INNOVACIÓN
‘Anónimas’: la IA revela autoras ocultas en los clásicos

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El Mundial 2026 introduce innovaciones tecnológicas para mejorar las decisiones arbitrales
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El Mundial de Fútbol 2026 está actuando como campo de pruebas y catalizador de los avances tecnológicos en la competición.
Más allá del uso de la IA, la competición ha estrenado en esta edición una nueva generación de arbitraje que persigue un objetivo doble: disipar dudas sobre las decisiones arbitrales, tan comentadas en los partidos de fútbol, y que los seguidores empaticen un poco más con unos profesionales que deben tomarlas sobre la marcha sabiendo que siempre habrá una parte de la afición que las ponga en entredicho.
Una de las jugadas futbolísticas más difíciles de explicar y comprender es el fuera de juego. ¿Interviene o no el delantero en la jugada?, ¿está en línea con la defensa o tiene un brazo adelantado?, ¿el pase se origina en la otra mitad del campo? Son muchos factores los que hay que tener en cuenta para que el trío arbitral decida si hay que invalidar o no una jugada.
Esta es la razón por la que el fuera de juego suele ser una de las decisiones arbitrales que generan más polémica, sobre todo si la jugada acaba en gol. También por ello el Mundial 2026 ha estrenado una tecnología de fuera de juego semiautomatizada (SAOT) en su versión más avanzada.
Hasta ahora, el sistema simplemente avisaba al VAR. En el Mundial 2026, avisa a los propios árbitros asistentes de la posible existencia de un jugador en posición de fuera de juego. Les repite en sus auriculares la palabra offside (fuera de juego en inglés) si está totalmente seguro y delay (retraso) cuando la jugada se acerque. No solo eso: se lo muestra enseguida a millones de espectadores que ven los partidos por televisión.
El sistema funciona así: antes de competir, los 1.248 jugadores que participan en el Mundial 2026 pasan por un escaneo que crea una réplica digital de su cuerpo. Esas imágenes se integran después con el SAOT, que utiliza cámaras dedicadas en el estadio para seguir a balón y jugadores 50 veces por segundo.
Si se produce una jugada polémica, el sistema reconstruye la acción con esos modelos 3D de los jugadores y genera una repetición virtual que se integra en tiempo real a la retransmisión. Afina tanto, que es capaz de captar un fuera de juego por un margen de apenas 10 centímetros, que es el que ha establecido la FIFA para considerar como claro un fuera de juego.
Todo lo que hemos visto hasta ahora se refiere a la posición de los jugadores que reciben el balón. ¿Qué pasa con quienes lo lanzan, la otra pieza fundamental en un fuera de juego?
Como las cámaras no permiten obtener la exactitud necesaria para determinarlo, el propio balón se encarga de establecer el momento exacto en que comenzó la jugada.
En el Mundial 2026, el esférico lleva dentro un sensor de medición inercial que captura y transmite datos 500 veces por segundo : registra aceleración, giro y posición en tres dimensiones.
Esa información permite establecer cuándo se ha producido un toque y después se transmiten en tiempo real a la sala de control de vídeo. Allí se combinan con los datos de seguimiento de los jugadores que captan las cámaras del estadio para ayudar a los técnicos del VAR.
Gracias a esta información se pueden reclamar fueras de juego de manera mucho más rápida y precisa que con revisiones manuales.
El balón no trabaja solo. En cada uno de los estadios hay 16 cámaras que siguen a los jugadores y recopila hasta 29 puntos de datos por jugador 50 veces por segundo, que posteriormente procesa la inteligencia artificial.
Con toda esa información, el VAR dispone de una recreación en 3D completa de cada jugada, que sirve para mucho más que determinar un fuera de juego. Por ejemplo:
¿Aun así el arbitraje ha generado polémica en el salón de casa? Los árbitros también llevan una cámara en el lateral de su auricular que permite mostrar en vivo cómo ven ellos el partido.
A partir de este Mundial 2026, además, se verá en televisión sin molestos temblores gracias a un nuevo sistema de estabilización por inteligencia artificial.
Todos estos avances aportan mayor transparencia a las decisiones arbitrales que, hasta ahora, se tomaban en una sala de vídeo oculta al aficionado. Las repeticiones en 3D y la cámara arbitral convierten un fuera de juego polémico en algo que cualquiera puede entender desde su sofá.
Esto no elimina las decisiones del árbitro, que son las que mandan al final, ni las jugadas que admiten interpretaciones distintas. Sin embargo, ahora ver por qué se ha pitado algo deja de ser un privilegio de la sala de VAR para formar parte del espectáculo.