Las altas temperaturas empiezan a alterar los flujos turísticos: la costa norte gana atractivo durante los meses más cálidos
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Las olas de calor prolongadas, las noches tropicales y las temperaturas extremas registradas en buena parte del Mediterráneo en los últimos años están empezando a influir en una decisión que durante décadas parecía guiada casi exclusivamente por el precio, la playa o la oferta cultural: dónde pasar las vacaciones. El clima, que siempre fue uno de los grandes activos turísticos del país, empieza también a actuar como un factor de redistribución territorial.
En 2025, España recibió 96,8 millones de viajeros internacionales, según el Instituto Nacional de Estadística (INE) , consolidándose como una de las grandes potencias turísticas mundiales.
El sector representa en torno al 12 %-13 % del PIB nacional y mantiene un fuerte efecto tractor sobre empleo, comercio, hostelería, transporte e inversión. Sin embargo, el aumento sostenido de las temperaturas abre un escenario nuevo para parte de la industria.
El informe Global Climate Highlights 2025 del servicio europeo Copernicus señala que 2025 fue el tercer año más cálido jamás registrado a nivel global, con temperaturas especialmente elevadas en buena parte del continente europeo.
Un estudio del Joint Research Centre (JRC) advirtió ya en 2023 de que varias regiones españolas figuran entre las zonas europeas más vulnerables al impacto climático sobre la demanda turística. En concreto, regiones como Murcia o Baleares podrían llegar a registrar caídas significativas de visitantes durante los meses de verano.
Los datos de gasto turístico analizados por CaixaBank Research apuntan en la misma dirección. A partir de pagos anonimizados con tarjeta en terminales de CaixaBank, la entidad ha detectado que entre los veranos de 2019 y 2023 el crecimiento del gasto turístico fue considerablemente mayor en los municipios con temperaturas medias más bajas.
En los destinos menos cálidos, el gasto aumentó cerca de un 45 %. Mientras, en los municipios con temperaturas medias superiores a 23 grados el crecimiento se movió entre el 25 % y el 35 %.
Datos más recientes del INE sobre viajeros y pernoctaciones en hoteles y otros alojamientos apuntan a que esta dinámica podría seguir vigente.
Si se compara el bloque de comunidades costeras más al norte (Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco) con las más turísticas del Mediterráneo (Andalucía, Región de Murcia, Comunidad Valenciana y Baleares), se observa que ambos parámetros crecen a ritmos distintos.
Las pernoctaciones durante los meses de más calor (junio a septiembre) en el bloque del norte acumularon un crecimiento mayor (6,8 %) que las del Mediterráneo (5,3 %) entre 2022 y 2025. Aunque en menor medida, esto también se observa en el número de viajeros (0,3 p.p. de diferencia).
Si nos fijamos en las pernoctaciones de viajeros españoles del pasado verano, solo una de las comunidades del norte (Asturias) registró una ligera caída interanual respecto a 2024 (-0,7 %). En el bloque del sur sucedió al revés: únicamente Andalucía experimentó crecimiento (3,1 %). El resto vio disminuir las pernoctaciones de visitantes nacionales respecto al año anterior.
Hay que tener en cuenta que las comunidades del norte tienen mayor margen para el crecimiento que las mediterráneas, más consolidadas como destinos turísticos. Sin embargo, estas cifras parecen apuntar al creciente atractivo del norte peninsular cuando el calor aprieta.
Efectivamente, comunidades con temperaturas suaves como Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco parecen concentrar cada vez más interés durante los episodios de calor intenso registrados en el centro y el sur de Europa.
La combinación de temperaturas moderadas, paisaje natural, gastronomía y menor saturación está reforzando el gancho del norte peninsular tanto para turistas nacionales como internacionales.
Asturias se ha convertido en uno de los ejemplos más visibles de este fenómeno. El aumento de la demanda turística empieza a trasladarse al mercado inmobiliario , la inversión hotelera y los servicios vinculados a restauración, ocio y movilidad.
