EDUCACIÓN FINANCIERA
Las nuevas coronas danesas se fabrican en España: ¿desde cuándo y por qué?

Artículo
El ajuste horario de octubre reabre el debate sobre su impacto real en el ahorro energético, la productividad y la conciliación familiar
Tiempo de lectura | 6 min.

El último fin de semana de octubre hay que ajustar los relojes: llega un nuevo cambio de hora. Con el equinoccio de otoño inauguramos lo que se conoce como horario de invierno.
Cada cambio horario en España reabre el debate de su impacto en el ahorro energético y en la vida de las personas. Tanto es así que el Gobierno de España propondrá hoy mismo a la UE acabar con el cambio de hora estacional. Lo hará en el Consejo de Energía y pedirá que se ponga en marcha el mecanismo de revisión competente.
En cualquier caso, el cambio de hora es un momento que levanta pasiones: hay quien prefiere mantener el de verano y quien es feliz por dormir un poco más. Eso sí, el que recomienda mantener la Sociedad Española del Sueño durante todo el año es el que estamos a punto de inaugurar y que se corresponde con el horario solar español.
En la madrugada del domingo 26 de octubre de 2025, los relojes en España volverán a cambiar para adaptarse al horario de invierno (hora solar): a las 03:00 h se retrasarán una hora y serán las 02:00 h. Esto significa que esa noche dormiremos una hora más.
Este ajuste —en marzo se adelanta una hora para entrar en horario de verano (hora legal), mientras en octubre se retrasa para volver al horario solar— forma parte de una práctica que, aunque habitual, genera debate sobre su utilidad real.
Lo cierto es que no siempre ha sido así y su existencia es una de esas curiosidades que tiene la historia.
El origen del cambio horario tiene raíces profundas y, en gran parte, económicas. Durante la I Guerra Mundial, algunos países comenzaron a adelantar sus relojes para aprovechar mejor la luz natural y reducir el uso de iluminación artificial. Más adelante, durante la crisis del petróleo de 1974, muchos estados industrializados adoptaron formalmente este mecanismo para contener el consumo energético.
En España, la práctica se instaló definitivamente en esa época, aunque con una peculiaridad: geográficamente, la Península debería situarse en el huso horario de Greenwich (UTC±00:00).
¿El motivo? Durante la Segunda Guerra Mundial, España y otros países del continente se ajustaron al horario de Berlín. Una vez finalizado el conflicto, nuestro país, a diferencia del Reino Unido y Portugal, no volvió al huso horario que le correspondía (Greenwich). Esto hace que muchos habitantes de España vivan a día de hoy una hora por encima de lo que realmente les correspondería por situación geográfica. Solo en Canarias tienen el huso horario ajustado a ella.
La lógica tras el cambio de hora siempre ha sido clara en el papel: aprovechar más la luz del día para reducir el consumo eléctrico.
En España, un estudio del IDAE (2011) calculó que este ajuste podría suponer un ahorro del 5 % en el consumo energético doméstico y equivaldría, a nivel nacional, a unos 300 millones de euros al año.
Sin embargo, esta estimación proviene de investigaciones antiguas y depende de múltiples variables —el tipo de tecnología de iluminación, los hábitos de consumo, el clima, etc-.
Algunas investigaciones más recientes muestran que el cambio horario produce un ahorro muy modesto —por ejemplo, del 0,34 % según ciertos estudios — o incluso ninguno significativo cuando el consumo por calefacción o aire acondicionado compensa el efecto de menor iluminación artificial.
Más allá del ahorro directo de energía, el cambio de hora tiene otras implicaciones económicas menos evidentes, asociadas a la organización empresarial y a la economía doméstica.
En el contexto moderno del teletrabajo y los modelos híbridos, la variabilidad horaria obliga a reconfigurar calendarios de reuniones, coordinar con zonas horarias diferentes o adaptar la jornada de forma flexible.
El consumo eléctrico doméstico también se ve afectado: durante el horario de invierno (hora solar), anochece antes y el pico de demanda energética suele concentrarse entre las 18:00 y las 21:00. Eso puede encarecer la factura eléctrica si no se planifica su uso, por ejemplo, aprovechando tarifas con discriminación horaria.
En ese sentido, tecnologías como electrodomésticos programables, iluminación led, termostatos inteligentes o sistemas de automatización resultan claves para mitigar el impacto.
Si hablamos del impacto en la economía, no está tan claro que el horario de invierno afecte al consumo de bienes y servicios, ya que no existe demasiada evidencia al respecto.
Un estudio de JP Morgan realizado en Estados Unidos halló que, en Los Ángeles, el gasto diario per cápita asociado a tarjetas de crédito desciende alrededor del 3,5 % en el mes siguiente al cambio horario de invierno respecto al mes anterior.
Se trata de un efecto que se nota más en el consumo de bienes que en el de servicios. Además, afecta más a las compras entre semana y a segmentos como la alimentación (-6 %), el combustible y pequeños comercios (algo más del -4,5 %). Sin embargo, la restauración (1,2 %) se ve menos afectada.
En el cambio al horario de verano, el efecto es el inverso y se registra un incremento del 0,9 % en el gasto diario con tarjeta. Eso sí, el análisis advierte que estos efectos difieren según la ciudad analizada, por lo que resulta difícil su extrapolación.
Un dato curioso respecto al cambio horario tiene que ver con la bolsa: resulta que el lunes siguiente, los mercados de valores tienden a resentirse.
Un estudio encontró que los rendimientos del mercado de valores en varios países descendían significativamente esos días, un efecto que se observa tanto tras el cambio de verano como tras el de invierno.
El debate sobre la permanencia de este mecanismo ha sido intenso en la Unión Europea. En su comunicado de esta mañana, el Gobierno recordaba que ya viene de lejos y que el Parlamento Europeo votó hace seis años acabar con el cambio horario.
Efectivamente, la Comisión Europea presentó en 2018 una propuesta para eliminar los cambios estacionales de hora. De hecho, muchos países del mundo, como México, Brasil o Turquía, ya lo eliminaron.
En marzo de 2019, el Parlamento Europeo votó mayoritariamente a favor de esta reforma. No obstante, cuando esa propuesta llegó al Consejo Europeo, no se alcanzó una posición común entre los Estados miembros que preferían quedarse con el horario de verano (los del norte) y los que se decantaron por el horario de invierno (los del sur). Este desacuerdo dejó la iniciativa bloqueada.
En los últimos meses, algunos parlamentarios europeos han solicitado reactivar el proceso y fijar una fecha límite para su eliminación. En 2024 organizaciones e instituciones locales firmaron un manifiesto pidiendo que el cambio horario se suprima en toda la UE antes de 2026. Sin embargo, la Comisión Europea ha respondido confirmando la intención de retirar la iniciativa.
Es en este contexto en el que el Gobierno de España ha decidido proponer al Consejo Europeo acabar con el cambio de hora estacional. Alega que «ya no tiene sentido» porque apenas ayuda a ahorrar energía y «tiene un impacto negativo en la salud y en la vida de la gente».
De hecho, muchos países y ciudadanos ya consideran que la práctica del cambio de hora está obsoleta y que sus supuestos beneficios energéticos no compensan las alteraciones que genera. No obstante, no hay acuerdo sobre qué horario adoptar de manera permanente.