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Un tronco de madera con el estómago lleno o teas ardiendo forman parte de esta propuesta de turismo navideño
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Las tradiciones de Navidad en España más conocidas son las que compartimos prácticamente todos, desde las doce uvas de la suerte a la lotería, las inocentadas, los regalos o el árbol.
Sin embargo, hay lugares con costumbres locales que también forman parte de nuestro acervo cultural. Troncos con sorpresas, teas ardiendo, obispos pequeñitos e incluso jinetes que reparten abrazos son algunas de esas tradiciones de Navidad menos conocidas en España.
Las ganas de que lleguen las fiestas navideñas son muchas, por eso los heraldos que anuncian su llegada siempre son un motivo para el buen humor. Lo saben bien en ciertas zonas del País Vasco en las que se encargan de hacerlo los marijesiak.
Con este nombre se conoce a los grupos de hombres y mujeres que salen de ronda cantando versos sobre la Navidad desde nueve días antes.
En poblaciones como Gernika, estas cuadrillas comienzan la ronda de madrugada en el pórtico de una iglesia y van parando a las puertas de otras hasta el amanecer. La última de ellas tiene lugar la mañana de Navidad, cuando recorren el pueblo acompañados de txistularis, cantando sobre el nacimiento de Jesús.
Los regalos forman parte indivisible de la Navidad, pero recibirlos es mucho más divertido si se le sacude a un tronco disfrazado mientras se le canta una canción.
Así lo hacen en muchos hogares de Cataluña con la figura del tió de Nadal o tronco de Navidad. Se trata de un tronco de leña decorado con una barretina y una cara sonriente que llega a las casas en diciembre. Al tió se le va alimentando de galletas, pan o frutas hasta la Nochebuena y esa noche se le golpea con palos mientras se entonan villancicos y la canción del “Caga, tió”. El tió responde “cagando” regalos y a los niños les encanta.
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Una tradición secular que sirve para dar protagonismo a la infancia. Desde el siglo XV, cada 28 de diciembre un niño vestido con ropas de obispo visita distintas instituciones de la ciudad a lomos de un caballo blanco.
Se trata del “obispillo” de Burgos: los chavales de la Escolanía de los Pueri Cantores de la Catedral eligen cada año a uno de ellos para representarlos y velar por sus deseos el día de los Inocentes.
Entonces, el elegido se pasea por la ciudad, se dirige a sus vecinos desde el balcón del ayuntamiento y recuerda las reivindicaciones de los más jóvenes a quienes mandan el resto del año.
En Jerez de la Frontera (Cádiz) la Navidad, suena a compás flamenco gracias a las zambombas: reuniones de gente de los barrios donde se cantan y se bailan villancicos con este estilo.
Según la tradición oral, a finales del siglo XVII comenzaron a reunirse vecinos en los patios de los arrabales de Jerez en torno a una candela, donde compartían comida, bebida y cantes populares. Lo hacían para combatir el frío de diciembre y, poco a poco, se convirtió en tradición navideña al incorporar los villancicos y mezclarlos al son del flamenco.
En la actualidad corrales y peñas flamencas suelen acoger estas zambombas desde el 8 o 10 de diciembre. Incluso el ayuntamiento cede espacios públicos a asociaciones, hermandades y peñas para que celebren las suyas.
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El fuego forma parte de muchos ritos ancestrales que todavía hoy se llevan a cabo en España. Algunos se han convertido en tradiciones de Navidad. Es el caso de Onil (Alicante) y su nit dels fatxos, cuando enormes teas de esparto en llamas giran para iniciar la Navidad.
Los fatxos o teas se elaboran con esparto y tienen un origen pagano, cuando se elaboraban para iluminar y dar calor a los hogares de la sierra.
Hace ya siglos que los vecinos del pueblo los elaboran para hacerlos rodar (dar vueltas en el aire) en Nochebuena antes de cenar, en una tradición espectacular.
Una de las tradiciones de Navidad en España más antiguas consiste en pedir el aguinaldo, cuyo origen se sitúa en la cultura celta como un regalo para celebrar el año nuevo.
En el concejo de Ponga (Asturias), es habitual que varias decenas de aguinalderos a caballo recorran las casas del lugar de Beleño para cantar, pedir el aguinaldo y desear salud y prosperidad a sus habitantes.
En la madrugada del Año Nuevo se realiza un sorteo de mozos y mozas que forman parejas para intercambiar regalos e invitaciones a merendar.
Al mediodía siguiente se elige entre ellos al guirria, un personaje mitológico enmascarado que se dedica a abrazar y marcar con ceniza a distintas personas que se va encontrando en su recorrido.