FISCALIDAD
Bizum y Hacienda en 2026: cuándo hay que declararlos y cuándo no

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En junio de 2015 el mundo entero conoció a Riley Andersen, una niña de 11 años cuya vida estaba a punto de cambiar a la par que sus emociones. Riley siempre había sido muy alegre, hasta que su familia se muda a San Francisco y la tristeza empieza a apoderarse de ella.
Si te suena esta historia, seguro que ya sabes que estamos hablando del argumento de Del revés, la película de Pixar que muestra cómo las emociones afectan al desarrollo de una persona.
Casi 10 años después llega Del revés 2, película en la que una Riley ya adolescente empieza a experimentar nuevas emociones, entre ellas la vergüenza o la ansiedad, que condicionarán sus decisiones.
¿Es posible que las mismas emociones que experimenta Riley en su día a día puedan marcar la evolución de nuestra economía? La respuesta es sí.
Esto ya lo demostraron los premios Nobel Daniel Kahneman y Richard Thaler con sus teorías sobre las finanzas conductuales. Y es que, aunque lo ideal sería tomar decisiones analizando de manera aséptica las posibles compensaciones y alternativas, es complicado que se dé este escenario.
En esta toma de decisiones no solo cuentan las emociones, sino que entran en juego una serie de variables entre las que destacan las creencias, experiencias, educación recibida y conocimientos.
La guía Psicología económica para inversores de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) identifica algunos sesgos cognitivos que podrían vincularse a emociones:
Para esta emoción no hay problemas en el horizonte: siempre ve el lado positivo de la vida. Pero dejarse llevar por la alegría nos puede llevar a experimentar predisposición al optimismo, tendencia que implica sobrevalorar la posibilidad de vivir experiencias positivas frente a la posibilidad de experimentar experiencias negativas.
También podemos ser víctimas del descuento hiperbólico, un sesgo cognitivo que supone preferir pequeñas recompensas con frecuencia a grandes recompensas distanciadas en el tiempo. Por este motivo, la satisfacción que nos genera la inmediatez supone una distorsión a la hora de tomar decisiones financieras.
Preocupado por el bienestar y la seguridad, el miedo también viene acompañado de sesgos en la toma de decisiones:
Al igual que el miedo y la alegría, esta emoción trae consigo sus sesgos:
La confianza alberga algunos de los sesgos más destacados en la toma de decisiones: