Rentas de 88 céntimos desde 1521, pagos con objetos de forja y contratos en piedra: la historia del alquiler esconde rarezas llamativas
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Una renta de 88 céntimos que no sube desde 1521, un alquiler que Londres paga a la Corona con herraduras desde el siglo XIII o un contrato griego grabado en piedra que asfixiaba al inquilino: la historia del alquiler está llena de curiosidades que hoy llaman la atención.
En la ciudad alemana de Augsburgo (Baviera), hay un pequeño barrio amurallado donde el alquiler no sube desde hace medio milenio. Se llama Fuggerei y está considerado el complejo de vivienda social más antiguo del mundo que sigue habitado.
Lo fundó en 1521 el banquero y comerciante Jakob Fugger, uno de los hombres más poderosos de su época, como obra benéfica para los vecinos necesitados de la ciudad.
No solo la construcción, sino también el mantenimiento, la modernización y la gestión de Fuggerei se han financiado con fondos de la fundación desde su creación , sin ingresos fiscales ni subvenciones públicas.
El recinto cuenta con 67 casas, 142 viviendas e iglesia propia , y acoge a alrededor de 150 personas. Cinco siglos después, las condiciones siguen siendo casi las mismas que se establecieron al principio.
¿Cuánto pagan los residentes? La renta que fijó el fundador era de un florín renano al año, que hoy equivale a 0,88 euros, y se ha mantenido. Efectivamente, los inquilinos pagan de alquiler menos de un euro anual.
El resto de las condiciones para residir en Fuggerei no son menos curiosas: solo pueden vivir allí ciudadanos de Augsburgo de fe católica y con necesidad económica acreditada. Además, a cambio de la renta simbólica, los residentes se comprometen a rezar tres oraciones diarias por el fundador y su familia.
Cada otoño, la ciudad de Londres celebra una de las ceremonias legales más antiguas de Inglaterra, solo superada por la coronación: la ceremonia de los Quit Rents. En ella, la urbe salda simbólicamente dos viejos arrendamientos con la Corona entregando objetos en lugar de dinero. El acto lo preside el King's Remembrancer, un cargo judicial creado en el siglo XII.
El primero de los pagos corresponde a una finca llamada The Moors, en el condado de Shropshire, arrendada en 1211 a un hombre llamado Nicholas de Mora. La renta consiste en un cuchillo y un hacha , uno romo y la otra, afilada. Se prueban cortando una vara de avellano; el oficiante sentencia entonces good service (buen servicio).
El segundo pago, por una antigua fragua cercana al Strand, se abona con seis herraduras y 61 clavos, bajo la fórmula good number (buen número).
Los objetos y las cifras no han cambiado en siglos: se siguen entregando exactamente los mismos y todo eso pese a que ya nadie sabe con certeza dónde estaban los terrenos originales.
Mucho antes de los contratos estándar de alquiler, en el mundo griego ya existían arrendamientos detallados hasta el último renglón.
Así lo demuestra una inscripción tallada en griego dórico sobre las dos caras de una estela de piedra caliza. Fue hallada en el suroeste de la actual Turquía y datada hacia los años 220-200 a. C. Hoy se conserva en el Museo Arqueológico de Fethiye.
El texto refleja unas obligaciones considerablemente duras para el arrendatario. Por cada 100 dracmas de renta anual, debía plantar 800 vides y 40 higueras, además de seguir instrucciones exactas sobre cómo y a qué profundidad cultivar. Todo ello, bajo amenaza de sanciones si no cumplía.
Según el investigador Fatih Onur , que ha analizado la pieza, el documento revela un nivel de control agronómico y burocrático sorprendente para la época. Sus reglas no dejaban nada al azar y cargaban casi todo el riesgo sobre quien trabajaba la tierra.
En la Roma antigua, donde buena parte de la población vivía de alquiler en las insulae (los bloques de pisos de la época), todos los contratos se celebraban a la vez.
Concretamente, los contratos de arrendamiento de todas las insulae entraban en vigor el día 1 de julio (las calendas de julio), se renovaban anualmente y se pagaban a año vencido.
La cuestión es que esa fecha fija concentraba la demanda y, con ella, las subidas de precio: justo cuando arrancaban los nuevos arriendos, las rentas tendían a dispararse.
El sistema dio pie a todo tipo de picaresca. Como el inquilino debía dejar entrar al administrador, cada junio era habitual que posibles nuevos arrendatarios visitaran la vivienda, una maniobra que se usaba para presionar al residente y subirle la renta.
A finales de mes, el trasiego de quienes se mudaban (y de quienes se marchaban de noche sin pagar) era incesante.
La picaresca llegaba también a las clases altas: Suetonio contaba cómo el emperador Tiberio vetó a un senador que se había ido al campo justo antes de las calendas de julio para, una vez vencido el plazo, alquilar después una casa más barata en Roma.
De gestos de filantropía que se mantienen más de medio milenio a ceremonias que conservan viva la historia de un país, estas historias son pequeñas muestras de que el alquiler de viviendas siempre ha sido y será mucho más que una mera transacción económica.


