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Trucos para ahorrar desde julio en la compra, las vacaciones y la energía y evitar la cuesta de la vuelta al cole
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Dicen que hay dos cuestas de enero: la que todos conocemos y la de septiembre. Si la primera responde a una cantidad innumerable de regalos, invitaciones y cenas, el final del verano no le va a la zaga: a las vacaciones y la correspondiente relajación en los gastos le sucede la vuelta al cole.
La OCU estimaba en 2.390 euros de media lo que costaría el curso 2025/26 por alumno. De la misma manera que enseñamos a nuestros hijos cómo administrar y ahorrar su dinero, podemos aplicarnos algunas recetas para sobrevivir a septiembre y tener una reentrada mucho más suave.
Los gastos extra de septiembre pueden suponer un serio estrés para la economía familiar. Si no se planifican bien, pueden traducirse en un exceso de uso de tarjetas y otros instrumentos de crédito.
Evitar esto es cuestión de ser previsores. Se trata de identificar los gastos que tendremos que realizar de cara a la vuelta al cole para saber cuánto tendremos que ahorrar y qué compras podemos adelantar.
De hecho, escalonar los gastos de la vuelta al cole desde ahora es muy útil para no tener que asumirlos todos de golpe y reducir costes.
En paralelo, es más que conveniente tratar de moderar los desembolsos típicos del verano para evitar que también se disparen. Por supuesto, todo ello sin renunciar a pasarlo bien.
Para ayudarte en esa labor, aquí tienes algunos consejos prácticos de ahorro que puedes incorporar a tu rutina desde este mismo mes de julio.
Un informe de Mercasa de diciembre de 2025 estima en 1.787 euros de media por persona y año el gasto en este concepto. A menudo, la mala planificación, el desperdicio o las compras compulsivas pueden inflar la cantidad que destinamos a la cesta de la compra. Aquí van algunos consejos:
Antes de salir a hacer la compra, dedica unos minutos a planificar el menú semanal. Piensa en cantidades y en ingredientes (y anótalos). Aunque parezca algo trivial, ve a comprar con el estómago lleno: si vas con hambre, caerás en tentaciones que no necesitas y que engordarán la lista de los prescindibles gastos hormiga.
Estamos en verano: no necesitamos comidas contundentes, más bien al contrario. Hidratarse bien es aún más fácil si ayudamos con una dieta rica en vegetales y frutas, que son sensiblemente más baratas que la carne o el pescado.
Hay alimentos vegetales, como las legumbres, que aportan incluso proteínas y pueden ayudar a reducir el consumo de otros más costosos: ¿quién dijo que no se toman legumbres en los meses de calor? Atrévete con un curry de lentejas, un hummus o una ensalada de judías.
Dentro de los alimentos de origen animal, los huevos, gran parte del pescado azul (la sardina está de temporada en verano y tiene un precio razonable) o la carne de ave son de los más económicos y, nutricionalmente hablando, de los más interesantes.
Seguro que has oído hablar de esta moda que te va a ahorrar tiempo y dinero: tiempo, porque al concentrar la tarea de cocinar en un mismo momento se evitan pérdidas por repetición de tareas.
Y dinero, porque no solo permite aprovechar energía y consumirla cuando es más barata, sino que te ayudará a evitar la tentación de pedir comida a domicilio si en un momento dado no te apetece cocinar.
Se trata de reservar algún momento a la semana para realizar preparaciones muy simples, guardarlas en la nevera o en el congelador por porciones e ir combinándolas. Por ejemplo, un lote de legumbres, otro de verduras al horno, otro de brécol al vapor, otro de pollo asado… Después, se trata de ir combinando los ingredientes para comer de manera distinta cada vez sin complicarse cocinando a diario.
A veces, para comprar más barato basta con saber qué frutas y qué verduras están más disponibles en cada momento: si quieres comprar una sandía en febrero o granadas en julio, puede que las encuentres, pero el precio subirá, mientras su calidad y sabor bajan.
Los alimentos de temporada son más baratos y también más sostenibles. Cuando planifiques tu menú, ponlos en primer lugar.
