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Descubre los cinco tesoros hallados en España: del oro prehistórico de Villena a las coronas visigodas de Guarrazar
Tiempo de lectura | 3 min.

Todos hemos soñado alguna vez con encontrar un tesoro. Leyendas, libros o películas nos dan cuenta de hallazgos fortuitos, cofres llenos de monedas de oro y joyas…, pero no siempre hablamos de ficciones.
Los tesoros son reales y España es un país rico en historias de este tipo. En este artículo, te contamos los hallazgos de cuatro importantes tesoros aparecidos en distintos lugares de nuestra geografía y que todavía se recuerdan por su valor económico y arqueológico.
De los albores de la historia llega oro
— ��Jf (@gandalf_u) October 31, 2022
Oro fenicio dicen unos, púnico apuntan los otros, mientras los arqueólogos discuten el origen del maravilloso Tesoro de El Carambolo. Esta magnífica colección fue encontrada el municipio de Camas, a tres kilómetros de Sevilla. pic.twitter.com/fkPiZOnOMP
Tartessos es una civilización enigmática que se extendió por el extremo oeste de la península. Cada día, los investigadores recaban más información sobre ella. Uno de los hitos en la búsqueda de información sobre Tartessos se produjo por accidente.
El 30 de septiembre de 1958, unos obreros que realizaban una obra en las instalaciones de la Real Sociedad de Tiro Pichón de Camas, Sevilla, vieron su rutina alterada por el hallazgo de casi 3 kilos de piezas de oro.
Al principio, se pensó que era un tesoro moderno, pero pronto se confirmó que las 21 piezas de 24 quilates cuidadosamente labradas eran de origen tartésico, con influencias fenicias.
El tesoro incluía collares, brazaletes y placas de oro con fines religiosos. Su descubrimiento supuso un punto de inflexión en el estudio de esta civilización, ya que la calidad del oro y su delicada manufactura evidenciaron que Tartessos tenía una sofisticada red comercial con el Mediterráneo oriental.
En la actualidad, el tesoro de El Carambolo puede admirarse en el Museo Arqueológico de Sevilla.
Arracada de oro
— Folklore y mitología de la zona de Talavera (@FolkloreToleda1) May 12, 2022
Tesoro de Aliseda (Cáceres)
Museo Arqueológico Nacional (Colección Tesoros del MAN) - Enlace: https://t.co/ZSV21scmeP
Foto: Arantxa Boyero Lirón pic.twitter.com/jrwtLkDkyl
Siguiendo la estela de Tartessos, nos trasladamos en el espacio y en el tiempo a Aliseda, Cáceres, en 1920. Allí, unos campesinos, mientras araban, encontraron un conjunto de joyas de oro y piedras preciosas. Enseguida, alertaron a las autoridades, que hicieron venir a arqueólogos, quienes recuperaron las piezas.
Un collar, un brazalete, una hebilla de un cinturón y una diadema de oro, además de objetos de cerámica y metal, componían este singular hallazgo. Aunque no se pudo determinar si pertenecía a un ajuar funerario, las piedras preciosas revelan el contacto con pueblos de Oriente, lo que confirma la relación comercial de Tartessos con los fenicios.
El Museo Arqueológico Nacional de Madrid muestra estas piezas.
Coronas votivas del Tesoro de Guarrazar, Museo de Cluny (París). pic.twitter.com/dMfvBnc1fD
— Ruta por el Medievo (@RMedievo) May 13, 2025
Corría el año 1858. Unas lluvias torrenciales en Guadamur, Toledo, causaron el derrumbamiento de la iglesia del monasterio de Santa María de Sorbaces. Este hecho dejó al descubierto dos cofres que fueron manipulados por campesinos de la zona.
Al abrirlos, vieron un enorme tesoro compuesto de coronas y otros elementos de orfebrería datados entre los siglos VII y VIII. Se trataba de ofrendas de reyes y personajes destacados de la corte visigoda de Toledo a iglesias de la zona. Los campesinos vendieron las piezas: algunas fueron refundidas y otras vendidas a Francia, incorporándose al Museo Nacional de la Edad Media (Museo de Cluny) en París.
