué porcentaje del sueldo absorbe cada tipo de gasto y detectar dónde existe margen para introducir pequeños cambios.
Recibir un salario por primera vez suele generar una sensación de mayor libertad financiera. Sin embargo, también es un momento en el que resulta fácil tomar decisiones que dificultan el ahorro desde el principio.
Identificar algunos errores habituales puede ayudarte a organizar mejor tu presupuesto y aprovechar al máximo cada nómina.
Uno de los errores más frecuentes consiste en empezar a gastar sin haber calculado cuánto dinero será necesario para cubrir los gastos del mes. Antes de realizar compras o asumir nuevos compromisos, conviene identificar los gastos fijos y estimar los variables para conocer el margen real disponible.
Muchas personas esperan a final de mes para guardar una parte del dinero. El problema es que, si no existe una cantidad reservada desde el principio, es fácil que los gastos terminen ocupando todo el presupuesto.
Por eso suele ser más eficaz la técnica del preahorro, aunque sea con una cantidad modesta.
Estrenar ingresos no significa que sea necesario aumentar inmediatamente el nivel de gasto. Contratar varias suscripciones, financiar compras o asumir compromisos mensuales elevados puede reducir la capacidad de ahorro durante mucho tiempo.
Antes de incorporar un nuevo gasto fijo, conviene valorar si seguirá siendo asumible en caso de que cambien las circunstancias laborales.
Cada situación financiera es diferente. Mientras algunas personas comparten vivienda o viven con su familia, otras deben afrontar más gastos desde el primer momento.
Comparar el porcentaje de ahorro propio con el de otras personas puede generar expectativas poco realistas. Lo importante es construir hábitos sostenibles y mejorar progresivamente la capacidad de ahorro.


