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Viajar con menos impacto ambiental gana terreno en España, combinando tren y bicicleta para recorrer el territorio
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En 2025, el turismo internacional volvió a marcar un máximo histórico: 1.520 millones de llegadas en todo el mundo. Ese crecimiento tiene un efecto directo también sobre la sostenibilidad asociada al viaje.
La Organización Mundial del Turismo estima que el transporte turístico representa el 22 % de las emisiones globales asociadas a este ámbito. Este dato es una de las razones por las que la movilidad se ha convertido en uno de los principales frentes de la transición climática.
En España, donde el turismo mantiene un peso decisivo en la economía, la diferencia entre un desplazamiento en coche o avión y uno en tren puede alterar de forma significativa la huella de un viaje.
Según la Agencia Europea de Medio Ambiente , el coche sigue siendo uno de los medios de transporte más intensivos en emisiones por pasajero, mientras que el tren se mantiene entre las opciones colectivas más eficientes.
Ese cambio de mentalidad ya no afecta solo a operadores turísticos o infraestructuras de transporte, también está entrando en la lógica financiera.
CaixaBank , que mantiene su objetivo de alcanzar las cero emisiones netas en 2050, sitúa la movilidad limpia entre los sectores estratégicos de la transición, junto a la energía, la rehabilitación energética o la electrificación industrial.
En paralelo a esa transformación, el tren vive un momento de consolidación. La liberalización ferroviaria ha ampliado la oferta en varios corredores nacionales y la red española de alta velocidad sigue siendo una de las más extensas de Europa.
A esa red se suma otro activo menos visible, pero muy útil para el turismo de proximidad: las Vías Verdes, antiguos trazados ferroviarios reconvertidos en rutas ciclables y peatonales.
España cuenta con más de 3.600 kilómetros de estas infraestructuras impulsadas por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, muchas de ellas conectadas o conectables con estaciones de tren.
La combinación tiene sentido. Si el tren resuelve la distancia media y larga con menor intensidad de carbono, la bicicleta permite una relación más directa con el territorio: pueblos, parques naturales, costa, patrimonio y gastronomía sin depender del coche.
El resultado es una reducción de emisiones, pero también un cambio en la experiencia, con el trayecto que vuelve a formar parte del viaje. España ofrece hoy suficientes infraestructuras para plantear itinerarios completos con esta lógica, sin necesidad de irse lejos ni improvisar grandes expediciones.
Exploramos cuatro itinerarios posibles ‘cero emisiones’ que combinan tren y bicicleta, distribuidos entre los cuatro grandes ejes geográficos de España.
Desde Madrid, una de las combinaciones más accesibles es la Vía Verde del Tajuña , un antiguo trazado ferroviario que atraviesa el sureste madrileño hasta Ambite.
El acceso más sencillo se hace combinando metro hasta Arganda del Rey y bicicleta desde allí, enlazando con un recorrido de unos 49 kilómetros entre vegas agrícolas, antiguas estaciones y pequeños municipios como Morata de Tajuña o Perales de Tajuña.
Es una ruta amable, sin grandes desniveles y con infraestructura consolidada. Tiene además un valor añadido: permite leer el paisaje histórico de la expansión ferroviaria madrileña y su transformación en infraestructura recreativa.
La conexión desde la capital es rápida y flexible, lo que la convierte en una de las opciones más sólidas para iniciarse en el turismo intermodal.
Desde Barcelona, el acceso más directo a las vías verdes es en tren hasta Girona, ya sea en servicios regionales (R11) o alta velocidad. Desde allí arranca el circuito oficial Costa Brava Intermodal , desarrollado por el Consorci de les Vies Verdes de Girona.
El itinerario combina un segundo trayecto en tren hasta Figueres y, a partir de ahí, un recorrido en bicicleta que atraviesa Castelló d’Empúries, Torroella de Montgrí y Sant Feliu de Guíxols antes de regresar a Girona por la vía verde del Carrilet II.
El trazado está concebido para articular tren y bicicleta, con conexiones operativas, rutas señalizadas entre pueblos medievales, humedales del Empordà, paisaje litoral y la huella cultural de Salvador Dalí.
Sevilla ofrece un acceso ferroviario sencillo y desde allí uno de los itinerarios cicloturísticos más consolidados de Andalucía: la Vía Verde de la Sierra , entre Puerto Serrano y Olvera.
La conexión exige un pequeño tramo complementario por carretera desde Sevilla hasta el inicio de ruta, pero compensa. Son 36 kilómetros de antigua infraestructura ferroviaria rehabilitada, con 30 túneles y cuatro viaductos atravesando la Sierra de Cádiz.
El recorrido tiene un valor paisajístico fuerte, especialmente en el entorno de la Reserva Natural del Peñón de Zaframagón, una de las colonias de buitres leonados más importantes de Europa.
En el norte, la red de Euskotren permite uno de los modelos intermodales más eficaces del país.
Desde Bilbao es posible avanzar por etapas hacia San Sebastián combinando tren regional y bicicleta. El gran valor de este itinerario está en su flexibilidad: se puede pedalear un tramo, tomar el tren y continuar después.
Pueblos como Zumaia, Getaria o Zarautz permiten construir una ruta a medida sobre uno de los litorales más interesantes del país.
La costa vasca reúne paisaje, gastronomía y patrimonio marítimo en distancias relativamente cortas. En términos turísticos, recorrerla es una de las fórmulas más completas para reducir emisiones sin perder variedad.
La transición climática suele asociarse a grandes inversiones industriales, nuevas tecnologías o transformación energética. Pero también pasa por decisiones pequeñas.
Elegir el tren frente al coche o al avión en trayectos nacionales y recorrer el territorio en bicicleta forma parte de ese pequeño gran cambio.