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Cómo calcular la pensión de jubilación y qué cambios habrá en 2026

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Guía completa para planificar tu primer viaje internacional si eres mayor de 65 años
Tiempo de lectura | 5 min.

Para muchos jubilados, el primer viaje al extranjero llega con una mezcla natural de ilusión y prudencia.
En España, los mayores de 65 años se animan cada vez más a viajar. Así lo desvelan los últimos datos disponibles del INE : más de la mitad de los séniors (53 %) habían viajado en algún momento de 2024. Era el primer año que esto sucedía. Además, el 13 % de ellos había visitado algún país extranjero.
Todo esto no es casualidad. Se trata de la primera generación de jubilados que ha crecido expuesta a un mundo profundamente globalizado: información internacional, vuelos de bajo coste y gastronomía diversa.
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Quien hoy tiene 65 años cumplió los 30 poco después de la caída del Muro de Berlín y ha vivido décadas de apertura, estabilidad y conexión global. Si por circunstancias personales no pudo viajar entonces, resulta lógico que ahora quiera recuperar ese tiempo.
A una mentalidad más abierta se suman factores demográficos y sanitarios. Naciones Unidas estima que el número de personas mayores de 65 años se duplicará en los próximos treinta años, hasta alcanzar los 1.600 millones en 2050. Vivimos más, con mejor salud y mayor autonomía durante más tiempo.
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Los jubilados disponen de tiempo, flexibilidad y una mayor disponibilidad para viajar en temporada media. Lo tienen todo para disfrutar de un buen viaje e incluso para llevarlo un poco más allá: a un país extranjero.
¿Por dónde empezar? Con una planificación sensata, el primer viaje internacional no solo es posible para un sénior, sino que puede resultar cómodo, estimulante y, sobre todo, seguro.
Lo primero que se debe hacer es confirmar con el médico de cabecera que se está en condiciones de viajar y valorar posibles limitaciones. A partir de ahí, la elección del lugar resulta clave.
Optar por países con un clima moderado, costumbres y lengua relativamente próximas, buena infraestructura sanitaria y estabilidad general facilita mucho el estreno.
En este sentido, Europa ofrece una amplia variedad de destinos con paisajes, culturas y gastronomías diversas, bajo una misma cobertura política y económica que aporta tranquilidad.
Una vez resuelto el destino, el alojamiento es otro factor determinante. Ya sea un hotel con servicios completos o un apartamento más independiente, conviene comprobar la accesibilidad, la presencia de ascensor, la seguridad de la zona y la cercanía al transporte público o a servicios básicos.
Del mismo modo, es aconsejable confirmar la existencia de una farmacia y de un centro médico u hospital en las inmediaciones.
Antes de salir es esencial recopilar la documentación que será necesaria para viajar y que dependerá del destino elegido. Algunos países fuera de la Unión Europea requieren permisos y visados que deberán gestionarse con la suficiente antelación.
También es importante resolver con antelación otras cuestiones prácticas como los medios de pago, asegurándose de disponer de tarjetas operativas en el extranjero y de los teléfonos de emergencia del banco, así como de una tarifa móvil que permita llamar o usar datos sin sorpresas.
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Detalles aparentemente menores, como llevar un adaptador eléctrico o informarse previamente sobre la posibilidad de seguir dietas especiales, pueden marcar la diferencia durante el viaje.
En cuanto al ritmo del viaje, menos es más. Las mejores actividades de ocio para personas mayores de 65 años no son grandes atracciones, sino experiencias de baja exigencia física y alto valor emocional: paseos guiados cortos, museos en horarios tranquilos, mercados gastronómicos, conciertos de tarde, balnearios o simplemente tiempo para sentarse en una plaza y observar.
Planificar una sola actividad principal al día y dejar espacio para el descanso transforma el viaje en una experiencia verdaderamente placentera.
Además, existen numerosos descuentos para personas mayores en actividades culturales, museos e incluso hoteles. En definitiva, mejor cuatro o seis días bien organizados que diez improvisados.
La cuestión sanitaria merece un capítulo aparte. Si se viaja por el Espacio Económico Europeo o Suiza, la Tarjeta Sanitaria Europea —o su Certificado Provisional Sustitutorio— acredita el derecho a acceder a la atención sanitaria pública necesaria en las mismas condiciones que los residentes del país de destino.
Sin embargo, esta cobertura no sustituye a un seguro de viaje: no incluye asistencia privada, repatriación ni determinados gastos, y pueden existir copagos. Por ello, incluso dentro de Europa, las instituciones comunitarias recomiendan contratar un seguro complementario, especialmente relevante para las personas mayores.
Antes de salir, conviene llevar una provisión suficiente de los medicamentos habituales, conservarlos en sus envases originales y disponer de una receta o informe médico en inglés que incluya el principio activo. También puede ser útil viajar con un pequeño botiquín, un tensiómetro, así como una hoja con información médica básica y un contacto de emergencia.
Para una primera experiencia internacional, es preferible evitar trayectos excesivamente largos.
Si se opta por el avión, elegir un asiento de pasillo facilita el movimiento y, junto con una correcta hidratación, el uso de medias de compresión y pequeños paseos durante el vuelo ayudan a prevenir problemas circulatorios. Llegar con tiempo al aeropuerto y realizar los trámites sin prisas contribuye además a reducir la ansiedad.
En definitiva, viajar después de jubilarse no es solo una forma de ocio, sino una oportunidad para abrir una nueva etapa vital.
Con planificación, información fiable y un enfoque realista, el primer viaje al extranjero puede convertirse en una experiencia enriquecedora, segura y plenamente disfrutable.
Para quienes se estrenan, contar con el apoyo de familiares, amigos experimentados o una agencia de viajes especializada sigue siendo una opción sensata.