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La tecnología se alía con mayores y personas con discapacidad para hacer su hogar más accesible. Estos son algunos ejemplos
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Abrir una puerta, encender una luz o bajar una persiana son gestos automáticos para la mayoría de las personas. Sin embargo, para millones de ciudadanos pueden convertirse en pequeñas barreras diarias que limitan la autonomía y la seguridad dentro de su propia casa.
Por suerte, hoy disponemos de una tecnología para el hogar, la domótica, que puede ayudar a resolver muchos de estos problemas cotidianos.
En España viven cerca de 4,4 millones de personas con algún tipo de discapacidad, según el INE. A estas se suman muchas personas mayores con limitaciones funcionales asociadas a la edad.
En Europa, aproximadamente una de cada cuatro personas adultas declara dificultades duraderas en actividades cotidianas. No todas cuentan con redes de apoyo suficientes o cuidadores disponibles las 24h, pero la mayoría desea seguir viviendo en su propio hogar. Esto convierte la accesibilidad doméstica en una urgencia real en una sociedad cada vez más longeva.
En este marco, la domótica deja de ser un concepto asociado solamente al confort o al ahorro energético para adquirir un significado más social, cuyo objetivo principal es la autonomía personal y la seguridad.
En hogares adaptados se utilizan, por ejemplo, sistemas de iluminación que se activan automáticamente, asistentes de voz para abrir puertas y persianas, sensores de movimiento para personas con movilidad reducida o discapacidad visual, así como alarmas luminosas para personas con discapacidad auditiva.
Se trata de soluciones que forman parte de una tendencia más amplia conocida como AgeTech, un sector que desarrolla tecnologías pensadas precisamente para responder al envejecimiento de la población, en el intento de prolongar la vida independiente en el hogar.
La seguridad es uno de los ámbitos donde la tecnología domótica puede marcar mayores diferencias.
De hecho, las caídas domésticas, según la Organización Mundial de la Salud, son una de las principales causas de lesiones y pérdida de autonomía en personas mayores. Muchas podrían evitarse anticipando situaciones cotidianas.
Algunas soluciones incorporan sensores capaces de detectar patrones de movimiento anómalos y generar alertas si una persona sufre una caída o cambia su rutina habitual.
Un ejemplo interesante es Nobi , una lámpara inteligente desarrollada en Europa que utiliza sensores y visión artificial para detectar caídas en el hogar y avisar automáticamente a familiares o servicios de asistencia.
En el acceso físico a la vivienda aparecen también nuevas soluciones. Hay empresas que están desarrollando, por ejemplo, puertas inteligentes que se abren automáticamente cuando el usuario se aproxima.
Es el caso de la Doma Intelligent Door , un sistema que combina sensores, reconocimiento facial y cerraduras inteligentes para permitir un acceso completamente automático al hogar. Lo mismo se aplica a ventanas y persianas.
Existen además adaptaciones para necesidades sensoriales diferentes. Las personas sordas o con pérdida auditiva pueden utilizar avisos luminosos conectados al timbre, a alarmas de incendio o a detectores de gas.
Cuando se activa alguno de estos sistemas, se encienden señales visuales en la vivienda y se envía una alerta al teléfono móvil, facilitando una respuesta inmediata.
Otra tecnología que ha demostrado un impacto inmediato en la accesibilidad doméstica son los asistentes de voz. Permiten controlar luces, termostatos, puertas o electrodomésticos mediante comandos hablados, evitando desplazamientos o la manipulación de interruptores.
En España, por ejemplo, startups como Tucuvi han desarrollado asistentes virtuales basados en inteligencia artificial que realizan llamadas automatizadas para hacer seguimiento del estado de salud de personas vulnerables.
La domótica aplicada a la accesibilidad no pretende convertir las viviendas en espacios futuristas. Su función es eliminar obstáculos, anticipar riesgos y facilitar decisiones cotidianas.
Cuando funciona bien, casi no se nota. Pero para quien la utiliza, la diferencia puede ser enorme, la que marca la distancia entre dependencia y autonomía. Y el verdadero objetivo de la tecnología debería ser volvernos más libres, especialmente en nuestra propia casa.
Estas propuestas muestran cómo la domótica evoluciona desde la simple automatización hacia modelos más preventivos y personalizados.
No obstante, un aspecto clave a considerar es que no existe una única solución válida para todos. Cada vivienda y cada persona presentan necesidades diferentes, por lo que la eficacia de esta tecnología para el hogar depende en gran medida de su adaptación a las rutinas reales del usuario.
En este sentido, el apoyo de profesionales o familiares facilita que la tecnología se incorpore con normalidad al día a día, especialmente en el caso de personas mayores.
Eso sí, quedan por superar algunos obstáculos decisivos. El coste inicial puede ser uno de ellos, aunque la popularización de asistentes de voz y dispositivos conectados ha reducido considerablemente los precios.
También influyen la compatibilidad entre sistemas, la instalación o las dudas sobre privacidad en presencia de sensores que registran actividad en el hogar. Superar estas barreras requiere información clara y soluciones cada vez más sencillas de usar.
Lo importante es entender que ya no se trata de ciencia ficción, sino de una realidad con un impacto notable en toda la población.