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La FIFA estrena Football AI Pro, una IA que dará a las 48 selecciones del Mundial 2026 acceso al mismo análisis táctico
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En el mundo del fútbol, la superioridad sobre el césped siempre ha dependido de la calidad de los jugadores o de la intuición de un entrenador. A estos dos factores se suma ahora el uso de inteligencia artificial, que cada vez es más importante en el análisis y planificación de partidos, en la elaboración de predicciones y en la gestión de los banquillos.
La igualdad en el acceso a esta tecnología por parte de las distintas selecciones de fútbol es clave para una competición equitativa. Así lo ha entendido la FIFA, que acaba de estrenar en el Mundial 2026 el sistema Football AI Pro.
Se trata de un asistente de inteligencia artificial que pone el mismo arsenal de análisis táctico en manos de todas las selecciones.
Las grandes federaciones llevan años sacando partido al big data. Por ejemplo, el primer analista de datos que entró en la Federación Española lo hizo ya en 2008, armado con una cámara y un PC.
Explotar miles y miles de datos relativos a todo lo que sucede en un campo de fútbol no es barato: hacen falta expertos en su análisis, herramientas adecuadas, además de datos que cuesta captar y convertir en recomendaciones prácticas.
Tomar decisiones deportivas sobre datos objetivos depende en gran medida de un acceso a un tipo de recursos que las selecciones más modestas no siempre tienen.
Esto genera una importante brecha entre la disponibilidad de datos brutos y la inteligencia táctica, que puede marcar el paso a la competición más allá del talento de los deportistas.
El Mundial 2026 quiere cambiar ese escenario gracias a Football AI Pro, un asistente de inteligencia artificial al que acceden por igual las 48 selecciones participantes en el torneo y que traduce una inmensa cantidad de datos a recomendaciones entendibles por todos.
Al hablar de Football AI Pro no hablamos de una especie de robot que dirige los equipos desde la banda, sino de un asistente de IA generativa que trabaja sobre cientos de millones de datos de fútbol que son propiedad de la FIFA.
Efectivamente, la FIFA es toda una mina de datos. Los captura de miles de partidos, jugadores y equipos de todo el mundo. Abarcan plantillas de equipos, datos de seguimiento, rendimiento de jugadores, estadísticas de equipos, momentos destacados de partidos, análisis táctico y tendencias históricas. En total, suman petabytes de información.
Para sacar partido a toda esa inteligencia, el sistema implantado en el Mundial 2026 orquesta varios agentes de inteligencia artificial que rastrean la información y analizan más de 2.000 métricas diferentes.
Su cerebro es un modelo de lenguaje especializado en fútbol . Es un sistema a medida que utiliza una arquitectura de IA híbrida diseñada específicamente para analizar datos de este deporte.
El sistema entiende preguntas en lenguaje natural y responde en varios idiomas. Prioriza tanto la explicabilidad como la claridad táctica sobre las respuestas genéricas de la IA, con el fin de evitar alucinaciones.
Además, no devuelve solo texto: genera vídeos, gráficos y avatares 3D que convierten los números en imágenes fáciles de leer por el cuerpo técnico y los jugadores.
Hay tres tipos de perfiles que se benefician del uso de esta tecnología de inteligencia artificial en el Mundial 2026:
Cualquiera de estos perfiles de cualquiera de las selecciones participantes puede beneficiarse de un acceso igualitario e intuitivo a toda esta información para mejorar su rendimiento.
La gran pregunta es si repartir la misma tecnología entre todas las selecciones, como ocurre en el Mundial 2026, iguala de verdad la competición.
Es cierto que Football AI Pro elimina una desigualdad evidente, que es la del acceso a los datos. Sin embargo, el sistema no garantiza nada por sí mismo, ya que hay que saber interpretar toda la información que arroja.
Todavía importa (y mucho) quién analiza mejor esa información, qué cuerpo técnico acierta más al traducirla a decisiones y qué jugadores la llevan en última instancia al césped.
En cualquier caso, se trata de un gesto significativo. Por primera vez, una selección con recursos limitados se sentará a preparar un partido con un nivel de análisis similar al de una gran potencia.
En un deporte cada vez más movido por los datos, que todos partan de la misma información puede ser, precisamente, la novedad más revolucionaria de este Mundial.