ECONOMÍA CIRCULAR
Así lo hacían tus abuelos, así lo puedes hacer tú: reutiliza para ahorrar

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Esta práctica plantea emular el funcionamiento de los ecosistemas para facilitar la regeneración de los suelos y restaurar los ciclos naturales mediante prácticas agrícolas
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Vivimos en un momento histórico donde la crisis climática y el agotamiento de recursos perfilan nuestro porvenir. La humanidad ya ha superado los 8.000 millones de habitantes y, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) , podría alcanzar los 10.000 millones para 2050.
Este crecimiento exponencial plantea un desafío crucial: alimentar a todos sin comprometer la salud del planeta.
La FAO advierte de que en la última década se ha intensificado la degradación de suelos y acuíferos, lo que dificulta garantizar la seguridad alimentaria global.
En este contexto, la alimentación regenerativa se posiciona como una alternativa sólida y estratégica frente al modelo productivo tradicional.
Más allá de postureo ecológico o tendencias gourmet, la alimentación regenerativa busca la rentabilidad del sistema a largo plazo, la salud del ecosistema y la resiliencia económica.
El ser humano lleva milenios observando su entorno. Conocer la naturaleza nos permite aprovechar al máximo sus beneficios. Siguiendo esta idea, la alimentación regenerativa busca emular el funcionamiento de los ecosistemas para facilitar la regeneración de los suelos, aumentar la biodiversidad y restaurar los ciclos naturales mediante prácticas agrícolas y ganaderas.
Estas son algunas de sus técnicas y ejecuciones.
Esta práctica no solo mejora la fertilidad del suelo, sino que también rompe los ciclos de plagas y enfermedades, reduciendo la necesidad de pesticidas.
Además, al alternar especies con diferentes exigencias nutricionales, se optimiza el uso de los recursos naturales y se prolonga la vida útil del terreno. Un ejemplo en España es el sistema de rotación tradicional en cultivos de secano, como el que se practica en Castilla y León , pasando de trigo a leguminosa (como alverjón) al girasol y al cereal de invierno.
Esta secuencia permite fijar nitrógeno, mejorar la estructura del suelo y diversificar la producción sin agotar los nutrientes.
Es una técnica ganadera que imita los movimientos naturales de los herbívoros en ecosistemas salvajes. Al mover el ganado en ciclos cortos y dejar descansar las parcelas, se estimula el crecimiento del pasto, se mejora la estructura del suelo y se potencia la captura de carbono.
Además, este sistema reduce la compactación del terreno y favorece la biodiversidad microbiana. En Luque (Córdoba) se extiende el olivar más sostenible de España, la finca Valle del Conde .
Allí, cinco rebaños de ovejas participan en un ciclo de pastoreo que recorta, abona y regenera el suelo de forma natural. Este modelo de pastoreo ha demostrado mejorar la fertilidad, reducir la erosión y aumentar la resiliencia frente a la sequía.
Enriquecen el suelo sin alterar su equilibrio biológico, favoreciendo la actividad microbiana y la retención de nutrientes. Además, al provenir de residuos orgánicos, permiten cerrar el ciclo de la materia y reducir la huella ecológica de la producción agrícola.
Mundolombriz, en Peraleda de la Mata (Cáceres) , se distingue por el uso de humus de lombriz en cultivos ecológicos. Allí transforman el estiércol en un abono orgánico de alta calidad que mejora la estructura del suelo y potencia la productividad sin químicos, reforzando la circularidad.
Desde una perspectiva económica, la alimentación regenerativa no solo es viable, es estratégicamente beneficiosa. Por un lado, supone menor dependencia de recursos externos, reduciendo el gasto en fertilizantes sintéticos, herbicidas y maquinaria pesada.
También implica mayor resiliencia ante eventos climáticos extremos, gracias a la consolidación de suelos sanos retienen mejor el agua y resisten la erosión.
Por otra parte, los productos de alimentación regenerativa suponen un valor añadido en el mercado, ya que los productos regenerativos despiertan interés en consumidores más informados y comprometidos, dispuestos a pagar por trazabilidad y compromiso ambiental.
Por último, existen incentivos fiscales y subvenciones en algunos países europeos para quienes adoptan prácticas regenerativas, con los beneficios que suponen a las empresas.