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Siete de cada diez clientes de oficinas móviles, con las que CaixaBank llega a 1.413 pequeñas localidades, tiene más de 65 años
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Leonor Juez, de 76 años, espera en la Plaza del Ayuntamiento de Colmenar del Arroyo, una pequeña localidad de 2.000 habitantes situado a poco más de 60 kilómetros de Madrid. Reconoce que hoy es un día especial, porque es “una de las mejores visitas a Eva de todo el año”.
Eva Martín-Moyano es su gestora y, a los pocos minutos, la saluda desde el asiento de copiloto de la oficina bancaria con ruedas que enfila la calle Real. El vehículo para, Eva se baja y saluda a Leonor y al resto de vecinos. Mientras se ponen al día, Nacho, el conductor, sube la persiana de la oficina móvil de CaixaBank y monta las escaleras.
Entre los vecinos se dan “la vez” atendiendo a sus necesidades porque, aprovechando el día soleado, reconocen que algunos tienen menos prisa que otros esa mañana. Leonor, carro en mano, tiene que ir a hacer la compra y Águeda Domingo, de 74 años, tiene que llegar a la escuela del pueblo a por su nieta.
Turno de Leonor. “Vengo a pagar el viaje del IMSERSO, me voy a Lanzarote con mi amiga viajera. Me apetece mucho y no me pierdo una”, cuenta mientras le pide a Eva que le pague “el viaje y, también, las excursiones de allí”.
Leonor reconoce que utiliza la banca online porque lo mira “al instante”, pero también admite que le gusta recurrir al ofimóvil porque “Eva, en tres minutos, lo deja solucionado” y, mientras, rememora con ella sus viajes anteriores a Torremolinos o Palma de Mallorca.
A continuación, sube Águeda que, aprovechando que acaba de cobrar la pensión, acude a su oficina para sacar dinero y, también, para pagar la factura de la Asociación de mujeres del pueblo que, cuenta, está preparando varios cursos en los que está interesada y una merienda que no se pierde por nada del mundo.
Félix Gómez, de 77 años, también está de los primeros en la cola. Reconoce que le “va bien” no tener que depender de que alguien le acerque a Navas del Rey, donde está su oficina bancaria de referencia, para poder gestionar sus “finanzas mensuales”. Jubilado desde 2014, era mecánico de automóvil, pero ya no tiene carné de conducir.

Tampoco lo tiene Ángel Herbella, de 81 años. Gallego de nacimiento, vivió 48 años en Alemania. Allí gestionaba un negocio que importaba verduras españolas y, aunque aún tiene acento, dice sentirse “hijo adoptado” de Colmenar, donde vive con su hermana Ermitas, diez años menor, desde que regresó a España para quedarse en 2018.
Ahora tiene una vida tranquila junto a su familia y apenas sale de Colmenar. “El servicio de oficinas móviles es una maravilla porque, si no, estaríamos abandonados. Yo tengo mi app, mi sobrino me ayuda y sigo mis cuentas, pero no hago pagos. Lo miro, pero en la oficina móvil saco efectivo cada quince días, abono alguna transferencia y pago facturas”, relata.
Alicia Narro, de 64 años, es peruana pero después de vivir varios años en Madrid, donde aún residen la mayoría de sus cinco hijos y once nietos, ahora regenta uno de los bares del pueblo, ‘La Parada’. Tener la sucursal dos veces al mes en Colmenar del Arroyo la ayuda con las gestiones de su comercio.
Retirar efectivo, hacer ingresos y pagar recibos e impuestos son las operaciones bancarias más habituales que se llevan a cabo en las 34 oficinas móviles con las que CaixaBank recorre más 75.000 kilómetros al mes para garantizar la inclusión financiera, a cierre de 2025, en un total de 1.413 pequeñas localidades y zonas rurales.
En estas poblaciones, de un total de 17 provincias, viven cerca de 635.000 personas y los clientes de Eva no son una excepción. Siete de cada diez personas atendidas en una oficina móvil de CaixaBank son mayores de 65 años, lo que pone de manifiesto el compromiso de la entidad con el colectivo sénior para llevar a las puertas de sus casas una banca cercana y personalizada.
“La mayor parte de nuestros clientes están jubilados, hacen operaciones de caja: transferencias, reintegros, pagos de viajes o de recibos… Se sienten como en casa, me cuentan sus alegrías y sus penas, tienen confianza y es una satisfacción que se vayan contentos”, reconoce Eva.
Hoy ella también se va con una sonrisa. Juan Extremera, de 84 años, su último cliente de la mañana, al poner la cartilla al día y sacar dinero, le ha contado que desde hace cuatro días ha crecido su presupuesto para la paga porque a sus tres nietos se ha sumado su primer bisnieto, Sergio. En quince días, las gestiones financieras vendrán acompañadas de nuevas historias.