Una vez que se supo que Francia contaba con estas piezas, el Gobierno de Isabel II intentó recuperar elementos que se habían vendido a coleccionistas y joyeros de España. Algunos campesinos, ante la dificultad de venta de las piezas, optaron por regalarlas a la propia reina.
El tesoro incluía coronas de los reyes Recesvinto y Suintila, elaboradas en oro y decoradas con zafiros y perlas. Estas piezas fueron ofrecidas como exvotos en iglesias visigodas y representan una de las mejores muestras de la orfebrería de la época, en línea con el estilo bizantino.
En 1941, España logró recuperar algunas piezas, que hoy se exhiben en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. El resto del tesoro de Guarrazar está expuesto en el Museo de Cluny de París y en el Palacio Real de Madrid.
¿Conoces la historia de Nuestra señora de las Mercedes?
— LoopINN Hostels (@theloopinn) February 15, 2019
Una fragata perteneciente a la Armada española.
Su tesoro fue hayado en Cadiz, unas 590 K monedas que ahora se encuetran en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática.ARQVA
¿En qué año fue su hundimiento? #Cartagena pic.twitter.com/9lUSaivO0d
A pesar de que los hallazgos de tesoros nos parezcan cosa del pasado, la tecnología del siglo XXI nos permite seguir buscándolos con éxito.
Es el caso de la empresa cazatesoros Odyssey Marine Exploration, que en 2007 recuperó un cargamento de monedas de oro y plata de la fragata española Nuestra Señora de las Mercedes, hundida en 1804 en el golfo de Cádiz. La fragata transportaba más de 500.000 monedas de oro y plata procedentes de América cuando fue atacada por la marina británica.
El anuncio de la localización de la fragata hundida desató una batalla legal entre España y Odyssey, que pretendía quedarse con el tesoro. Finalmente, en 2012, España ganó el litigio y recuperó las monedas, que fueron trasladadas al Museo Nacional de Arqueología Subacuática en Cartagena.
Este caso ha marcado un precedente en la protección del patrimonio histórico frente a expoliadores modernos.
El impresionante Tesoro de Villena #arqueología https://t.co/VEOPLCSzqr pic.twitter.com/PXJ58JIIQN
— Historia y Arqueología (@redhistoria) May 1, 2018
Y cerramos con uno de los mayores conjuntos de oro prehistórico, el tesoro de Villena. De nuevo, se debió a un accidente, sucedido en 1963: en Villena, Alicante, un albañil estaba usando grava para el hormigón de una obra, cuando en su pala encontró algo brillante.
Se trataba de un brazalete, pero pensó que tan solo era una pieza mecánica de algún camión, así que la dejó olvidada en una oficina. Otro albañil decidió llevar la pieza a su casa y su mujer, con buen ojo, se la llevó a un joyero. Este, que se dio cuenta del valor del brazalete, avisó a los arqueólogos, que se pusieron manos a la obra para determinar el origen de esta pieza, poniéndolo en conocimiento de las autoridades.
Un mes después, un transportista de grava y su mujer se presentaron ante el mismo joyero con otro brazalete similar, asegurando que se trataba de una herencia familiar. Se iniciaron diligencias judiciales y el transportista señaló una rambla cercana como el lugar del hallazgo. Afortunadamente, el resto del tesoro se pudo recuperar en el interior de una vasija. Pero quedaba un brazalete por incorporarse: en Navidad de 1963 se expuso el tesoro por primera vez y un ferroviario identificó una pieza que tenía en el desván y la entregó a los arqueólogos.
El conjunto incluye 28 brazaletes de oro, 11 cuencos, tres botellas de plata y otras piezas ornamentales, también de hierro, ya que era un metal reservado para las élites. En total, el conjunto pesa casi 10 kilos.
Este hallazgo ha sido clave para entender las redes comerciales y la metalurgia de la Edad del Bronce en la península ibérica.
El Museo de Villena expone su tesoro.