Economía doméstica
9 R: la fórmula de la economía circular

Artículo
Ahorro de dinero, de emisiones y de recursos para el planeta son algunas ventajas de la reutilización. Aquí tienes algunas ideas
Tiempo de lectura | 5 min.

Llegas a casa de tus abuelos y ves una lata de galletas. La abres con toda la ilusión del mundo… y solo encuentras hilos de coser. ¿Te ha pasado alguna vez?
Es una pequeña decepción, pero también una señal de lo sabios que son nuestros mayores. Ellos conocían perfectamente el valor que tiene reutilizar objetos, al igual que lo hacían sus padres.
Servilletas de tela, bombos de detergente para guardar juguetes, ropa que hereda un hermano tras otros, paños de cocina hechos de sábanas viejas... La lista es interminable y, si nos paramos a pensar, cada elemento representa dinero ahorrado: el que no se gasta en adquirir un objeto nuevo.
Es la magia de la reutilización, una de las “R” más importantes de la economía circular que no solo ahorra dinero, sino que aporta sostenibilidad.
Economía doméstica

Artículo
Reutilizar objetos no consiste solamente en intentar ponerse unos vaqueros algún tiempo más o cambiar las servilletas de papel por otras de tela.
Es un cambio de mentalidad que abarca priorizar el mercado de segunda mano o de productos reacondicionados, así como encontrar nuevos usos para objetos que, de otra manera, se convertirían en residuos. También compartirlos para que otras personas puedan darles más usos y repararlos cuando sea posible.
Todo esto ya lo hacían nuestros abuelos cuando iban al rastro, cuando le daban la vuelta al cuello gastado de una camisa, cuando reutilizaban tarros de cristal para guardar las conservas caseras o cuando llevaban sus herramientas para ayudar a algún vecino en labores agrícolas.
Sin saberlo, desarrollaban hábitos de consumo sostenible en un modelo de economía circular que priorizaba la reutilización frente a la sustitución.
Cambio climático

Artículo
Más allá de trapos de cocina y pantalones a los que se les haga un remiendo, el ahorro que aporta hoy la reutilización de objetos es considerable. Un ejemplo palpable es el de los dispositivos electrónicos de alta gama.
La OCU ha calculado el dinero que se puede ahorrar al comprar smartphones reacondicionados. Es decir, móviles de segunda mano que se han reparado y puesto a punto para que alguien les dé una segunda vida.
La organización encontró una diferencia de precio de entre el 20 % y el 60 % respecto a la compra del mismo modelo nuevo. Es una cantidad notable si tenemos en cuenta el precio de estos productos.
¿Y cuánto nos ahorraríamos por utilizar servilletas de tela que podemos lavar en vez de servilletas de papel? Si tenemos en cuenta un precio de 3 céntimos por unidad, una familia de cuatro personas que se reúna para desayunar y cenar todos los días de la semana podría ahorrarse como mínimo unos 90 euros al año solo en servilletas de papel.
Más allá del dinero, reutilizar contribuye a la sostenibilidad porque ahorra emisiones contaminantes a la atmósfera y consumo de recursos naturales del planeta.
La razón es muy sencilla: este hábito de consumo sostenible disminuye la producción de objetos nuevos para reemplazar los antiguos, además de reducir residuos.
Si tomamos el mismo ejemplo de los smartphones, reacondicionar uno ahorra 14 kilos en recursos y hasta 58 kg de emisiones de dióxido de carbono (CO2) solamente porque alarga su vida útil.
Si lo que se reacondiciona es una tablet, se ahorran 58 kg en recursos y 139 kg de emisiones de CO2, el equivalente a plantar siete árboles.
Este es solo un ejemplo: los ahorros en recursos y emisiones gracias a la reutilización se dan también en prendas de ropa, muebles, recipientes y enseres del hogar, electrodomésticos, herramientas, juguetes y prácticamente cualquier producto de consumo en el que podamos pensar. Esto es muy importante tanto para nosotros como para el planeta.
Empresas

Artículo
Ya sabemos que reutilizar objetos es beneficioso para el planeta y también para el bolsillo. Eso sí, para obtener el máximo ahorro, lo mejor es convertir la reutilización en un cambio de mentalidad, más que en algo puntual.
Debemos pensar más como lo hacían nuestros abuelos, que sacaban partido a sus objetos todo lo que podían. Ellos tenían muy claros ciertos hábitos de consumo sostenible que nosotros podemos recuperar.
¿Por dónde empezar?
En lo posible, el cambio de mentalidad debe comenzar por reducir los productos de uso limitado o único. Piénsalo: era muy raro encontrarlos en casa de tus abuelos, cuando mandaba el aprovechamiento de recursos. Es decir, cuando la economía era circular y el consumo, sostenible.
Toallas de algodón para retirar el maquillaje, botellas de cristal y bolsas de rafia en vez de plástico, prendas de calidad y atemporales… Buscamos alargar al máximo la vida de los objetos, así que conviene apostar por aquellos que puedan durar más. Se trata de encontrar el equilibrio entre conveniencia y sostenibilidad.
Finanzas personales

Artículo
Para los abuelos, arreglar una radio o cogerles un punto suelto a las medias estaba a la orden del día.
¿Se le ha roto la cremallera a tu pantalón?, ¿tu ordenador ha dejado de funcionar? Antes de deshacerte de ellos, considera repararlos. Si no sabes hacerlo tú, busca un servicio de reparación o arreglos de ropa. Es muy probable que te salga más barato que comprar uno nuevo.
Hay muchas tiendas que ofrecen ropa, dispositivos electrónicos o muebles usados o reacondicionados, listos para alargar su vida útil. Son objetos que alguien ha decidido dejar de usar, pero a los que tú puedes sacar partido mientras ahorras dinero y emisiones.
No solo se trata de priorizarlos al comprar: también tú puedes alargar la vida útil de objetos que ya no utilizas si los pones en el mercado de segunda mano o los facilitas para su reacondicionamiento. Lo que a ti no te sirve puede resultar muy útil a otras personas.
¿Cuántas veces vas a utilizar en tu vida un taladro? Si lo pones a disposición de tus vecinos y ellos hacen lo mismo con otras herramientas, impulsaréis el consumo colaborativo.
Este es un hábito de consumo responsable que conocían bien nuestros abuelos y que consiste, básicamente, en compartir y reutilizar productos en vez de darles un uso exclusivo.
Los cálculos son sencillos: si varios vecinos comparten un taladro, una grapadora de madera, un robot cortacésped y una moto eléctrica para hacer recados, ahorrarán dinero durante mucho tiempo y apostarán por la sostenibilidad. Es cuestión de proponerlo y organizarse.
Economía doméstica

Artículo
¿Qué ocurre cuando un objeto ya no nos resulta útil? Lo ideal es buscarle un nuevo uso que nos pueda beneficiar. De ahí salían las latas de galletas transformadas en costureros o las sábanas de buen algodón en trapos para limpiar.
Se puede dar un paso más y aumentar su valor. En eso consiste el upcycling, que transforma objetos en otros de mayor valor con un poco de maña e imaginación.
Inspiración hay de sobra en internet: desde llaves y otros objetos viejos que acaban en un sombrero steampunk a pianos inservibles reconvertidos en bodegas . Solo hay que ponerse manos a la obra.