Si dentro de tu lista de la compra ves que hay algún producto con el precio rebajado, o con alguna oferta que realmente merezca la pena, adelante. Eso sí, no piques si no lo necesitas de verdad.
He aquí el quid de la cuestión: nos vamos de vacaciones y apetece relajarse un poco. Estos consejos son perfectos para ahorrar sin sufrir.
Si has elegido un hotel con todo incluido, tus comidas están cubiertas, por lo que no necesitarás gastar de más en este concepto ni dejarte tentar por una cenita fuera.
Si tu elección ha sido una casa de alquiler, puedes hacer una compra semanal y, todos juntos, organizar un par de horas de batch cooking. Así tendréis todo en la nevera, listo para consumir cuando volváis a casa de pasear o nadar.
Piensa en esos platos que apetecen en verano y que no cuesta nada hacer: gazpachos, ensaladas de pasta, sopas frías. Podéis planificar una noche de pelis y pizza, y hacerla vosotros comprando la base y añadiendo lo que más os guste. O pasar un día de playa con la nevera bien cargada de agua, sándwiches, fruta fresca y tortilla de patata.
Los mejores momentos son aquellos en los que se comparte tiempo. Una tarde en la terraza jugando a vuestro juego de mesa favorito y con las palomitas hechas en el microondas puede ser, con diferencia, infinitamente más enriquecedora que salir a buscar opciones de ocio más costosas.
Y hablando de películas: tanto en vuestro lugar de residencia como en el de vacaciones, es muy probable que haya cine de verano (gratuito), o alguna exposición con tramos horarios en los que no cueste un solo euro entrar.
Piensa en qué opciones de ocio te ofrece tu ciudad que no impliquen un gasto y súmate a ellas.
En electricidad, pero también en gasolina o gasóleo, se nos puede ir un buen pico. Veamos qué podemos hacer para reducir esta partida de gastos.
Por supuesto que cuando hace falta, hace falta. Pero reconozcámoslo: a veces ponemos el aire acondicionado por encima de nuestras posibilidades.
El ventilador es una opción más barata, y algo tan sencillo como abrir las ventanas para que se renueve el aire a primera hora de la mañana y, después, bajar las persianas para que no entre el calor es una medida mucho más efectiva de lo que puedas pensar. Por supuesto, si tu casa tiene toldos instalados, es el momento de usarlos.
Por otra parte, si tienes una casa en la que el calor puede llegar a ser insoportable y no tienes aire acondicionado, planifica, ante la llegada de una ola de calor, acudir a refugios climáticos. Por ejemplo, una biblioteca o un parque bien provisto de árboles.
¿Cuántos de los trayectos que haces en verano podrías cubrirlos a pie, en bicicleta o en transporte público? Piensa en esto antes de subirte al coche y acostúmbrate a no tirar de él más allá de lo imprescindible. Gana tu bolsillo y, de paso, gana tu salud.
Anota qué necesitas de cara a la siguiente estación. Algunas tiendas de ropa sacan en estos meses stock de invierno, y puede ser el momento perfecto para hacerse con una prenda de abrigo a muy buen precio.
Además, hay rebajas en muchos otros artículos, como electrodomésticos, ropa de hogar o dispositivos electrónicos. Merece la pena echar un vistazo por si se presenta una oportunidad, eso sí, siempre con una buena planificación y comparando precios.
También puedes utilizar el mes de julio para ir adelantando compras típicas de la vuelta al cole y evitar hacer todo el gasto en ese momento. Por ejemplo, parte del material escolar que sabes que necesitarán tus hijos: cuadernos, bolígrafos, estuches, mochilas… De este modo, ahorrarás tiempo y, si encuentras ofertas, también un buen pellizco de dinero de cara a septiembre.
Si el colegio al que van tus hijos usa uniforme, lo de heredar prendas es un básico, pero si necesitas algún polo, pantalón, etc., que no tienes o que ya no les vale, aprovecha ahora para preguntar en algún grupo de padres o en plataformas de redes sociales que tengáis habilitadas: puede que te salga mucho más barato o incluso gratis.