Conectividad
Tierras raras: los 17 elementos que alimentan la industria tecnológica y mueven la geopolítica

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El gigante asiático ha convertido la innovación en baterías en su principal arma para conquistar el mercado
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La industria automovilística global está viviendo una transformación sin precedentes bajo el liderazgo de China. El gigante asiático ha convertido la innovación en baterías en su principal arma para conquistar el mercado del coche eléctrico.
China produce siete de cada diez vehículos eléctricos del mundo, con más de 12,4 millones de unidades fabricadas solo el año pasado, según El Independiente. Este dominio no se limita a la producción de coches: el país controla el 90% del refinado de tierras raras y el 75% del procesado de minerales críticos, elementos esenciales para la fabricación de baterías, indica la misma fuente.
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Europa, por su parte, apenas produce el 7% de las baterías a nivel mundial, lo que ha llevado a la Comisión Europea a anunciar una inversión de 1.800 millones de euros para impulsar la producción local.
Este porcentaje contrasta con el liderazgo chino, que cuenta con empresas como CATL y BYD dominando el sector, con una cuota combinada del 55,7% del mercado global.
Además, despuntan en innovación: CATL ha lanzado baterías como la Shenxing Pro , con 758 km de autonomía y una vida útil de un millón de kilómetros, cifras que redefinen los estándares de la industria.
Por todo esto, la transformación de este mercado viene de la mano de la tecnología, en concreto, de las baterías.
Sin duda, es uno de los grandes retos de la electrificación en la automoción. Por un lado, los estados avanzan en la electrificación de las infraestructuras de manera desigual. Alemania, por ejemplo, cuenta con más de 154.000 puntos , mientras que España tiene algo más de 47.000 puntos .
Si bien cuenta con más vehículos eléctricos que España (1,4 millones , frente a los 599.877 de España en 2024) , hay que tener en cuenta también la extensión del país, la estructura de sus vías y la situación de los puntos de recarga para ofrecer cobertura en trayectos largos.
Pero la autonomía depende de la propia batería más que de los puntos de carga. Por ejemplo, la mencionaba batería Shenxing Pro, que ya está en servicio en China, asegura 758 kilómetros de autonomía, más o menos el recorrido por carretera entre Santander y Barcelona. Esta autonomía casi triplica la autonomía media actual, que son unos 250 kilómetros.
Además, su vida útil alcanza el millón de kilómetros, con una degradación mínima del 9% tras los primeros 200.000 km. Esto supone un salto cualitativo frente a las baterías tradicionales, que sufren mayores pérdidas de rendimiento.
Eficiencia energética

Otro frente en el que China está marcando la diferencia es la velocidad de carga. La batería Star Chaser 2.0 de SEVB permite alcanzar 150 km de autonomía con solo un minuto de carga, y hasta 450 km en cinco minutos.
Esta tecnología, basada en una arquitectura de celdas de alta densidad y refrigeración multicapa, iguala el tiempo de repostaje de un coche de combustión.
China también está apostando por tecnologías alternativas como las baterías de iones de sodio, que emplean materiales abundantes como la sal.
Aunque su densidad energética es menor que la del litio, ofrecen ventajas clave: menor coste, mayor seguridad térmica y una cadena de suministro menos vulnerable. Estas baterías están en fase de industrialización y podrían ser la solución para vehículos urbanos y de gama media.
CATL ya ha presentado su batería de sal Naxtra , que ha obtenido los certificados de seguridad y se prevé que empiece a comercializarse en primavera de 2026. Naxtra ofrece una autonomía de 500 kilómetros y una vida media de 10.000 ciclos de carga, aumentando su durabilidad.
Los recursos de materiales de China le dan una ventaja a la hora de desarrollar sus productos, además de un coste menor en su producción. Hay que tener en cuenta que el ecosistema local de software, semiconductores e inteligencia artificial alimenta una cadena de valor autosuficiente, con un 92% de componentes producidos internamente .
Y su demanda interna es otro punto a favor. Siete de cada 10 puntos de carga de todo el mundo están en China y lamitad de los coches que compran anualmente sus ciudadanos con eléctricos. Esto abre las puertas a la innovación, ya que las compañías tienen un mercado masivo donde probar sus productos.
Sin contar con una inversión en I+D respaldada económicamente por el estado, el hecho es que China se ha convertido en un auténtico laboratorio de la automoción que funciona a ritmos vertiginosos.
Algunas marcas europeas han pasado a manos de conglomerados chinos como Geely y SAIC, consolidando una colaboración industrial que va más allá de la propiedad. Esta alianza permite a los fabricantes europeos acceder a tecnología más ágil y competitiva, mientras que las marcas chinas, como BYD y Chery, instalan fábricas en Europa para esquivar los aranceles impuestos por Bruselas a los vehículos importados desde China.
El movimiento no solo reduce costes logísticos, sino que refuerza su presencia local: Leapmotor, por ejemplo, ha abierto más de 640 centros de servicio en Europa gracias a su alianza con Stellantis. Esta doble vía—cooperación tecnológica y producción local—está redefiniendo el mapa industrial del automóvil en Europa.