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Más allá de los mitos o las promesas en redes, conviene conocer en qué consiste esta profesión, qué tareas implica y qué formación requiere
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Un trader es, en esencia, una persona que compra y vende activos —como acciones, divisas, bonos, materias primas — en los mercados financieros, con el objetivo, entre otros, de obtener beneficios aprovechando las fluctuaciones de los precios o arbitrando posibles ineficiencias del mercado.
A diferencia del inversor tradicional, que suele pensar en plazos más largos, el trader se centra más bien en operaciones de corto o medio plazo. Su trabajo exige disciplina, capacidad de análisis y una buena gestión de riesgos.
Las funciones principales de un trader incluyen:
En función de su cómo desarrollen sus operaciones y cuáles sean sus objetivos, existen distintos estilos de traders:
También está el trading algorítmico, que se basa en el uso de programas informáticos diseñados para automatizar operaciones.
En este sentido, la irrupción de la inteligencia artificial ha alimentado otro mito: el de los programas automáticos que hacen todo el trabajo y generan beneficios sin esfuerzo. La realidad es muy distinta.
Existen algoritmos y software de trading automático, pero requieren supervisión constante y ajustes permanentes. No son una fórmula mágica: mal configurados pueden provocar pérdidas enormes en segundos. La tecnología, bien usada, es una aliada. Pero sin criterio humano, sin control de riesgos y sin formación, no garantiza el éxito.
Para convertirse en trader profesional no existe un único camino académico. Eso sí, una base en finanzas, economía, matemáticas o ingeniería es casi indispensable.
Los que se inclinan por el trading algorítmico pueden beneficiarse de tener conocimientos de programación y análisis de datos.
Además, hay cursos de bolsa y mercados financieros, seminarios online y recursos prácticos como las cuentas demo, que permiten practicar sin arriesgar dinero real.
Un curso de “invertir en bolsa para principiantes” puede servir como introducción, pero más allá del título, importa desarrollar competencias sólidas en análisis de mercados y en gestión emocional.
Precisamente la psicología del inversor es fundamental. El miedo y la codicia son los grandes enemigos de un trader con escasa experiencia. Por otro lado, tomar decisiones racionales bajo presión es un entrenamiento en sí mismo, y muchas pérdidas vienen más por errores emocionales que por falta de conocimientos técnicos.
Finalmente, el trading ofrece oportunidades reales en el mundo de las inversiones financieras, pero no es un atajo hacia el enriquecimiento rápido. En pocas palabras, ser trader implica formación continua, tolerancia a la presión y capacidad para aprender de los errores.
Para los jóvenes interesados en esta profesión, lo recomendable es empezar con prudencia, formarse adecuadamente, estudiar los mercados y las reglas de las finanzas, practicar con simuladores y asumir que los éxitos duraderos se construyen a lo largo del tiempo, no en un fin de semana.
Dicho esto, un trader experimentado puede llegar a tener ingresos elevados, pero no es lo habitual ni se logra de la noche a la mañana.
Según datos de Glassdoor , en España los sueldos pueden llegar a superar los 100.000 euros en puestos sénior de instituciones financieras.
Aunque Glassdoor apunta a un salario base promedio de 40.000 autos al año, los complementos oscilan entre los 12.000 y los 50.000 euros anuales. Esto se debe al elevado peso que tiene la retribución variable en los sueldos de los traders, que puede llegar a duplicarlos en función del beneficio obtenido.
Estos números explican por qué la profesión resulta tan atractiva. Sin embargo, la mayoría de traders independientes no alcanza esas cifras y muchos de ellos pierden dinero en sus primeros intentos.
El trading requiere formación, experiencia y una estrategia clara.