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Cuatro consejos para reducir riesgos financieros

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Aprende qué es la falacia del coste hundido y cómo afecta a tus inversiones (no solo de dinero)
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“Es que con todo lo que he invertido en ello, no lo voy a dejar ahora”. ¿Te suena esta frase? Es un síntoma de la falacia del coste hundido o del coste irrecuperable, que impide avanzar a empresas y ciudadanos.
Esta falacia se basa en el concepto económico de los costes hundidos. Conviene familiarizarse con él para evitar que su peso acabe por afectar a nuestra economía personal.
Los costes hundidos son aquellos en los que ya hemos incurrido, que no han ofrecido el resultado deseado y que no podremos recuperar.
Con este término económico no nos referimos solamente a dinero: puede ser también tiempo, esfuerzo o cualquier otro recurso que destinemos a una inversión, una actividad o un proyecto.
Hay una característica esencial de los costes hundidos: forman parte del pasado. Al evaluar si seguimos o no invirtiendo nuestros recursos en un proyecto determinado, lo racional sería analizar la información y mirar al futuro. Es decir, tener en cuenta datos objetivos para estimar si los beneficios esperados compensan las inversiones que haremos a partir de ahora, evaluando riesgos y oportunidades.
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Sin embargo, muchas veces tendemos a tener en cuenta solo los costes hundidos en nuestras decisiones de inversión. Esto es un error, como veremos a continuación.
Antes de continuar, conviene hacer una breve aclaración: una falacia es un argumento que encierra un error de razonamiento. Puede parecer acertada, pero no lo es porque contiene algún fallo en su lógica.
La falacia del coste hundido es la que nos lleva a continuar invirtiendo en algo que no nos ofrecerá beneficios solo porque hemos dedicado muchos recursos a ello en el pasado. Así de simple y así de habitual.
En vez de abandonar proyectos fallidos para pasar a otros, decidimos insistir. Como consecuencia, lo único que hacemos es agrandar el peso de los costes hundidos que ya tenemos.
Es decir, solo tenemos en cuenta lo que hemos invertido hasta la fecha, en lugar de analizar todos los factores que afectan a nuestra inversión.
Un ejemplo muy característico de la falacia del coste hundido en la economía familiar consiste en aferrarse a objetos que ya no cumplen bien con su función solamente porque hemos invertido dinero en repararlos con anterioridad.
El coche es el más común. Aunque llega un momento en el que hay que plantearse si llevarlo al taller cada dos por tres resulta económicamente conveniente, muchas personas posponen su cambio por otro vehículo solamente porque han gastado ya mucho dinero en repararlo.
Cómo voy a dejar ahora la suscripción al gimnasio. ¡Perdería el dinero de la matrícula!
Otra variante habitual de la falacia del coste hundido tiene que ver con las suscripciones que pagamos, pero no disfrutamos. Especialmente aquellas que exigen un desembolso extra en forma de cuota inicial o matrícula.
Esto explica por qué muchas personas no dejan de pagar la suscripción al gimnasio pese a que no van: tienen la sensación de que perderían el dinero pagado por la matrícula, aunque lo que hacen en realidad es aumentar un gasto innecesario.
Otro ejemplo habitual de falacia del coste hundido, esta vez en empresas: “Ya hemos invertido mucho en el diseño del producto. Llevémoslo a producción”.
Cuando se han invertido mucho esfuerzo y recursos económicos en el desarrollo de un producto, resulta difícil abandonarlo, aunque se adviertan señales de que no funcionará bien en el mercado.
Pese a los efectos desastrosos de la falacia del coste hundido, no siempre es un error mantener los costes hundidos.
Lo realmente problemático es mantener una inversión solamente porque se han consumido ya muchos recursos en ella.
Sin embargo, si tras un análisis objetivo se percibe un buen equilibrio entre riesgo y beneficio potencial, perseverar puede ser una buena idea si se sabe cómo hacerlo.
Un ejemplo famoso es el de Apple con su ordenador Lisa , un producto que fue un desastre comercial.
Innovación

Infografía
En vez de abandonar la idea de desarrollar un ordenador comercial, la compañía supo aprovechar partes del proyecto Lisa para desarrollar sus modelos Macintosh. Su interfaz gráfica o sus tecnologías WYSIWIG acabaron por marcar la pauta del mercado.
En el caso de las inversiones, conviene siempre mantener la cabeza fría y evaluar todos los factores que intervienen en ellas. Contar con un plan que contemple un horizonte temporal y objetivos claros ayudará en gran medida a evitar caer en esta y otras falacias dañinas para la economía personal.