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Su peso, su ciudad de origen o sus materiales han condicionado el nombre de algunas de las monedas más famosas del mundo
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Las etimologías son siempre sorprendentes y las divisas no escapan a esta disciplina. Si alguna vez te has preguntado por qué las monedas se llaman como se llaman, este artículo pretende saciar tu curiosidad. Te descubrimos el origen de los nombres de algunas de las monedas más famosas del mundo.

En el Sacro Imperio Romano, la ciudad de Joachimsthal vio crecer su prosperidad a principios del siglo XVI. Los Austrias, interesados en la minería, impulsaron los yacimientos de plata de este enclave, que ahora pertenece a la República Checa.
En 1519, se acuña una moneda de plata de unos 25 gramos, que recibió un nombre que hacía referencia a su ciudad de origen, el Joachimsthaler , que con el tiempo se simplificó y se quedó en Thaler.
La moneda alcanzó gran popularidad y entró en contacto con el Imperio español (probablemente en Flandes), donde se modificó su denominación original para que se facilitara su pronunciación y pasó a llamarse dólar.
A partir de ese momento, cualquier moneda con aproximadamente 25 gramos de plata empezó a recibir ese sobrenombre, por ejemplo, en América, en 1610, ya se acuñaban monedas de 8 reales que se llamaban dólares españoles.
La escasez de moneda en las colonias británicas en América hizo que estas divisas fueran bien recibidas y su uso se normalizó en lo que más adelante sería Estados Unidos (EE. UU.). En 1776, con la firma de la independencia, EE. UU. adopta el dólar como moneda oficial.

El peso es la divisa de países como Argentina, Chile, Colombia, México o Filipinas y su origen no es otro que la moneda de 8 reales, precisamente aquella que se llamaba dólar español. Por sus características esta recibía muchos otros nombres, como duro o peso.
Esta moneda de 8 reales comenzó a acuñarse en el siglo XIV, pero estableció su valor definitivamente en 1497. Con el descubrimiento de América, empezó a amonedarse allá donde la Corona española tuviera presencia, de Panamá a Santiago de Chile e, incluso, Filipinas.
Sorprendentemente, el real de a 8 era la única moneda extranjera que aceptaba China en sus transacciones comerciales. Para asegurar su veracidad, se llegaron a imprimir caracteres chinos sobre ella.
Herederas de este real son algunas otras divisas como el peso mexicano, que hace referencia a su masa y tamaño similar al de esta moneda y por lo que adoptó ese nombre.
Por su parte, desde 1868 hasta 2002, la peseta fue la moneda oficial de España. Su origen está precisamente en el término peso, ya que la peseta, con 2 reales de valor, no era más que un peso más pequeño del anteriormente citado, que tenía un valor de 8 reales.
A pesar de que desde el siglo XVIII ya se llamaba a estas monedas pesetas, solo tras la Revolución Gloriosa de 1868 el Gobierno Provisional unificó el sistema monetario y la peseta se convirtió en la unidad básica decimal, dejando atrás el escudo.
Las primeras pesetas empezaron a circular en 1869. En su cara se representaba a Hispania sobre los Pirineos, mientras que en su cruz figuraba un león, que sostenía el escudo nacional.
Sin embargo, la morfología del león era confusa y muchos vieron un perro en lugar de un felino. De ahí la curiosa manera de llamar a las monedas de peseta perra gorda o perra chica.

La libra tiene un origen muy parecido al peso y a la peseta. Su nombre en inglés, pound, proviene del latín pondus, que quiere decir peso . Después se le añadió el término esterlina, del inglés sterling, en referencia a la figura de una estrella que lucían los peniques entre los siglos XIII y XIV.
La libra, como la conocemos, comenzó a circular en el año 928 conviviendo con otras monedas. Equivalía a una libra (453,5 gramos) de plata, por lo que era una moneda de gran valor. Tanto que con ella se podían adquirir 15 vacas.
En 1801, pasó a ser la moneda oficial del Reino Unido y su valor se vinculó al oro.

Argelia, Irán o Macedonia del Norte tienen el dinar como moneda nacional. Si nos remitimos a su etimología, vemos que proviene del latín denarius. El denario comenzó a acuñarse en el siglo III antes de Cristo y contaba con un gran valor (de 4,54 a 1,70 gramos de plata, dependiendo del gobernante).
En principio, llevaba la imagen de una deidad romana, pero después pasó a retratar al mandatario que las acuñaba. En castellano nos ha quedado la palabra dinero, que proviene también de denario.
Los primeros dinares se acuñaron en la Edad Media en reinos árabes herederos de la tradición romana. Su material era el oro y su peso era de entre 3,85 y 4,25 gramos.
En un primer momento, a finales del siglo VII, el califato omeya lanzó el primer dinar, que bebía de la tradición bizantina. Pronto se extendió por el mundo islámico, desde los reinos ibéricos hasta los imperios Gupta y Kushán (subcontinente indio).
Junto a los dinares, existían monedas de valor inferior como el dirham. Esta moneda tiene origen en la dracma griega y era de plata, correspondiendo a un décimo de un dinar.
Emiratos Árabes y Marruecos tienen el dirham como divisa. Y, emparentado con la dracma, también está el dram, moneda actual de Armenia.