EMPRENDIMIENTO
La edad de las primeras veces
Especial
Avances médicos y nuevos desafíos confluyen en una sociedad donde, para 2050, un tercio de la población superará los 65 años
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El fenómeno de la longevidad en España no responde a una causa única. Los avances médicos, la reducción de la mortalidad infantil y el cambio de hábitos explican el aumento de la esperanza de vida.
Y esto trae consigo una serie de desafíos que hay que afrontar para que vivir más signifique también vivir mejor, porque la previsión es que, en 2050, casi un tercio de la población española supere los 65 años.
En España vivían 15.911 personas centenarias en 2024. Pueden parecer pocas, pero suponían un nuevo máximo histórico, un incremento del 8,5 % respecto al año anterior (2023) y la continuación de una tendencia ascendente que no para desde 2001. ¿Qué suponen estos indicadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ?
La población envejece con rapidez. Actualmente, casi 10 millones de ciudadanos españoles (de 48,6 millones totales) tienen 65 o más años. Suponen un 20,4% de la población. Las previsiones refuerzan esta tendencia. Este segmento de la población superará en 2045 los 15,9 millones y representará el 29,2% de la ciudadanía, según el INE.
Según el informe El impacto de la edad en el mercado de trabajo y en la resiliencia de las empresas en España , elaborado por la Universidad de Salamanca y Oxfords Economics, en España habrá 16 millones de personas mayores de 65 años en 2050. Los mayores de 50 años serán casi la mitad de la población.
Estas previsiones no son baladís. El envejecimiento de la población y el inevitable aumento de las ratios de dependencia pueden disminuir los ingresos fiscales e incrementar el gasto público de manera sustancial, según el economista Javier García-Arenas .
“La presión alcista de la demografía sobre las finanzas públicas será intensa en España y en Europa”, apunta en su artículo “El impacto del envejecimiento en las finanzas públicas: un verdadero reto para España y Europa ”, publicado en el Informe Mensual de septiembre de 2025 de CaixaBank Research.
Las previsiones económicas son igualmente reveladoras. García-Arenas sostiene que, de no haber cambios importantes en las políticas económicas, el gasto público en pensiones aumentaría del 12,7 % del PIB en 2022 al 16,1 % en 2050. Un incremento (3,4 %) muy superior al de la media europea.
La masiva jubilación de los baby boomers españoles no se compensará por el paulatino ingreso al mercado laboral de las nuevas generaciones ni por flujos migratorios dinámicos, argumenta el experto. El panorama es delicado: “Así, sumando pensiones, sanidad y cuidados, el gasto público total relacionado con el envejecimiento pasaría en España del 20,3% del PIB en 2022 al 25,5% del PIB en 2050”, estima.
¿A qué se debe este escenario futuro? ¿En qué se basan estas predicciones demográficas y económicas? No hay una respuesta única. Los enfoques sociológicos y científicos, sanitarios y sociales pueden dar pistas de forma conjunta.
Antonio Ayala, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad de Sevilla, comienza desde lo básico: “El envejecimiento es un proceso bastante complejo. Tan complejo que no sabemos por qué ocurre o cuál es su causa”, admite.
La literatura científica, no obstante, ya conoce los cambios moleculares y celulares que ocurren conforme una persona cumple años e incluso ciertos factores que acortan o alargan la vida, como la falta de descanso, el sedentarismo o el tabaquismo.
“Pero lo verdaderamente importante no es la expectativa de vida, sino la expectativa de vida libre de discapacidad; es decir, los años que vivimos sin problemas serios de salud que te obliguen a permanecer hospitalizado”, recalca el experto.
Porque hoy la salud va mucho más allá de la ausencia de enfermedad. Es una triada entre salud física, mental y social. Sí, social: Ayala subraya que una de las características comunes entre las personas centenarias, aquellas que viven entre 20 o 30 años más que el resto, es su abundante trato social.
Lo contrario perjudica: “La soledad mata; se afirma, incluso, que la soledad no deseada mata más que el tabaco”, asegura el bioquímico.
Un 15,8% de los españoles sufre soledad no deseada, porcentaje que alcanza un 50,6% entre personas con discapacidad, según el estudio sobre discapacidad y soledad no deseada en España de Fundación ONCE .
En este sentido, el entorno es fundamental. Para Antonio Ayala no tiene nada que ver, por ejemplo, envejecer en un entorno urbano que en uno rural. Los pueblos aseguran el trato cercano entre personas y facilitan la vida social; el contacto con la naturaleza libera endorfinas, cierto tipo de moléculas de la felicidad. Por otro lado, las ciudades están mucho más contaminadas y se prestan al estrés y a la prisa: “El estrés envejece y mata”, insiste Ayala.
Para Julio Pérez Díaz, investigador del CSIC y experto en demografía, una red de apoyo cercana resulta igualmente clave. El contacto frecuente y profundo con amistades o entre los miembros de una familia es de una importancia capital para cualquier persona mayor. Pero Pérez Díaz matiza las bondades del medio rural. “Es evidente que (en los pueblos) hay muchos menos servicios, incluidos los esenciales, como los sanitarios”.
Las distancias son más grandes y, por lo tanto, los traslados en caso de urgencia son incómodos y hasta peligrosos. “El abandono rural explica el despoblamiento”, explica Pérez Díaz. Y agrega: “Tenemos muy idealizadas las relaciones humanas en los entornos rurales. Es verdad que los vecinos de un pueblo se pueden llevar muy bien y ayudarse mutuamente; pero también tenemos el caso contrario”.