Localidades como Llanes, Ribadesella o Cudillero registran ocupaciones muy elevadas durante julio y agosto. Mientras, el Principado ha empezado a utilizar de forma abierta el concepto de “refugio climático” en su estrategia de promoción turística.
Galicia vive un proceso similar, especialmente en segmentos vinculados al turismo gastronómico, rural y de bienestar. Dichos segmentos son, además, de los que concentran un mayor gasto medio diario en la zona, (alrededor de 120 euros, según Turismo de Galicia ).
Las Rías Baixas , la Ribeira Sacra o A Mariña han reforzado su posicionamiento en los últimos años gracias a una demanda que busca naturaleza y experiencias menos expuestas al calor extremo.
Al mismo tiempo, el Camino de Santiago mantiene una fuerte capacidad de atracción internacional y amplía progresivamente su temporada alta más allá de los meses centrales del verano.
Por su parte, Cantabria es la que más ha pisado el acelerador en cuanto a pernoctaciones veraniegas: entre 2022 y 2025 acumuló un aumento del 11,2 %. En número de viajeros, País Vasco es el que mayor crecimiento sumó (11,5 %).
La búsqueda de temperaturas más benignas representa una oportunidad también para nuevos destinos dentro de las zonas turísticas más tradicionales.
Un reciente análisis de CaixaBank Research ha examinado cómo se comportan los turistas internacionales cuando pasan más calor del esperado durante sus vacaciones en España (más de 8 ºC por encima de la media histórica de la zona).
Por un lado, el estudio ha detectado que el calor extremo reduce un 15 % las probabilidades de que el turista internacional vuelva a España al año siguiente, en comparación con el que ha experimentado temperaturas más normales.
Por otro lado, quienes regresan tienden a repetir zona y temporada: apenas el 1,8 % de turistas internacionales que estuvo en el Mediterráneo en 2024 y regresó a España se trasladó a la costa atlántica en 2025.
¿Qué supone esto? Que el turista extranjero que pasó calor en el Mediterráneo o Canarias tenderá a buscar destinos más frescos por la misma zona al año siguiente. Por ejemplo, municipios costeros más templados o una isla diferente en fechas distintas dentro de la misma temporada.
Se trata de ajustes finos, pero que pueden tener una repercusión económica relevante en las zonas más frescas.
El impacto de las altas temperaturas no se limita a la elección del destino, también modifica la forma de consumir y desplazarse dentro de las ciudades y zonas turísticas. Por lo tanto, el calor extremo condiciona ya directamente la rentabilidad de negocios, los patrones de movilidad y el funcionamiento diario de la actividad turística.
En su análisis, CaixaBank Research señala que por cada grado adicional respecto a la temperatura histórica diaria, el gasto turístico entre las 12 y las 17 horas cayó un 0,27 %, mientras que aumentó durante la noche y la madrugada.
Restaurantes y actividades de ocio registraron descensos de consumo en los momentos de mayor calor y ese cambio de hábitos obliga a repensar la oferta turística. Ciudades y destinos costeros están ampliando actividades nocturnas, reforzando zonas de sombra, adaptando espacios públicos y desarrollando propuestas menos dependientes de las horas centrales del día.
El fenómeno también abre nuevas oportunidades para modelos vinculados a sostenibilidad y confort climático. Una parte creciente de los viajeros, de hecho, prioriza destinos con temperaturas moderadas, acceso a naturaleza y menor presión ambiental.
El norte peninsular parte con ventaja en ese escenario. Con todo, el aumento de la demanda exigirá inversiones en movilidad, vivienda, gestión del territorio e infraestructuras para evitar problemas de saturación similares a los que desde hace años afectan a otras regiones turísticas españolas.
España seguirá siendo una de las grandes potencias turísticas internacionales. La cuestión es cómo evolucionará el equilibrio entre territorios en un contexto climático más extremo.
Los primeros cambios ya aparecen en los datos de gasto, ocupación y movilidad, y todo apunta a que el mapa turístico nacional será distinto dentro de una década, aunque todavía es difícil anticipar la velocidad y la profundidad de esa transformación.


