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Ruta de Garafía a Breña Baja

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Descubre estos pueblos que han apostado por la sostenibilidad y se han convertido en ejemplo de equilibrio entre turismo y entorno
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¿Es posible un modelo sostenible que protege su entorno, promueve la economía local y ofrece al visitante una experiencia auténtica y respetuosa? Estos cinco pueblos lo han logrado.
El equilibrio entre patrimonio, biodiversidad y hospitalidad no es solo una meta, sino una forma de vida. Sostenibilidad y turismo se abrazan: desde iniciativas ecológicas hasta la recuperación de tradiciones, estas localidades demuestran que otra forma de viajar es posible: una que cuida, conecta y transforma.

Al sur de la provincia de Córdoba, en el corazón del Parque Natural de las Sierras Subbéticas, se encuentra la localidad de Cabra. Distinguido como Mejor Pueblo Mágico de España en 2025 por su patrimonio histórico, cultural y medioambiental, también ha sido designado Pueblo Comprometido con la Sostenibilidad por la revista AireLibre, gracias a su esfuerzo por integrar la sostenibilidad en el turismo y la gestión local.
Este último reconocimiento destaca la promoción de un “equilibrio entre el desarrollo económico, la protección del medio ambiente y el bienestar de sus habitantes”.
El municipio ha sabido combinar la conservación de su patrimonio cultural con iniciativas como el oleoturismo o la observación de aves. En sus sierras se pueden avistar buitres y águilas reales y perdiceras, mientras que en sus lagunas los aficionados a la ornitología disfrutarán de flamencos y perdices rojas, entre otras especies.
A esto se suma la certificación de Destino Starlight a la Mancomunidad de la Subbética, que aprovecha la pureza de los cielos para fomentar el astroturismo.
La Ruta del Botánico de Santa Rita es un muestrario de la diversa flora de la falda norte de la Sierra de Cabrera, perfectamente identificada y documentada en tablillas. Un vistazo al centro de visitantes también ayuda a conocer la importancia de este espacio natural.
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Por último, para los más activos, un ascenso al Mirador de la Cabrera (1.205 metros de altura) ofrece unas vistas magníficas del Lapiaz de los Lanchares y el Picacho de la Ermita de la Virgen de la Sierra.
Esta propuesta de senderismo es circular, se extiende por unos dos kilómetros sin apenas desnivel, por lo que es una ruta recomendable para toda la familia. El punto de partida es la zona recreativa de Santa Rita habilitada para la ruta, con aparcamiento incluido.

En la Comunidad de Madrid, hablar de El Boalo es hablar de vanguardia en sostenibilidad. Este pequeño municipio es, junto con Cerceda y Mataelpino, el pionero en aplicar los principios de la economía circular y el residuo cero.
El Ayuntamiento puso en marcha en 2016 proyectos como el compostaje doméstico, la recogida puerta a puerta y los avicomposteros escolares, donde los niños alimentan a las gallinas con restos orgánicos del comedor.
El Boalo también aprovecha su situación en la vertiente meridional de la Sierra de Guadarrama. El municipio cuenta con un rebaño municipal de cabras de la especie local para el desbroce natural de parcelas, evitando incendios y recuperando tradiciones locales.
Este rebaño surte de leche a una quesería artesanal. Además, el Ayuntamiento ha impulsado huertos sociales y un mercado digital gestionado por mujeres emprendedoras, generando empleo y fortaleciendo el comercio de proximidad.
El Boalo ha impulsado huertos sociales y un mercado digital gestionado por mujeres emprendedoras, generando empleo y fortaleciendo el comercio de proximidad.
Para conocer los rebaños de El Boalo, qué mejor que una ruta urbana y por sus vías pecuarias. Partiendo de la plaza del Ayuntamiento se puede recorrer el camino hasta el abrevadero y más adelante hasta la ermita de San Isidro Labrador.
En nuestro camino podemos encontrarnos con ejemplares de la cabaña bovina de la zona, de la raza avileña negra (autóctona madrileña), la charolesa y la limusina. A partir de ahí, se continúa por la Senda de las Cabras. Se desciende, encontrando al paso el arroyo del Herrero y cruzando el puente antiguo de vuelta a El Boalo. La ruta tiene 5 kilómetros de largo y escasa dificultad.

