FINANZAS PERSONALES
Cuál es el nuevo SMI para 2026: cuantía y aplicación

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Crecimiento profesional, estabilidad del proyecto y equilibrio vida-trabajo pueden pesar más que una subida salarial en un nuevo empleo
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Cambiar de trabajo suele presentarse como la respuesta a una ecuación simple: “si me pagan más, me muevo”. En la práctica, la decisión es bastante más compleja.
Un salario mejor puede compensar ciertas incomodidades durante un tiempo, pero si el puesto no encaja con lo esperado, el coste aparece después, a menudo en forma de frustración y de una nueva búsqueda acelerada.
Sin convertir la decisión en una lista interminable de pros y contras, hay por lo menos tres factores que conviene analizar con lupa antes de firmar nada.
El primer factor es el crecimiento real que ofrece el cambio de trabajo. Es decir, si el nuevo puesto sitúa al profesional en una curva de aprendizaje que lo haga más valioso en el mercado laboral dentro de dos o tres años, y no solo en el corto plazo.
Este punto es especialmente relevante en un contexto en el que el desajuste de talento sigue siendo elevado y muchas empresas reconocen dificultades para incorporar perfiles con las habilidades que necesitan.
En España, ManpowerGroup situaba ese desajuste en el 78 % en 2024. En este escenario, quienes desarrollan competencias críticas suelen contar con mayor margen de negociación y más opciones profesionales.
Por eso conviene traducir esas referencias a “oportunidades de desarrollo”, tan habituales en las ofertas de trabajo, en hechos verificables.
Estas son algunas preguntas que se pueden plantear: ¿Qué tecnologías, procesos o metodologías se van a aprender? ¿Quién acompaña ese aprendizaje y con qué objetivos? ¿El rol da acceso a proyectos con resultados medibles o experiencia transferible?
Cuando las respuestas se quedan en promesas genéricas, no suele ser una buena señal. En el Randstad Workmonitor 2025 , una proporción significativa de trabajadores afirma haber dejado un empleo por falta de oportunidades de progresión.
El segundo factor a tener en cuenta es el nivel de estabilidad asociado al puesto y al proyecto empresarial.
La estabilidad laboral ha mejorado en España en los últimos años, con una reducción significativa de la temporalidad. No obstante, sigue siendo un factor clave en la percepción de seguridad de los trabajadores, según datos de Eurostat.
Cambiar de trabajo implica asumir un cierto riesgo, por lo que conviene valorar no solo el salario o las funciones, sino también la solidez del proyecto al que se entra. Hay que considerar que no todos los contextos ofrecen el mismo grado de previsibilidad.
Por ejemplo, incorporarse a una organización consolidada suele implicar procesos más definidos y menor volatilidad, mientras que entornos más dinámicos o proyectos emergentes como una startup pueden ofrecer mayor velocidad de aprendizaje, pero también más incertidumbre.
Ninguna opción es mejor en términos absolutos, la clave está en entender el equilibrio entre oportunidad y riesgo en cada caso.
Por lo tanto, antes de aceptar una oferta, es útil analizar algunos indicadores concretos: la situación económica de la empresa, la dependencia de financiación externa, el historial de crecimiento o reestructuraciones, y el horizonte del proyecto en el que se trabajará.
Un cambio que mejora el salario, pero aumenta la inestabilidad a medio plazo puede generar tensiones que no tardarán en aparecer. Es cuestión de saber si se desea o no afrontarlas.
El tercer factor es la sostenibilidad personal: horarios, carga, salud y seguridad del proyecto.
De hecho, un cambio puede mejorar la carrera, pero empeorar la vida cotidiana. Randstad señala que el equilibrio vida-trabajo es la prioridad incluso por encima del salario en sus encuestas globales.
Por eso, si el nuevo puesto implica picos permanentes, fines de semana frecuentes o una disponibilidad constante, conviene abordarlo antes de aceptar.
A estos tres factores se suma un marco básico que no es estrictamente el sueldo, pero sí habla de dinero. Periodos de prueba, componentes variables o gastos asociados, como los traslados o el uso de recursos personales, obligan a hacer números con escenarios realistas: ¿qué ocurre si el bonus no llega o si el encaje no funciona y hay que volver al mercado?
En el informe de InfoJobs sobre intención de cambio se observa, por ejemplo, que la propensión a cambiar puede ser mayor en tramos de ingresos más bajos, una pista de que la presión económica influye en la tolerancia al riesgo.
Antes de cambiar de trabajo, no solo hay que conocerse en profundidad, sino también a la empresa, el contexto industrial y el económico donde se irá a operar: la información es poder.
El salario importa, por supuesto, pero si esos tres elementos (crecimiento, cultura y sostenibilidad) fallan, el dinero se convierte en un analgésico temporal.
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