DIVERSIDAD
Mujeres al frente de la gestión patrimonial en España

Entrevista
La experiencia solidaria también puede convertirse en una ventaja profesional si sabes cómo explicarla
Tiempo de lectura | 4 min.

Cuando Gadea Muñoz empezó a participar en actividades solidarias no pensaba en su currículum. Tenía 14 años y simplemente quería acompañar a su padre, voluntario de CaixaBank, en alguna de las iniciativas que él le contaba con entusiasmo en casa.
Aquellas primeras experiencias acompañando a personas mayores en situación de soledad le permitieron descubrir algo inesperado: había aprendido a comunicarse con perfiles muy diferentes, a gestionar emociones complejas y a organizar su tiempo con responsabilidad.
Como ella, miles de jóvenes descubren cada año que el voluntariado no solo cambia la vida de quienes reciben la ayuda, sino también la de los que la ofrecen.
Historias como la de Gadea forman parte de una realidad mucho más amplia.
Según Naciones Unidas , más de 2.100 millones de personas realizan trabajo voluntario en todo el mundo, lo que equivale aproximadamente a una de cada tres personas en edad laboral.
En Europa, cerca del 13 % de la población en edad de trabajar realiza trabajo voluntario organizado a través de alguna entidad.
La ONU ha designado este año como el International Year of Volunteers for Sustainable Development 2026.
En Europa, los datos de Eurostat muestran que la participación en actividades voluntarias es especialmente relevante entre los jóvenes adultos y que contribuye de forma significativa a la inclusión social y al desarrollo de competencias personales. Nuestro país no es una excepción.
Según la Plataforma del Voluntariado de España , hay alrededor de 3,3 millones de personas mayores de 14 años que realizan voluntariado, el 8,2 % de la población, alcanzando cifras récord tras la pandemia.
El crecimiento se explica en parte por una mayor sensibilidad social, pero también por el reconocimiento progresivo de que estas experiencias generan habilidades útiles en la vida laboral.
Para quienes están empezando su carrera profesional, el voluntariado puede tener un valor especialmente alto.
De hecho, en un currículum junior, donde la experiencia laboral es limitada, las empresas buscan señales de responsabilidad, compromiso y capacidad de aprendizaje.
El voluntariado es una manera excelente de mejorar el CV en estos casos y puede ayudar a encontrar trabajo.
Participar en proyectos sociales ofrece precisamente ese tipo de indicadores, ya que se trata de competencias transferibles: trabajo en equipo, adaptación a entornos nuevos, resolución de problemas o comunicación interpersonal.
La Comisión Europea considera el voluntariado una forma de aprendizaje no formal que permite desarrollar competencias clave y mejorar las perspectivas de empleo de los jóvenes.
Por tanto, si haber hecho voluntariado es muy importante para encontrar trabajo en una etapa de acceso laboral, también lo es saber explicarlo bien.
Muchos jóvenes cometen el error de mencionar sus experiencias en voluntariado de forma vaga, como una actividad secundaria sin contexto ni resultados.
En realidad, conviene presentar el voluntariado como cualquier otra experiencia profesional dentro del currículum:
En cuanto a la manera de comunicar el voluntariado en el CV, es importante traducirlo al lenguaje de las competencias laborales requeridas.
Es decir, si una persona participó en la organización de actividades para niños, puede en toda honestidad escribir que estaba gestionando grupos, planificando tareas y desarrollando habilidades de comunicación.
Si colaboró en campañas de recogida de alimentos, probablemente adquirió capacidades de logística, coordinación o atención al público. Identificar estas conexiones permite convertir una experiencia solidaria en un argumento profesional creíble.
También es importante saber dónde colocar el voluntariado dentro del currículum. Eso es algo que dependerá en gran medida de la experiencia profesional acumulada.
Cuando la vida profesional es corta, puede integrarse directamente en la sección de experiencia laboral, especialmente si guarda relación con el perfil profesional al que se aspira.
En perfiles con mayor trayectoria, el voluntariado puede situarse en un apartado específico de actividades sociales o compromiso comunitario.
En ambos casos, lo importante es mantener la coherencia narrativa y mostrar cómo esa experiencia contribuye al desarrollo personal y profesional del candidato.
Existen además herramientas que ayudan a formalizar estas competencias. El currículum Europass , promovido por la Unión Europea, permite incorporar experiencias de voluntariado dentro del apartado de experiencia laboral o de aprendizaje.
Programas como Erasmus+ o el Cuerpo Europeo de Solidaridad ofrecen certificados como el Youthpass , que documentan las habilidades adquiridas durante proyectos internacionales. Estos instrumentos aportan credibilidad y facilitan que las empresas comprendan el valor de la experiencia.
Más allá del currículum, el voluntariado también puede convertirse en un tema de conversación en entrevistas de trabajo cuando se avance en el proceso de selección.
Hablar de situaciones reales vividas permite demostrar competencias de forma más convincente que una lista de habilidades abstractas.
Para muchos reclutadores, estas historias ofrecen información valiosa sobre la personalidad, la motivación y la capacidad de aprendizaje del candidato, así como sobre su habilidad para comunicar de forma eficaz.
Participar en actividades de voluntariado no garantiza un empleo, pero sí puede ayudar a destacar entre varios candidatos. Aporta experiencia concreta cuando todavía no existe trayectoria laboral consolidada y permite desarrollar habilidades que las empresas consideran cada vez más decisivas.
Para un joven, dedicar unas horas al mes a una causa social puede convertirse en una inversión en su propio futuro. La clave está en elegir una experiencia que motive, implicarse con constancia y aprender a contarla con claridad. Porque ayudar a otros también puede ser una forma de avanzar en el propio camino profesional.