Mura solo tiene un par de centenares de habitantes, pero es una joya medieval del Bages. A tan solo 55 kilómetros de Barcelona, este pueblo ha conseguido preservar su esencia manteniendo el respeto a su entorno. Por ello, ha sido distinguido por ONU Turismo con el título de “Best Tourism Villages” del mundo.
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El municipio tiene paisajes propios de postal, sus casitas de piedra mantienen un encanto medieval en un paraje singular como el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac. Corona el conjunto la iglesia románica de San Martí.
Un paseo por Mura nos descubre las antiguas tinas de piedra para la elaboración de los famosos vinos de la tierra, conservadas gracias a los esfuerzos de los vecinos. Otra muestra de este afán por mantener las tradiciones es la Festa del Tió, que tiene lugar en navidad y que pone de manifiesto el valor de la artesanía local.
El turismo responsable y la innovación rural están presentes en sus rutas por el Parque Natural. Un ejemplo es el sistema de sensores de aparcamiento inteligente, que proveen de información en tiempo real de disponibilidad de plazas en los estacionamientos municipales que, además, sirven para una gestión óptima del flujo de visitantes con el fin de minimizar su impacto ambiental.
La Ruta de las 1.000 Fuentes es un recorrido circular de 4,63 kilómetros de longitud, bastante accesible. Como su nombre indica, propone un paseo fresco por montones de fuentes en medio del exuberante paisaje del Bages.

La comarca del Sobrarbe es un enclave lleno de cultura y naturaleza de los Pirineos, lugar donde se encuentra Aínsa. Se trata del segundo municipio español en recibir la distinción de “Best Tourism Villages” del mundo, que también tiene Mura.
El municipio ha instalado paneles solares en edificios públicos, desarrollado aparcamientos inteligentes y promovido la movilidad eléctrica, todo ello con el objetivo de reducir su huella de carbono.
Destaca por su valor medioambiental el proyecto es Aínsa-Sobrarbe Ecocircular, que combina la gestión sostenible del matadero municipal con la alimentación de aves necrófagas, visitas guiadas y jornadas de sensibilización. Desarrollado junto a la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, ha obtenido la distinción del Congreso Nacional de Medio Ambiente.
Aínsa, en plena confluencia de los ríos Cinca y Ara, es punto de partida para visitar el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, el Parque Natural Posets-Maladeta o el Parque Natural de la Sierra los Cañones de Guara, con centenares de rutas de distintas complejidades y características.
Y por si fuera poco, celebra el Climatic Festival, organizado también en colaboración con la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, que ofrece a sus asistentes talleres, teatro y actividades educativas para fomentar la conciencia ambiental.

El río Jerte y la Ruta de la Plata se dan encuentro en Carcaboso, un pueblo de origen romano que no dudó en apostar por la sostenibilidad hace ya más de una década, ganándose el sobrenombre de “el pueblo más sostenible de España”.
Su compromiso con la conservación del entorno y el desarrollo responsable se ha convertido en un motor que impulsa el turismo ecológico, destacando por iniciativas como el Ecoparque de Carcaboso. Este espacio combina biodiversidad, educación ambiental y actividades al aire libre para toda la familia.
Rodeado de paisajes de gran belleza, como la Sierra de Carcaboso, el pueblo ofrece rutas de senderismo, observación de aves y talleres de sostenibilidad que promueven el respeto por la naturaleza y la profundización en el estilo de vida local, con fuertes vínculos con la ganadería y agricultura.
Carcaboso también ha sabido preservar su patrimonio histórico y arquitectónico sin renunciar a la innovación sostenible a través de proyectos de reforestación, uso responsable de recursos y promoción de energías renovables.
Su cercanía al Parque Natural de Monfragüe refuerza su atractivo como punto de partida para explorar uno de los espacios protegidos más importantes del país. Desde Carcaboso puede hacerse un recorrido lineal de 4 horas al yacimiento romano de Caparra y al centro de interpretación adjunto.
Se trata de un camino sencillo, que alterna cañada con una calzada romana y que nos recuerda que naturaleza, actividad humana, patrimonio y turismo son compatibles.