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Inteligencia artificial, biotecnología y energía son los sectores que más innovaciones aportan a la lista
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Cada año, el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) pregunta a expertos mundiales cuáles serán las tendencias tecnológicas más rompedoras durante los próximos doce meses.
El resultado es una lista con 10 tecnologías que no debes perder de vista. En 2026, el MIT concede especial protagonismo a la biotecnología, la energía y la inteligencia artificial. Entre las elegidas, señala algunas especialmente controvertidas que conviene vigilar de cerca.
La transición de la economía hacia energías más limpias, como la eléctrica, requiere avances en distintos frentes. Uno de ellos es el almacenamiento de la propia energía para poder utilizarla cuando la necesitemos.
La escasez de materiales como el litio dificulta la construcción de baterías con tecnología de iones. Así que el sector ya apuesta por una alternativa más barata y segura: las baterías de iones de sodio.
Sí, es el principal componente de la sal común y se espera de él que ayude a extender tanto las redes como los coches eléctricos asequibles.
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Las herramientas de generación de código mediante IA han revolucionado la manera de escribirlo, probarlo y desplegarlo. Construir páginas web sofisticadas, videojuegos y apps es más fácil y rápido que nunca gracias a ellas.
La producción de software mediante asistentes de IA generativa es uno de los primeros casos de uso de esta tecnología, según señala el MIT.
Desde la propia industria a usuarios sin conocimientos sobre código, su adopción es vertiginosa. Eso sí, su tendencia a alucinar hace que no puedan reemplazar el know-how humano en cuanto a fiabilidad y seguridad, entre otras cuestiones.
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La energía nuclear ya se utiliza habitualmente para aportar energía estable y sin emisiones de efecto invernadero a las redes eléctricas.
Según el MIT, los reactores de próxima generación utilizarán materiales innovadores y diseños compactos para que esta energía sea más barata, segura y estable.
Al ser más pequeños y fáciles de producir, se expandirán más fácilmente para aportar flexibilidad y resiliencia a las redes eléctricas. Son ventajas importantes ante una demanda eléctrica global creciente por parte de los vehículos eléctricos, los centros de datos o la climatización.
Más que una tendencia tecnológica, en este caso el MIT señala el uso emergente de una tecnología que ya lleva un tiempo entre nosotros: los chatbots basados en grandes modelos de lenguaje.
Se trata de herramientas de propósito general a las que los usuarios preguntan sobre prácticamente cualquier tema para obtener una respuesta.
Su uso extendido y la naturalidad de sus respuestas han provocado que cada vez más usuarios entablen conversaciones personales con ellos.
Como consecuencia, muchos establecen lazos afectivos y relaciones con estas herramientas. Una tendencia que ha encendido todas las alarmas y que ya se está empezando a regular.
La primera persona en recibir un tratamiento de edición genética personalizada es un bebé estadounidense. En 2025, cuando contaba con siete meses de edad, recibió la primera dosis para librarse de una mutación que provoca una enfermedad rara e incurable. Hoy vive feliz con sus padres y se desarrolla con normalidad.
Ahora se pondrá en marcha un ensayo clínico con otros bebés que padecen mutaciones similares. Puede ser el primer paso para la generalización de estas técnicas de edición genética personalizada. Esta tendencia tecnológica supondría un gran avance para la cura de otras enfermedades raras.
La biotecnología protagoniza otra de las tendencias tecnológicas elegidas por el MIT para 2026: la proliferación de bancos con información genética sobre criaturas extintas. Más que para resucitar animales prehistóricos, esta información puede ser muy interesante en otros ámbitos.
Según el MIT, la posibilidad de estudiar información genética antigua y recrearla en cuerpos contemporáneos puede abrir la puerta a nuevos tratamientos frente a enfermedades, a proteger especies en peligro o incluso crear plantas resistentes al cambio climático.
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Los grandes modelos de lenguaje (LLMs) que están detrás de los chatbots de IA son muy complejos. Tanto, que ni siquiera las empresas que los construyen saben exactamente todo lo que ocurre dentro de ellos. Por eso es difícil conocer sus limitaciones, saber por qué alucinan o incluso mantenerlos a raya.
Esta es la razón por la que las grandes compañías de IA generativa han empezado a desarrollar nuevas técnicas y enfoques que les permitan mirar dentro de las tripas de sus modelos y hacerse una idea más exacta de cómo funcionan.
Dentro de esta tendencia tecnológica destaca la interpretabilidad mecanicista de redes neuronales, con la que se pretende comprender por qué un modelo genera una respuesta determinada.
¿Será 2026 el año en el que un turista suelte sus maletas por primera vez en un hotel galáctico? Una compañía de California tiene previsto lanzar en mayo su propia estación espacial comercial, del tamaño de un autobús, con capacidad para cuatro personas. Poco después se lanzará otra con cinco módulos (o habitaciones).
Este puede ser el pistoletazo de salida para el turismo espacial con alojamiento privado incluido. Si estas estaciones espaciales comerciales resultan viables económicamente, podrían hacer más accesible el espacio también a investigadores, agencias espaciales gubernamentales o incluso a empresas que quieran probar productos en el espacio.
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El uso de tests genéticos preimplantacionales, que buscan averiguar si un embrión contiene el potencial de desarrollar enfermedades genéticas graves, es habitual desde hace años.
El MIT apunta a esta tendencia tecnológica como una de las que podrían experimentar un impulso durante 2026. También advierte de los conflictos éticos que pueden generar usos distintos al del diagnóstico de posibles enfermedades graves.
Si hay una tendencia tecnológica en fuerte expansión, esa es la inteligencia artificial generativa, que requiere centros de datos cada vez más potentes y grandes. Cientos de miles de chips (GPUs) se dedican a descifrar lo que le preguntamos a un chatbot para ofrecernos la respuesta adecuada. Lo hacen en gigantescas infraestructuras que aparecen en distintas partes del planeta.
Grandes compañías tecnológicas y gobiernos invierten grandes sumas de dinero en su construcción, pero los costes van más allá. El MIT recuerda que estas enormes infraestructuras requieren agua para su refrigeración, así como enormes cantidades de energía: los más grandes pueden consumir la misma electricidad que una ciudad entera.
Se buscan ya alternativas para que estos centros no compitan con los humanos por recursos como el agua o la energía: desde la construcción de pequeñas plantas nucleares para alimentarlos a la posibilidad de llevarlos el espacio.