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Las claves de CaixaBank Wealth Management para gestionar el patrimonio de futbolistas y deportistas de élite y evitar riesgos financieros cuando llega su retirada
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Con frecuencia, vemos noticias sobre las importantes cantidades de dinero que ganan los deportistas de élite. Pero hay una pregunta que, desde mi experiencia, es clave: ¿qué pasa con ese dinero cuando dejan de competir? ¿Cómo se gestiona el patrimonio de un deportista de élite cuando se retira?
No es una cuestión menor. Según el famoso estudio Sports Illustrated, casi el 78% de los jugadores de la NFL y el 60% de los de la NBA se declaran en quiebra a los 5 años de dejar de jugar.
Más allá de las cifras concretas, el mensaje es claro: el riesgo existe y no es tan excepcional como puede parecer.
En España no tenemos estadísticas equivalentes, pero sí algunas referencias que ayudan a dimensionar el contexto. El convenio colectivo establece que el salario mínimo de un futbolista de Primera División es de 195.000 euros, pero en la práctica los ingresos están muy por encima.
Si tomamos como referencia el conjunto de los Clubes de La Liga, las cifras agregadas apuntan a salarios medios superiores a los 4 millones de euros. Sin embargo, este dato está claramente distorsionado por el peso de los grandes clubes y de las grandes estrellas.
Cuando aterrizamos a la realidad del colectivo, es más representativo pensar que la mayoría de los jugadores —en torno al 70%— se sitúan en rangos de entre 1,5 y 2 millones de euros brutos al año.
Nos quedemos con las cifras con las que nos quedemos, es evidente que se trata de cifras elevadas sin duda, pero con una particularidad muy relevante: se concentran en un periodo muy corto de la vida profesional. Y eso genera un desequilibrio claro: ingresos altos durante unos años y, a partir de ahí, una caída brusca de la capacidad de generar renta.
En los años que llevo trabajando con deportistas de élite, he visto prácticamente de todo. Y la realidad es clara: los problemas patrimoniales no son una excepción.
Por eso, cuando hablo con ellos, siempre insisto en una idea: no hay que pensar que la quiebra solo llega en casos extremos, de mala cabeza o de decisiones irresponsables. No es así. Le puede pasar a perfiles muy parecidos a ellos, con carreras similares y trayectorias aparentemente bien gestionadas.
Precisamente por eso, es fundamental anticiparse. La clave está en hacer bien una serie de cosas desde el principio para que, cuando llegue la retirada, se pueda mantener un nivel de ingresos razonable y, sobre todo, conservar y hacer crecer el patrimonio que se ha generado durante la carrera deportiva.
Cuanto trabajamos con deportistas, solemos partir de una idea muy sencilla, pero que cambia completamente la forma de tomar decisiones: “el día que dejes de jugar, tus ingresos desaparecen”.
Evidentemente, en la mayoría de los casos no será así. Algunos siguen vinculados al deporte , otros emprenden o desarrollan nuevas fuentes de ingresos. Pero plantear el escenario más conservador nos obliga a ordenar bien las decisiones desde el principio.
El día que dejas de jugar, tus ingresos desaparecen. Ordena las decisiones desde el principio: ahorra y planifica
A partir de ahí, toda gira en torno a dos conceptos muy claros: ahorro y planificación.
El primero va más allá de guardar dinero. Tiene que ver con algo en lo que insisto mucho: no gastar en función de lo que se gana durante la carrera, sino en función de lo que se va a necesitar a lo largo de toda la vida. Porque los ingresos, antes o después, caen de forma muy relevante.
Y, en paralelo, está la planificación. El objetivo es sencillo de entender: si la esperanza de vida está en torno a los 80-85 años, el patrimonio tiene que acompañarte hasta esa edad, no solo durante la etapa profesional. Y eso implica que la planificación no puede empezar cuando la retirada está cerca, sino mucho antes. Idealmente, desde los primeros contratos.
He vivido este proceso muchas veces. Recuerdo especialmente el caso de un jugador con el que empezamos a trabajar dese muy joven, acompañado por su madre. Al principio, su nivel de implicación era limitado, algo bastante habitual. Pero todo cambió cuando sufrió una lesión importante en el momento clave de su carrera. Ese fue el punto en el que entendió de verdad el riesgo y empezó a involucrarse en la gestión de su patrimonio. A partir de ahí, la forma de tomar decisiones cambió completamente.
Hay una idea muy básica en inversión que en el caso de los deportistas cobra aún más importancia: no concentrar tus inversiones en un único tipo de activo. O como se dice más comúnmente, “no poner todos los huevos en la misma cesta”
Cuando alguien acumula mucho dinero en un periodo muy corto de tiempo —como ocurre en el deporte profesional—, la tentación suele ser buscar inversiones que permitan maximizar la rentabilidad sin poner atención al riesgo.
Sin embargo, desde el punto de vista patrimonial, ese no debería ser el objetivo principal. En el caso de un deportista, la prioridad tiene que ser preservar el patrimonio generado durante su carrera.
