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Centrales, comerciales, de inversión. ¿Qué tipo de bancos existen y cómo funcionan?

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Halcones y palomas influyen en la política monetaria. Descubre quiénes son y cómo afectan a las decisiones de los bancos centrales
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El lenguaje de la economía está lleno de metáforas, algunas proceden del mundo natural y han terminado por convertirse en conceptos clave para interpretar los mercados y las decisiones de los bancos centrales.
Si “toros” y “osos” sirven para describir fases alcistas y bajistas, “halcones” y “palomas” se utilizan para explicar la orientación de la política monetaria y la forma en que las autoridades reaccionan ante la inflación, el crecimiento y el empleo.
Hablar de halcones en economía no implica una postura oficial ni una etiqueta formal. Es más bien una forma de describir actitudes.
Un banco central, o una parte de su órgano de decisión, adopta un enfoque llamado “hawkish” (de hawk, halcón en inglés) cuando prioriza el control de la inflación.
En el extremo opuesto, un enfoque “dovish” (del inglés dove, paloma) pone el acento en sostener el crecimiento y el empleo, tolerando mayores presiones inflacionarias durante más tiempo.
En realidad, la metáfora nace fuera del ámbito económico y hoy se aplica también a otros ámbitos en los cuales existe una tensión parecida entre dos polos.
La primera vez se utilizó en Estados Unidos cuando, durante la crisis de los misiles de Cuba de 1962, los “hawks” defendían una línea dura frente a la Unión Soviética, mientras que los “doves” apostaban por la diplomacia. Décadas después, esa distinción es típica del lenguaje de la política monetaria.
El uso de estas categorías se ha consolidado especialmente a partir de la crisis financiera de 2008 y de la larga etapa de políticas monetarias ultraexpansivas que siguió, dominada por las palomas.
En cambio, cuando la inflación volvió al centro del debate tras la pandemia, el contraste entre halcones y palomas regresó con fuerza al discurso público.
Un halcón monetario es, ante todo, un defensor estricto de la estabilidad de precios. Parte de la idea de que una inflación elevada erosiona el poder adquisitivo, distorsiona las decisiones de inversión y acaba dañando el crecimiento a largo plazo.
Desde esta perspectiva, los halcones suelen apostar por subir los tipos de interés, retirar estímulos y reducir el tamaño del balance del banco central.
Tras la pandemia, entre 2022 y 2023, la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) elevó su tipo de referencia desde el entorno del 0 % hasta niveles superiores al 5 %, el ajuste más rápido en cuatro décadas.
La inflación había alcanzado máximos del 9,1 % interanual en junio de 2022, y la prioridad entonces fue actuar con contundencia, aunque ello implicara riesgos para el crecimiento.
Las palomas monetarias parten de una lectura distinta del equilibrio macroeconómico. Consideran que el coste de una política demasiado restrictiva —en forma de desempleo, menor inversión y pérdida de dinamismo— puede ser mayor que el riesgo de tolerar una inflación algo más elevada durante un periodo limitado.
Este enfoque fue especialmente visible tras la crisis económica de 2008-2012. En la eurozona, bajo la presidencia de Mario Draghi, el Banco Central Europeo (BCE) desplegó programas masivos de compra de activos y mantuvo los tipos en mínimos históricos.
El BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente
Mario Draghi
Presidente del BCE. 2012
El famoso “whatever it takes” (“lo que sea necesario”) pronunciado por Draghi en 2012 reflejaba precisamente esa lógica: sostener el euro y evitar una fragmentación financiera.
Por supuesto, ni halcones ni palomas deciden en solitario. Tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo funcionan mediante órganos colegiados en los que conviven sensibilidades distintas y donde a menudo las tensiones son ásperas.
El reto de sus presidentes —hoy Jerome Powell en la Fed y Christine Lagarde en el BCE— consiste en construir consensos creíbles en contextos económicos cambiantes.
En el caso de la eurozona, la tarea es especialmente compleja. De hecho, el Consejo de Gobierno de la BCE reúne a los seis miembros del Comité Ejecutivo y a los gobernadores de los bancos centrales nacionales, con un sistema de voto rotatorio desde 2015.
En ese marco conviven economías con estructuras, niveles de deuda y sensibilidades inflacionarias muy distintas, lo que explica por qué el equilibrio entre halcones y palomas es inestable y evoluciona con el ciclo.
Los halcones se han visto obligados a suavizar su postura ante riesgos financieros sistémicos, mientras las palomas han endurecido el tono cuando la inflación amenazaba la credibilidad de la institución. Hoy la discusión entre ambos parece atenuada , al menos en la eurozona.
Tras el repunte inflacionario global de 2021-2023, tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo han priorizado la lucha contra el aumento de precios, manteniendo los tipos de interés en niveles elevados. Al mismo tiempo, el debilitamiento del crecimiento y las tensiones financieras obligan a la prudencia.
La política monetaria es, en última instancia, una gestión de equilibrios. Seguir de cerca los comunicados, las ruedas de prensa y las actas de los bancos centrales permite identificar hacia dónde se desplaza ese balance y anticipar cómo pueden reaccionar los mercados.
Más que etiquetas rígidas, halcones y palomas funcionan como una brújula para interpretar un debate que, lejos de resolverse, forma parte estructural de la economía moderna.
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