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La economía espacial podría alcanzar los 1,67 billones de euros en 2035, según el Foro Económico Mundial
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El 12 de abril de 1961, la URSS ponía en órbita al primer hombre, Yuri Gagarin. La carrera espacial había arrancado y era escenario de la pugna de dos superpotencias, la URSS y EE.UU., por conquistarlo.
Con la caída del Telón de Acero en 1989, la carrera espacial viró hacia estrategias colaborativas. Recientemente, algunos países han querido poner su pica en Flandes, como China, y cada vez es más habitual ver a millonarios viajando al espacio o invirtiendo en empresas de tecnología aeroespacial.
¿Estamos viviendo un resurgimiento del sueño de conquistar el espacio?
El Foro Económico Mundial sostiene en su informe ‘Space: The $1.8 Trillion Opportunity for Global Economic Growth’ que el sector espacial podría alcanzar un valor de 1,67 billones de euros en 2035.
Para poner en perspectiva esta cifra, es necesario tener en cuenta la estimulación de la inversión privada, la reducción de costes tecnológicos o la diversificación de las actividades espaciales.
Esta aceleración se evidencia en el aumento de las inversiones de los sectores público, privado y privado no espacial, añade el informe.
Entre los factores que están contribuyendo al impulso de este sector se encuentran la disminución de los costes de lanzamiento, la innovación comercial (componentes y software), la diversificación de la inversión y las aplicaciones, cambios legislativos y una mayor conciencia y entusiasmo cultural. Todo ello está contribuyendo al impulso de este sector, según explica la Harvard Business Review en este artículo.
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Las últimas décadas han visto cómo empresas privadas como SpaceX, Blue Origin y Rocket Lab han liderado este cambio, siendo concesionarias de grandes entidades como la NASA, pero también dando servicio a las agencias espaciales de India o Japón.
Las inversiones del sector privado están impulsando la innovación y el acceso en áreas como la inspección en órbita, los servicios de mantenimiento y las estaciones espaciales financiadas comercialmente, puntualiza el informe.
También se están expandiendo las asociaciones entre el sector privado no espacial y los actores espaciales, como la colaboración de Grimaldi Group con la Agencia Espacial Europea para desarrollar un sistema de guía basado en satélites para el atraque de grandes embarcaciones.
Se espera que las nuevas actividades comerciales, como el turismo espacial y la manufactura en el espacio se expandan de cara a 2035, estima el Foro Económico Mundial.
Por ejemplo, el mercado del turismo espacial podría alcanzar entre 4.600 y 5.100 millones de euros anuales aproximadamente para 2035, según estimaciones del Foro Económico Mundial, principalmente por estancias en órbita, agrega el informe. Compañías como Virgin Galactic y Blue Origin ya están realizando vuelos suborbitales con civiles.
Otra de las aplicaciones comerciales del sector espacial son los satélites, recursos fundamentales para las telecomunicaciones, la monitorización meteorológica, la conexión a internet o la seguridad.
Los avances tecnológicos han facilitado la fabricación y mantenimiento de satélites de menor tamaño y mayor rendimiento. Con ellos, se pueden establecer redes o constelaciones ubicadas en órbitas muy bajas (VLEO, por sus siglas en inglés, que se encuentran entre 150 y 450 kilómetros de distancia de la Tierra) con la posibilidad de capturar imágenes de alta resolución con costes reducidos.
Esto es posible gracias a tecnologías más compactas que disminuyen el peso de los satélites y optimizan la calidad de las imágenes. Además, pueden ofrecer Internet o geolocalización, optimizando su funcionamiento.
Empresas como SpaceX ha aprovechado esta línea de negocio con servicios como Starlink. Los satélites representan un tercio de la facturación del sector, generando empleos especializados e impulsando la investigación en tecnologías avanzadas para nuevas aplicaciones.
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Los beneficios del sector espacial van más allá de su impacto económico. El impulso del sector posibilita que se desarrollen tecnologías para misiones espaciales con aplicaciones en medicina, agricultura y gestión de recursos.
Por ejemplo, la tecnología satelital permite una mejor monitorización del cambio climático con alertas tempranas, así como la optimización de cultivos agrícolas, desgrana el informe.
Además, garantizan redes de comunicación resilientes y ayudan a mejorar la respuesta a las crisis humanitarias.
No obstante, el crecimiento del sector espacial también plantea retos. La acumulación de basura espacial representa un riesgo creciente. Los restos de satélites y lanzamientos pueden dificultar futuras misiones y amenazar la seguridad de los sistemas activos. Por ello, el informe subraya la necesidad de establecer marcos regulatorios claros para gestionar este conflicto.
La comercialización del espacio y la extracción de recursos también suscitan debates éticos. La apropiación de materiales en el espacio plantea interrogantes sobre la equidad y el impacto en la distribución de riquezas.