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“Queremos devolver a los niños parte de la infancia que se llevó el agua”

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Furgonetas que ofrecen todo tipo de bienes y servicios se han convertido en indispensables en muchas partes del país
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Se oye sonar un claxon y las puertas de las casas se empiezan a abrir. Sus habitantes salen y saludan al conductor. Echan un vistazo a lo que trae hoy. Pueden ser alimentos, pero también una propuesta para cambiar de corte de pelo, hacer un tratamiento o efectuar un servicio bancario.
Esta estampa es muy habitual en muchos pequeños rincones de España. En buena parte del país, los llamados servicios sobre ruedas se han convertido en infraestructuras cotidianas indispensables.
Furgonetas que llegan, aparcan, abren una persiana o una puerta lateral y resuelven una necesidad muy concreta de la vida de un pueblo. Permiten comprar fruta, pan, cortarse el pelo o acceder a una revisión óptica y también sacar efectivo o pagar un recibo.
Igual que los feriantes o los vendedores de los mercados ambulantes, más habituales en el pasado, estas oficinas y tiendas itinerantes hoy evitan dependencia, ahorran desplazamientos y sostienen la autonomía de la España vaciada.
Dentro de una progresiva urbanización de la población mundial, la transformación digital que avanza acorta, pero no borra del todo, la distancia de quienes se quedan a presidir el monte y el campo.
Eurostat recuerda que en 2023 el 91% de los hogares rurales de la UE tenía acceso a internet, por debajo del 95% en ciudades, y que también persiste una brecha en el uso de dispositivos y de servicios online.
Eso significa que la conectividad mejora, sí, pero no vuelve irrelevante la presencia física, sobre todo cuando la población es mayor y las gestiones afectan a dinero, salud o compras básicas. No todo puede ser digital y los servicios de atención al cliente deben acercarse allí donde son necesarios.
La Red Española de Desarrollo Rural (REDR) ha recopilado en el último año ejemplos de iniciativas itinerantes que llevan servicios básicos que desaparecieron hace tiempo o nunca llegaron a consolidarse en el entorno rural.
En la Sierra Norte de Guadalajara, por ejemplo, un multiservicio rural reparte pan, fruta, verdura, carne y productos de primera necesidad en 16 pueblos; en otras zonas aparecen proyectos de óptica ambulante , podología a domicilio o bibliotecas móviles que hacen también de mediadoras culturales.
Estos servicios se adaptan al territorio, a una demanda dispersa y a una clientela envejecida que muchas veces vive sin coche, y escaso transporte público.
En ese contexto, la banca móvil es una de las funciones más imprescindibles. El Banco de España constató en su estudio La accesibilidad presencial a los servicios bancarios en España: informe de seguimiento 2024 que a cierre de 2023 había 3.069 municipios españoles, el 37,7% del total, sin acceso presencial a servicios bancarios en su propio término municipal, y que cerca de 590.000 personas seguían viviendo en esa situación.
El problema se concentra sobre todo en los municipios más pequeños: 2.879 pueblos y aldeas de menos de 500 habitantes que carecían de ese acceso.
Las oficinas móviles de CaixaBank llegaron en 2025 a 1.413 localidades y atienden a una población de más de 635.000 personas. Un 70% de los usuarios tiene más de 65 años.
Los ofimóviles de CaixaBank llegaron en 2025 a 1.413 localidades en riesgo de exclusión financiera
Esta fotografía estadística en la vida real se traduce en señoras que acuden para pagar un viaje del IMSERSO, otras que retiran efectivo tras cobrar la pensión, jubilados que agradecen no depender de que alguien lo acerque al pueblo vecino, o la dueña de un bar que aprovecha la visita para ponerse al día con las cuentas del negocio.
Eso sí, sería un error leer estas iniciativas como un parche a un destino inevitable. En muchos casos, de hecho, detrás hay emprendimiento, innovación logística y una lectura muy afinada de lo que necesita el medio rural, más allá de los servicios básicos.
Existe, por ejemplo, una ofimóvil de estética itinerante, Micro Van , que lleva tratamientos de belleza a pequeñas localidades y conecta esa actividad con autoestima, bienestar y atención cercana.
Lo mismo ocurre con peluquerías , barberías, fisioterapia o veterinaria sobre ruedas . Este tipo de oferta permite un horizonte más amplio que la simple supervivencia y abre las puertas a una repoblación del territorio.
Los gestores de los ofimóviles cuentan que conocen a sus usuarios, detectan cuando alguien falta, preguntan qué ha pasado y acaban formando parte del calendario del pueblo.
Lo mismo sugieren muchos de los proyectos itinerantes recopilados por la REDR, donde la visita del servicio se convierte en punto de encuentro, conversación y seguimiento informal de personas mayores.
En territorios que, según un informe del Joint Research Centre de la Comisión Europea, afrontan un envejecimiento más rápido y una caída demográfica más intensa que las áreas urbanas, ese componente relacional importa tanto como el económico.
Por eso, hablar de servicios sobre ruedas en la España vaciada es hablar de comercio, de inclusión financiera, de cuidado y de dignidad territorial al mismo tiempo.
El pan, las verduras, el banco o una peluquería móvil forman parte de una misma respuesta práctica a un problema estructural. Allí donde la escala no permite mantener una oferta fija, la movilidad se convierte en presidio social.
Al fin y al cabo, el modelo es antiguo, de cuando la parábola de una vida entera se desplegaba en unos pocos kilómetros y las visitas itinerantes abrían una ventana al mundo.
Hoy esa ventana se abre de nuevo gracias a la tecnología y a la iniciativa de empresarios con visión. De hecho, a veces, la mejor manera de sostener una comunidad no consiste en recuperar lo que hubo, sino en encontrar una forma distinta de que siga existiendo.