Según el INE, un 28% de los centenarios reside en las provincias más pobladas, como Madrid o Barcelona (15,6% y 12,5%, respectivamente), seguidas de Valencia (4,1%), A Coruña (3,5%) y Asturias y Vizcaya (3,1%).
España es uno de los países del mundo con la esperanza de vida más alta. El aumento de este índice se explica sobre todo por dos motivos, según Pérez Díaz: el descenso de la mortalidad infantil, que llegó a situarse en uno de cada cinco niños en la España de comienzos del siglo XX; y los avances médicos en torno a enfermedades con grandes índices de mortalidad, como las coronarias.
España es uno de los países del mundo con la esperanza de vida más alta por el descenso de la mortalidad infantil y los avances médicos
“Los sistemas públicos o privados de bienestar social no están actualmente preparados para este aumento de la población envejecida. Creo que las administraciones no son conscientes de lo que está ya empezando. Las generaciones nacidas en los 60 y en los 70 seremos un tercio de la población de España”, recalca con cierta preocupación el investigador del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Centro de Ciencias Humanas y Sociales.
No obstante, esto viene de lejos. Julio Pérez recuerda que la Organización Mundial de la Salud (OMS) comenzó a hablar a partir de la década de los ochenta de “servicios sociosanitarios” dada la importancia de integrar las atenciones médica y social.
En la OMS sabían que la población envejecida aumentaba y que, por lo tanto, el envejecimiento debía ser activo y más saludable. Porque a pesar de que es normal que aparezcan enfermedades a medida que se cumplen años, sobre todo crónicas, Pérez Díaz evita asociar edades avanzadas con discapacidad o dependencia.
Las personas mayores pueden estar “perfectamente bien de salud”, subraya. De hecho, el investigador rompe algunos estereotipos: las personas con discapacidad también adoptan el rol de cuidadores de sus familiares y la mejora en la esperanza de vida de los hombres los ha reconvertido en cuidadores domésticos.
Ciertas cosas, eso sí, no cambian: la mayor parte de las personas prefiere envejecer en su casa antes que en una residencia. Los problemas surgen cuando los mayores necesitan la presencia de otras personas, cuando son dependientes.
Pero, ¿por qué envejecemos? ¿En qué consiste ese proceso universal del que nadie escapa? Antonio Ayala profundiza en ciertos factores de una forma muy divulgativa. Absolutamente todo nos influye y, en el peor de los casos, nos perjudica.
El aire que respiramos, los alimentos que comemos o el agua que bebemos contienen un conjunto de compuestos xenobióticos, ajenos al organismo humano, aún más presentes en entornos urbanos contaminados.
La exposición a estos compuestos estimula la producción endógena de radicales libres, cuya acumulación promueve a su vez el envejecimiento prematuro. Aquí entra en juego el Citocromo P-450.
Se trata del sistema corporal de desintoxicación para hacer más solubles a los compuestos xenobióticos y que resulten así excretables por la orina. Sin embargo, el proceso entraña riesgos.
“Hacer trabajar al Citocromo P-450 para eliminar todos aquellos xenobióticos a los que nos exponemos implica más oxidación, lo que implica más envejecimiento prematuro”, añade catedrático de Bioquímica y Biología Molecular.
Existen los llamados “genes de la longevidad” que contribuyen a alargar o acortar la vida
Antonio Ayala
Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular
¿Los factores externos son más determinantes que los genéticos? “Se puede discutir”, sentencia. A priori, el entorno y los hábitos contribuyen en un 70% al envejecimiento; la genética, un 30%. Pero estos porcentajes no pueden aplicarse a todas las personas.
Existen los llamados “genes de la longevidad” que contribuyen a alargar o acortar la vida, y sobre los que se puede intervenir para activarlos o inhibirlos mediante terapia génica. Antonio Ayala es más partidario de intervenir farmacológicamente sobre las proteínas que se producen a partir de estos genes.
“Las proteínas son las que verdaderamente trabajan a nivel celular”, señala. Y ejemplifica: “Cuanto más activa tengamos la AMP quinasa, una proteína, más viviremos, supuestamente. La AMP quinasa se estimula con metmorfina. Las sirtuinas, un grupo de enzimas clave en la regulación celular, también pueden modificarse con resveratrol, un compuesto que podemos encontrar de forma natural en la piel de las uvas”.
Aun así, la mayoría de enfermedades actualmente mortales en el mundo occidental no están producidas por virus o bacterias. El origen común de estas dolencias, como la diabetes, la fibrosis o el cáncer, entre otras, se encuentra en el envejecimiento celular. Se cree que la única manera de prevenirlas, o incluso curarlas, estriba en comprender el origen molecular del envejecimiento.
Otra de las grandes posibles causas es la erosión de los telómeros. Se trata de unas estructuras situadas al final de los cromosomas encargadas de regenerarlos.
Diversos experimentos indican que alargar los telómeros conlleva alargar la vida y retrasar enfermedades. Sin embargo, Ayala advierte de que las células cancerosas emplean precisamente la telomerasa para replicarse. Estimular esta enzima podría provocar procesos tumorales como efecto secundario.
Por otro lado, Julio Pérez destaca desde su perspectiva social la importancia de la tecnología en este asunto: “Por supuesto que la tecnología sirve. Previene situaciones de soledad no deseada y de aislamiento muy perjudiciales para la salud. Incluso ya existen apps para medir los niveles de azúcar en sangre, cuando antes debías ir al centro de salud y esperar un buen rato”, cuenta. “La tecnología bien aplicada es una posibilidad muy interesante”, concluye sobre las claves de un envejecimiento más sano.
Para la redacción de este reportaje se han utilizado las siguientes fuentes: