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Aunque vivimos en un mundo globalizado y digital, en el que pareciera que toda oportunidad de futuro laboral pasa por dominar el código binario o las redes sociales, lo cierto es que la agricultura ha sido el motor de la economía española durante muchos siglos y su nivel de producción no ha dejado de aumentar en los últimos años, fruto de la necesidad de satisfacer la demanda de una población creciente.
España es el país de la Unión Europea que tiene un porcentaje más alto del PIB procedente del sector agrícola. Además, hay que considerar que el peso económico de la agricultura va más allá de lo generado por su propia actividad, ya que tiene una influencia clave en otras actividades, como las industrias de transformación de alimentos y las industrias de producción.
Así, vemos que es una actividad integrada dentro del sistema agroalimentario, que supone un 10,6 % del PIB nacional y genera un 14,2 % del empleo del país. Estos datos, reflejados en un estudio publicado por PwC, llevan a considerar la agricultura como un sector estratégico para España, que aporta gran valor económico, social, territorial y medioambiental.
Las megatendencias globales que transformarán (y ya están transformando) el mundo suponen grandes oportunidades para el sector agrícola. El cambio demográfico permite prever un escenario en el que la demanda de alimentos crecerá hasta un 70 % en los próximos 30 años, pero donde el relevo generacional de los agricultores no está asegurado.
El cambio climático, la escasez de recursos, el acelerado proceso de urbanización y el cambio en los poderes económicos mundiales suponen los mayores retos para un sector que, como se ha demostrado a raíz de la reciente pandemia, resulta esencial.
En este horizonte que dibuja 2050 para el sector agrícola, la forma de producir será la clave. Si bien España ya cuenta con ventajas endémicas, como son las horas de luz solar, el clima, o la diversidad de paisajes que permite una producción agrícola surtida, el grado de innovación que sea capaz de integrar en sus procesos determinará el éxito futuro.
Un sistema que sepa aumentar su producción con recursos menguantes, basado en la sostenibilidad y las palancas tecnológicas, que atraiga empleo joven y cualificado a la vez que asegura la continuidad del medio rural, es la meta de la transformación agrícola en nuestro país, lo que Luis Planas, ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, ha denominado «agricultura inteligente».
Según aseguró el ministro, el Gobierno apuesta por la transformación digital como herramienta necesaria para la reorientación del sector. Este esfuerzo transformador, que busca mantener al sistema agroalimentario español en una posición de vanguardia y liderazgo mundial, se realiza a través de tres vías principales: la Estrategia de Digitalización del Sector Agroalimentario y Forestal y del Medio Rural, el plan de recuperación de la Unión Europea y la Política Agraria Común (PAC).
Los objetivos de desarrollo sostenible han dibujado un horizonte para el que todos los sectores y agentes económicos y sociales deben aunar esfuerzos. El sector agrícola ha visto la necesidad de transformación como una oportunidad de reinventarse. Haciendo uso de la tecnificación y digitalización como palancas clave, el nuevo sector agrícola asume los retos de un mercado global desde una perspectiva más empresarial, donde la optimización de recursos y protección de los ecosistemas es primordial y los protagonistas han dejado de ser agricultores para convertirse en directores de agronegocios.