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De startup a scaleup o cómo alcanzar la madurez empresarial

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Con este diccionario descubrirás algunas de las denominaciones más curiosas para empresas emergentes y consolidadas
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En los últimos años, el ecosistema emprendedor se ha llenado de animales fantásticos. Ya no hablamos solo de startups: ahora distinguimos entre empresas unicornio, empresas gacela y, más recientemente, compañías cucaracha.
Estas metáforas, lejos de ser un juego simpático del lenguaje, resumen tres formas muy distintas de crecer, financiarse y competir que se utilizan también para designar a las startups en España.
Entender estas denominaciones permite orientarse mejor en un entorno donde conviven compañías que buscan escalar a gran velocidad, otras que generan empleo sostenido y otras que optan por reforzar la rentabilidad como estrategia central.
Una empresa unicornio es, probablemente, el término más reconocido.
Son los ejemplos de startups exitosas más famosos e inspiradores: compañías emergentes de capital privado que alcanzan una valoración superior a mil millones de dólares sin cotizar en bolsa.
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La expresión la popularizó en 2013 la inversora Aileen Lee, que comparó su rareza con la de los seres mitológicos. Desde entonces, el concepto se ha convertido en una referencia global y en un símbolo aspiracional dentro del emprendimiento.
Las unicornio suelen compartir rasgos claros: modelos basados en software o plataformas digitales, escalabilidad elevada, acceso a rondas de inversión millonarias y una hoja de ruta ambiciosa que apunta a mercados internacionales.
A menudo, las empresas unicornio conquistan sectores en pocos años y se convierten en actores influyentes mucho antes de alcanzar la rentabilidad. Este modelo exige un ritmo de crecimiento altísimo, dependiente en muchos casos de rondas sucesivas de capital riesgo.
Si el unicornio representa la valoración extraordinaria, la empresa gacela encarna el crecimiento tangible.
Se trata de una categoría menos mediática, pero mucho más reveladora del estado real del tejido productivo.
Estas compañías crecen más de un 20 % anual durante tres años consecutivos, partiendo de una base de al menos diez empleados. No estamos ante promesas de futuro, sino ante aumentos reales de ventas, plantilla y actividad.
Muchas startups atraviesan una fase de gacela antes de aspirar al estatus de unicornio, pero lo relevante aquí es el crecimiento medible.
Para la política pública y para los observadores económicos, las gacelas son un termómetro fiable de dónde se genera actividad productiva sostenible en el país.
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Reportaje
En el extremo opuesto del hipercrecimiento se encuentran las llamadas startups cucaracha.
El término procede del discurso emprendedor anglosajón (cockroach startup) y se ha popularizado como una etiqueta informal, pero sorprendentemente precisa.
Describe a empresas que priorizan la resistencia antes que la velocidad y que crecen sin depender de grandes rondas de inversión. Su filosofía es simple: sobrevivir siempre, crecer cuando se pueda.
Este tipo de compañías suele trabajar con estructuras ligeras, equipos pequeños y un enfoque centrado en generar ingresos desde el primer día. Controlan el gasto, evitan endeudarse y se organizan para soportar estallidos de burbujas, cambios de ciclo y contracciones del capital riesgo.
En un contexto global con tipos de interés más altos y mayor exigencia de rentabilidad por parte de los inversores, este modelo parece estar tomando relevancia. No se trata de renunciar al crecimiento, sino de evitar que el crecimiento se convierta en una fragilidad.
El interés por este vocabulario no es solo lingüístico. Para quien emprende, implica preguntarse qué tipo de empresa quiere construir y qué nivel de riesgo está dispuesto a asumir.
Para quien invierte o ahorra, permite distinguir entre narrativas infladas y crecimiento real. Para las economías nacionales, recuerda que cada categoría cumple una función vital: los unicornios abren camino y visibilizan sectores; las gacelas crean empleo y dinamizan mercados; y las cucarachas aportan estabilidad y supervivencia en momentos de incertidumbre.
Comprender este pequeño zoológico empresarial ayuda a leer mejor el presente y a anticipar el futuro de un ecosistema que sigue madurando, diversificándose y adoptando estrategias muy distintas para abrirse hueco en un mercado global cada vez más competitivo.