La prioridad debe ser preservar el patrimonio generado durante la carrera. La diversificación es clave
Eso implica asumir un enfoque más equilibrado, en el que no se trata tanto de “ganar más”, sino de proteger el capital frente a riesgos innecesarios y al efecto de la inflación. Y es precisamente en este contexto donde la diversificación cobra sentido.
Aun así, en la práctica, es bastante habitual ver lo contrario: niveles de concentración elevados, muchas veces en activos conocidos o cercanos.
Recuerdo el caso de un futbolista que había invertido en diez viviendas… y todas en Madrid. Más allá de que el activo pueda ser válido, el problema estaba en la concentración: mismo tipo de inversión y mismo mercado. ¿Qué ocurre si cambian las condiciones regulatorias, fiscales o de mercado en esa zona? El riesgo no es la inversión en sí, sino depender demasiado de una sola decisión.
Por eso, una de las claves en la gestión patrimonial es estructurar bien el conjunto: combinar distintos tipos de activos, sectores y, en la medida de lo posible, geografías. No se trata de hacer cosas complejas, sino de evitar depender de una única fuente de rentabilidad.
En este sentido, modelos como la regla del 50-40-10 pueden servir como referencia. No es una fórmula rígida, pero sí una buena guía para distribuir el patrimonio: una parte relevante en activos financieros (aproximadamente un 50%), otra en inmobiliario (un 40%) y una porción más limitada en inversiones alternativas, más ilíquidas y con mayor riesgo (un 10%). Más allá del porcentaje exacto, lo importante es el principio: diversificar de verdad para reducir riesgos y dar estabilidad al patrimonio en el largo plazo.
Cuando un deportista empieza a generar ingresos relevantes, hay algo que siempre ocurre: aumenta exponencialmente el número de oportunidades de inversión que le llegan. Y muchas de ellas vienen a través de su entorno cercano.
Propuestas de negocio, inversiones, proyectos… algunas pueden tener sentido, otras no tanto. Pero hay una realidad que conviene tener clara: no existe la “súper idea” que garantice resultados. Y, en muchos casos, detrás de esas oportunidades no hay un análisis riguroso ni experiencia en gestión patrimonial.
No se trata de desconfiar de todo, pero sí de entender que gestionar un patrimonio exige un nivel de especialización y de criterio que va más allá de tener una buena intuición o una idea atractiva.
Por eso, uno de los mensajes que intento trasladar siempre es que el patrimonio hay que gestionarlo con el mismo nivel de exigencia con el que se cuida la carrera deportiva.
El patrimonio hay que gestionarlo con el mismo nivel de exigencia con el que se cuida la carrera deportiva
Igual que un deportista se rodea de un equipo especializado —su representante, su preparador, su readaptador, su nutricionista—, la gestión de su patrimonio también requiere un enfoque profesional y multidisciplinar.
No basta con apoyarse en gente de confianza; es clave contar con un equipo que entiendan sus especiales particularidades y que cubra todas las áreas relevantes: asesoramiento legal, fiscal, inmobiliario y, por supuesto, financiero. Solo así se pueden tomar decisiones con criterio y con una visión global.
Aquí también juega un papel importante la familia, que muchas veces está muy presente en este proceso. Con la mejor intención, pero sin necesariamente tener el conocimiento técnico suficiente, puede influir en decisiones relevantes. Por eso, el equilibrio está en acompañarse de profesionales que ayuden a ordenar, dar criterio y tomar decisiones con una visión de largo plazo.
De todo lo anterior se desprende una idea bastante clara: gestionar bien el patrimonio es tan importante como generarlo, y hacerlo no es sencillo.
Precisamente por esa complejidad, el acompañamiento tiene que ser especializado. En nuestro caso, en CaixaBank Wealth Management contamos con un equipo de 30 gestores especialistas, que hoy atiende a más de 800 clientes deportistas profesionales y gestiona más de 1.500 millones de euros de saldos bajo gestión, con un enfoque basado en la planificación, la visión a largo plazo y en la formación financiera.
En ese sentido, impulsamos de forma recurrente sesiones de trabajo con las primeras plantillas y equipos filiales de los Clubes de fútbol de primera y segunda división, donde abordamos estas cuestiones desde un enfoque muy práctico tratando de concienciar a los deportistas de preparar cuanto antes el “día después de la retirada”. Este año nos hemos reunido con las primeras plantillas del Real Oviedo y el Elche CF, y con equipos filiales del Atlético de Madrid, RCD Mallorca, Real Betis y Sevilla.
El último de ellos tuvo lugar en el mes de marzo junto a toda la plantilla y cuerpo técnico de filial del RCD Mallorca, en una sesión en la que reflexionamos sobre la importancia de pensar en el futuro, repasando casos concretos de deportistas que han reconocido públicamente haber cometido grandes errores en la gestión de su patrimonio con inversiones fallidas, y la especial relevancia que tiene formarse e informarse sobre el destino de las mismas.
Y es que damos muchísima importancia a la formación financiera. Porque somos unos auténticos convencidos de que la calidad de las decisiones mejora de forma muy clara cuando se entiende qué se está haciendo y por qué se está haciendo.