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Reportaje
CaixaBank impulsa en su 'Mes Social' más de 100 actividades para 6.000 menores en situación de vulnerabilidad en toda España
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Cada quince días, Alberto Jiménez cruza la puerta del Programa Paula Montal , en el barrio madrileño de Aluche, con varios tableros de ajedrez bajo el brazo. Allí le esperan niños y jóvenes que acuden al centro después del colegio para participar en actividades de apoyo escolar y acompañamiento social. Algunos proceden de familias migrantes; otros conviven con entornos familiares complejos o necesitan apoyo específico por dificultades de aprendizaje y atención.
Durante hora y media, Alberto y su padre —aficionado al ajedrez y también voluntario— enseñan a jugar a los menores. Pero el objetivo va mucho más allá de aprender movimientos o estrategias.

“El ajedrez les ayuda a concentrarse y a desarrollar habilidades, pero lo importante es otra cosa”, explica Alberto. “Muchos de estos niños no tienen en su entorno toda la atención que necesitan. Aquí se sienten escuchados, importantes y acompañados”.
La actividad forma parte de las iniciativas impulsadas junto a entidades sociales dentro de Voluntariado CaixaBank , donde el acompañamiento a infancia y juventud en situación de vulnerabilidad se ha convertido en uno de los ejes principales de actuación. Solo entre enero y abril de 2026 se han desarrollado más de 2.200 actividades dirigidas a jóvenes y niños, con más de 51.000 menores beneficiarios y cerca de 3.900 horas de voluntariado.
Gran parte de estas iniciativas están vinculadas a la educación, el refuerzo escolar, las mentorías o el ocio inclusivo. Durante la cuarta edición del ‘Mes Social’, que se celebra entre mayo y principios de junio, se impulsarán además más de 100 actividades específicas para infancia y juventud que llegarán a cerca de 6.000 menores en distintos puntos de España.
Al final, cuando alguien te dedica tiempo y atención durante la infancia, eso deja huella
Alberto Jiménez
Voluntario de CaixaBank
En muchos casos, el impacto de estas acciones no se mide únicamente en cifras. Alberto lo observa cada vez que vuelve al centro de Aluche. “Hay niños que llegan muy tímidos y, poco a poco, ganan confianza. Algunos aprenden rapidísimo y terminan enseñando a otros compañeros”, cuenta. “Al final, cuando alguien te dedica tiempo y atención durante la infancia, eso deja huella”.
La implicación de jóvenes voluntarios también crece dentro de este tipo de iniciativas. Es el caso de Gadea Muñoz, una estudiante madrileña de 17 años que comenzó a participar en actividades de voluntariado con solo 14, después de escuchar durante años las experiencias de su padre: “Siempre me hablaba de las actividades y de lo que le aportaban”, recuerda. “Yo insistía en que quería acompañarle”.
Su primera experiencia llegó durante el ‘Mes Social’ de 2023 y, desde entonces, el voluntariado se ha convertido en parte habitual de su rutina. Ha participado en talleres infantiles, actividades con personas mayores, acciones de acompañamiento y, también, iniciativas medioambientales, como jornadas de limpieza del río Jarama.
Recuerda especialmente una actividad infantil en la que un niño con discapacidad intelectual le pidió que le pintara la cara. “Estuvo todo el rato tranquilo y contento, sujetándome la mano”, explica. “Cuando terminamos, su padre vino emocionado a darme las gracias. Ahí entendí el impacto que pueden tener cosas muy pequeñas”.



Para Gadea, una de las cosas más valiosas del voluntariado es precisamente esa capacidad de acercarle a otras realidades y aprender de ellas. “Muchas veces piensas que vas a ayudar, pero acabas aprendiendo tú también”, explica.
“Conoces a otras personas, otras situaciones y cambia mucho tu forma de ver las cosas”. Por eso anima a otros jóvenes a participar. “Les diría que prueben, aunque al principio les dé vergüenza o piensen que no van a encajar”, señala. “Al final descubres experiencias y realidades que te mueven muchísimo y hacen que quieras seguir ayudando”.
Muchas veces piensas que vas a ayudar, pero acabas aprendiendo tú también
Gadea Muñoz
Voluntaria de CaixaBank desde los 14 años
Detrás de las cifras del ‘Mes Social’ hay historias como las de Alberto y Gadea, voluntarios de generaciones distintas unidos por una misma idea: dedicar tiempo puede marcar una diferencia real en la vida de otras personas.
En muchas de estas actividades, el valor no está solo en la ayuda práctica, sino en algo más difícil de medir: ofrecer escucha, atención y referentes positivos a niños y jóvenes que necesitan sentirse acompañados.