La edad, la vivienda, el ahorro y las deudas explican cómo evoluciona la riqueza de las familias españolas
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Dos hogares pueden ingresar 40.000 euros al año y encontrarse en situaciones económicas muy diferentes. Uno acaba de comprar una vivienda y aún tiene pendiente buena parte de la hipoteca. El otro terminó de pagarla hace años, ha acumulado ahorros y posee algunas inversiones financieras. Ambos tienen una renta parecida, pero su patrimonio dista mucho de ser el mismo.
La diferencia es importante porque la renta y el patrimonio describen aspectos distintos de la economía familiar. La primera mide los ingresos que recibe un hogar durante un periodo determinado, normalmente un año.
El patrimonio refleja todo aquello que posee una familia, por ejemplo, viviendas, depósitos, fondos de inversión, acciones o negocios, una vez descontadas las deudas pendientes. Es el resultado de años, o incluso décadas, de ahorro, inversión, compra de vivienda y amortización de préstamos.
Precisamente por ese carácter acumulativo, la riqueza suele evolucionar de forma diferente según la etapa de la vida. Los datos más recientes de la Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España (EFF) permiten observar cómo cambia el patrimonio de los hogares españoles a medida que envejece la persona de referencia.
La EFF de 2024, analizada por CaixaBank Research , muestra que la posición financiera de los hogares españoles ha mejorado en términos generales, con mayores ingresos, menor endeudamiento y una recuperación progresiva de la riqueza.
Sin embargo, los hogares jóvenes siguen disponiendo de un patrimonio muy inferior al de aquellos cuya persona de referencia se encuentra cerca o ya ha alcanzado la jubilación.
Cuando se habla de patrimonio no se hace referencia únicamente a una vivienda o a una cuenta corriente, aunque lo cierto es que, en España, la vivienda continúa siendo el principal componente del patrimonio familiar.
En nuestro país, los activos reales representan el 77 % del valor total de los activos de los hogares y la vivienda habitual mantiene un peso muy superior al de cualquier otro bien.
Adquirir una vivienda y terminar de pagar la hipoteca suelen marcar dos de los momentos más importantes de una familia española.
Eso sí, entre ambos hitos pueden pasar veinte o treinta años, durante los que cambian el empleo, el salario, el número de personas que viven en casa e incluso el valor del propio inmueble.
Esa es una diferencia patrimonial que se acentúa según la generación a la que se pertenece. Así lo reflejan los datos del Banco de España referentes al patrimonio neto mediano de los hogares en función de la edad de su persona de referencia:
La diferencia es impactante y se explica con décadas de ahorro, amortización de deudas y acumulación de activos, pero también influyen algunos factores externos.
Durante las últimas dos décadas, acceder a la vivienda ha resultado más difícil para las generaciones jóvenes. Influyen el aumento del precio de la vivienda, unas condiciones de financiación más exigentes y una incorporación más tardía al empleo estable.
La proporción de hogares menores de 35 años propietarios de su vivienda habitual pasó del 66 % en 2002 al 32 % en 2022. La EFF 2024 refleja un leve repunte hasta el 36,7 %, el primero registrado desde 2011, aunque la tasa continúa muy por debajo de la observada hace veinte años.
Ese cambio explica en gran medida por qué muchos jóvenes tardan más en empezar a construir patrimonio.
Aunque la renta de los hogares españoles ha aumentado en términos agregados, CaixaBank Research señala que la mejora ha sido desigual entre generaciones.
Los hogares jóvenes siguen situándose por detrás de los de mayor edad. Esto limita su capacidad para ahorrar, invertir y acumular patrimonio.
No todas las familias recorren el mismo camino. Algunas reciben una herencia, otras permanecen durante años en el mercado del alquiler y otras destinan buena parte de sus ingresos a amortizar antes la hipoteca.
Las cifras del Banco de España no describen trayectorias individuales, sino una referencia estadística que permite observar cómo evoluciona el patrimonio medio de cada generación. No obstante, la dinámica general sigue un patrón bastante estable.
También conviene tener en cuenta que la encuesta mide el patrimonio del conjunto del hogar, no el de cada individuo, por lo que en una misma categoría conviven hogares unipersonales, parejas y familias con hijos.
Por tanto, no debe interpretarse como el patrimonio que "debería" tener una persona de una determinada edad. Además, al hablar de patrimonio existe otra diferencia importante: la riqueza neta media de los hogares españoles alcanza los 344.700 euros, pero la mediana se sitúa en 160.800. Las dos cifras son correctas, pero responden a preguntas diferentes.
De hecho, la media suma toda la riqueza de los hogares y la divide entre el número de familias. La mediana, en cambio, identifica el punto con respecto al cual la mitad de los hogares tiene un patrimonio inferior y la otra mitad, uno superior.
Por ello, cuando existen patrimonios muy elevados, como ocurre en España, la media puede resultar muy elevada, mientras que la mediana ofrece una fotografía mucho más realista de la situación de los hogares.
Para entenderlo, podemos volver a considerar los datos de la franja de edad con los valores patrimoniales más altos según el análisis del Banco de España. En el rango donde las personas de referencia del hogar tienen entre 65 y 74 años, la riqueza mediana alcanza los 249.200 euros, pero la media supera los 463.000.
Por eso, quien quiera comparar su patrimonio con el del resto de los hogares españoles encontrará normalmente una referencia más útil en la mediana que en la media.


