INCLUSIÓN FINANCIERA
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Reportaje
Usuarios de entidades sociales viven una experiencia inspiradora en elBulli1846 junto a voluntarios de CaixaBank
Tiempo de lectura | 6 min.

Hay lugares que se visitan. Y hay otros que se viven. Cala Montjoi y elBulli1846 son, sin duda, uno de estos últimos.
Un sábado por la mañana, 55 usuarios procedentes de cuatro entidades sociales de Barcelona y Castelldefels (Fundació El Llindar -con el restaurante La Pau-, Fundación Ciutadanía Multicultural -con el restaurante Mescladís-, Fundació Formació i Treball y Asociación Con Pasión -con el restaurante Imperfect-) emprendían juntos un viaje con un propósito común: descubrir, aprender y dejarse inspirar en un espacio único.
Cinco voluntarios de CaixaBank los acompañaban. Juntos pusieron rumbo a ese rincón de la Costa Brava, sabiendo que no sería una salida cualquiera. Allí, donde un día se escribió una parte esencial de la historia de la gastronomía, les esperaba una experiencia increíble.
El punto de partida fue Barcelona. Desde Les Glòries, el grupo arrancaba el viaje con ganas de ver qué les esperaba. El trayecto, especialmente los últimos kilómetros tras dejar Roses, se convirtió en la antesala ideal de una jornada que prometía mucho más que una simple visita.
Al llegar a Cala Montjoi, el mar y la calma del entorno marcaron la primera impresión. La acogida del equipo de elBulliFoundation, cercana y cálida, contribuyó desde el primer momento a crear un buen ambiente. Las bolsas de bienvenida preparadas por los voluntarios de CaixaBank que habían llegado previamente fueron francamente oportunas para aliviar el calor y la sed de la jornada.



La entrada al recinto dio paso a las primeras explicaciones. Allí, Lluís García, director general de elBullifoundation y responsable de sala de elBulli, dio la bienvenida al grupo con palabras cargadas de autenticidad y pasión. Más que una introducción, fue una puerta abierta para entender no solo qué fue el restaurante, sino qué representa hoy la fundación: un legado vivo que sigue impulsando el conocimiento y la creatividad en el ámbito gastronómico. Además, durante su intervención, repitió una idea que se nos quedó grabada: ‘crear no es copiar’.
El recorrido fue descubriendo espacios que invitaban a pensar. Áreas dedicadas a la innovación, al conocimiento y a la creatividad mostraban cómo la cocina puede trascender los fogones para convertirse en un motor cultural. La metodología Sapiens, por ejemplo, aparecía como una herramienta capaz de ordenar y comprender el mundo más allá de la gastronomía.
Pero también hubo espacio para la memoria. Fotografías, objetos y anotaciones transportaban a los visitantes a una época en la que, desde este pequeño rincón, se redefinía la manera de entender la cocina. Cruzar el comedor o pisar la cocina, donde se habían creado tantas propuestas sofisticadas, hacía que todos imaginaran cómo era el día a día allí.
Ese recorrido dejó huella especialmente a las entidades sociales invitadas, con muchos de sus usuarios vinculados al mundo de la restauración. “La historia del restaurante y su capacidad de reinventarse ante cada reto es lo que más me ha sorprendido”, compartía una de las asistentes.
Uno de los momentos más especiales fue probar la famosa aceituna de elBulli, acompañada de un cóctel de ginebra con clara de huevo preparado para la ocasión. Fue una manera muy clara de entender cómo trabajaban la innovación y lo que hizo diferente al restaurante.
Para los jóvenes, la experiencia fue una fuente de inspiración. Algunos destacaban cómo la visita les impulsaba a perseguir sus sueños y a seguir trabajando en aquello que les apasiona. Otros ponían en valor la importancia de conectar con profesionales de distintos ámbitos para crear cosas nuevas, evidenciando cómo elBulli trasciende la cocina para convertirse en un espacio de pensamiento abierto y creación conjunta.
Curiosamente, ninguno de los 60 asistentes había estado allí antes, lo que añadía un valor aún más especial a la experiencia. Muchos coincidían en que se trataba de una oportunidad única, digna de recomendar y compartir. Como resumía uno de los participantes: “La experiencia fue algo que no me esperaba… todo muy bonito. Para mí, haber visitado el Bulli es una manera de aprender más”.
Más allá de las vivencias individuales, las entidades sociales pusieron en valor el impacto de este tipo de iniciativas. Desde Mescladís, que impulsa la restauración como herramienta de inclusión, se destacó el potencial de la hostelería como motor social y generador de oportunidades. Y sobre la jornada, subrayaban un aprendizaje clave: “La tenacidad es el combustible para poner en marcha cualquier proyecto”.
La tenacidad es el combustible para poner en marcha cualquier proyecto
Responsable Fundación Ciutadanía Multicultural (Mescladís)
En la misma línea, desde la Fundació El Llindar, donde acompañan a jóvenes en su formación, destacaban que el impacto iba más allá de lo técnico. “Hoy han levantado la mirada del cuchillo y la cazuela. Han visto todo un mundo más allá de lo que entendían por un restaurante, y eso les hará soñar en grande”, aseguraba el responsable de la Fundación.
La visita continuó con una inmersión en el universo del restaurante/laboratorio: documentos originales, herramientas creadas por el equipo y referencias constantes a la conexión entre cocina, arte y pensamiento. El cierre, con un vídeo sobre la colaboración entre elBulliFoundation y CaixaBank, reforzó el valor social y transformador de este tipo de iniciativas.
Hoy han levantado la mirada del cuchillo y la cazuela. Han visto todo un mundo más allá de lo que entendían por un restaurante, y eso les hará soñar en grande
Responsable Fundació El Llindar
Durante la jornada, el equipo del elBulli fue compartiendo anécdotas, historias y curiosidades: sus inicios, las personas que formaron parte del proyecto y también el origen del nombre.
Pero más allá de los datos, lo que realmente quedó fue una sensación, por parte de todos, de haber estado cerca de algo único. “Emoción por estar en un lugar así”, resumía uno de los voluntarios. Como dato curioso, explicaron que “elBulli” viene de una forma cariñosa en la que la Sra. Marqueta (antigua propietaria del lugar donde más tarde nacería elBulli) llamaba a sus perros bulldog.
Cerramos la visita con una comida en la propia Cala Montjoi, disfrutando de las vistas y comentando toda la experiencia, comiendo un bocadillo e imaginando como hubiera sido haber probado las 1846 recetas que se prepararon en el restaurante El Bulli…
Porque hay experiencias que no solo se cuentan: se recuerdan.

Los voluntarios compartían la misma opinión: “Ha sido muy fácil acompañarlos, todos estaban predispuestos a aprender del equipo más profesional que haya existido”. Y añadía uno de ellos: “Lo que más me ha gustado ha sido poder estar en un lugar tan icónico y conocer de primera mano el proceso creativo y todas las innovaciones, de la mano de quienes lo hicieron posible”.
Para los jóvenes, la experiencia fue una fuente de inspiración. “Me ha inspirado a perseguir mis sueños y no dejar de trabajar en lo que me gusta”, explicaba una participante de la Fundación Ciudadanía Multicultural.
Otro usuario de la Fundació El Llindar destacaba “la importancia de conectar con profesionales de otros sectores para crear cosas nuevas”, evidenciando cómo elBulli trasciende la cocina para convertirse en un espacio de pensamiento abierto y creación conjunta.
Definición en una palabra de la jornada: “espectacular, irrepetible, inspiración, te rompe los esquemas…”.