Accesibilidad, autonomía y lenguaje claro: las claves para que nadie quede fuera de los servicios financieros
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La inclusión financiera es esencial en cualquier sociedad que se precie. Y es que, si queremos una igualdad real, las personas pertenecientes a colectivos vulnerables o con algún tipo de discapacidad deben tener un acceso completo, seguro, garantizado y en las mismas condiciones a los productos financieros.
Por eso, debemos convertir la inclusión financiera en una realidad palpable. Y para ello, debemos saber definir de qué estamos hablando, de manera que podamos colocarlo en un punto de mira que no debemos abandonar hasta haberlo alcanzado.
Para dar con la definición adecuada, Aula, el programa de formación sobre economía y finanzas dirigido a los accionistas de CaixaBank, organizó el webinar Inversión inclusiva: finanzas para personas con discapacidad , en el que Tania Postigo, responsable de Inclusión Financiera en Asesoría Jurídica en CaixaBank, e Ignacio Velasco, director de Wealth – Asesoramiento Patrimonial en CaixaBank, describieron los pilares y los retos de la inclusión financiera real.
¿A qué nos referimos exactamente cuando hablamos de inclusión financiera? Las definiciones pueden variar según quién las lance, así que conviene partir de unos conceptos claros.
Tania Postigo, responsable de Inclusión Financiera en Asesoría Jurídica en CaixaBank, afirma que la verdadera inclusión financiera debe basarse en siete pilares que, además, cuentan con un fundamento normativo claro en España, recogido especialmente en la Ley 11/2023, en la Ley 15/2022 y la 8/2021.
La existencia de servicios financieros para todo el mundo es el primer paso para alcanzar la inclusión financiera, pero en ningún caso el último. Además, debe garantizarse que el acceso sea real.
De nada sirve, por ejemplo, desarrollar la mejor aplicación bancaria del mundo para que los clientes consulten sus cuentas, sus posiciones y sus fondos… si dicha app no es accesible para las personas con discapacidad.
La mejor forma de garantizar la accesibilidad de un servicio es que este haya sido desarrollado, desde el principio, para cualquier persona.
La mejor forma de garantizar la accesibilidad de un servicio es que este haya sido desarrollado, desde el principio, para cualquier persona

Tania Postigo
Responsable de Inclusión Financiera en Asesoría Jurídica en CaixaBankPuede parecer un objetivo muy genérico, pero encierra desafíos muy concretos, porque las barreras no siempre son sencillas de identificar. En ocasiones, a la hora de lanzar un producto, podemos caer en conductas neutras que generan algún tipo de obstáculo que, de primeras, no sepamos ver.
Por eso, es esencial que hablemos tanto con el tercer sector como con los clientes para identificar esas barreras invisibles que impiden el acceso a un servicio o un producto.
Hay que partir de un punto esencial: el principio de diseño para todas las personas. ¿Qué quiere decir esto? Que, cuando se lance un producto, un canal, un proceso o un contrato, es importante preguntar: ¿es comprensible por cualquier persona?
Quienes tengan una discapacidad cognitiva o sensorial, por ejemplo, ¿van a lograr acceder a él y entenderlo? Se trata, en definitiva, de incluir a todo el mundo en los servicios financieros básicos.
Para las entidades financieras, este ha sido un auténtico reto y una revolución en la forma de relacionarnos con los clientes. Y es que, tal y como establecen la Convención de Nueva York de 2006 y el Código Civil español los bancos deben diseñar productos, servicios y procesos que impulsen la autonomía individual.
Cualquier cliente, tenga las capacidades que tenga, puede disponer de apoyo en su capacidad jurídica, pero, sobre todo, debe tener las herramientas para tomar sus propias decisiones de manera autónoma. Es decir, las entidades financieras deben ayudar a cualquier usuario que lo solicite, pero, ante todo, deben darle las herramientas para que, en la medida de lo posible, pueda desenvolverse solo.
Cualquier cliente, tenga las capacidades que tenga, debe disponer de las herramientas para tomar sus propias decisiones de manera autónoma

Tania Postigo
Responsable de Inclusión Financiera en Asesoría Jurídica en CaixaBankA menudo se suele decir que los productos bancarios son complejos, están redactados de manera muy técnica o, en definitiva, generan confusión. Y eso es lo que la inclusión financiera pretende evitar.
Cada producto, cada proceso o cada contrato debe ser entendido, de manera sencilla, por cualquier persona que acceda a ellos, siendo consciente de todo lo que está haciendo o todo lo que está firmando. No es una mera declaración de intenciones: por ley, las comunicaciones de las entidades financieras con los consumidores no deben superar el nivel B2 dentro del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER) .
Aunque cualquier cliente debería poder tomar decisiones de manera autónoma, las entidades financieras han de prestarle apoyo. En aquellos casos en los que se identifique una situación financiera que puede poner en riesgo el patrimonio de un usuario, los bancos deben estar a su disposición para evitarlo. La inclusión financiera también es eso.

Este no es un pilar asociado a una normativa concreta, pero no por ello es menos importante. Eliminar barreras, explicar claramente los productos, ayudar y apoyar al usuario... Y todo eso se consigue con empatía y con escucha activa. Las entidades financieras, las del tercer sector y las administraciones públicas deben colaborar entre nosotras para que la inclusión financiera sea real.
Los ingredientes están claros, pero ¿cómo llevamos a cabo la receta? Para ello, debemos ser conscientes de algo: nos encontramos ante un cambio en la pirámide poblacional, con una sociedad que vive más y acumula más patrimonio.
Una sociedad así necesita, también, servicios financieros accesibles, comprensibles y seguros. Para conseguirlo, nos fijamos en una serie de factores para, a continuación, marcarnos los retos para sacarlos adelante.
Entre 2025 y 2045, vamos a observar cómo las personas mayores de 65 años van a representar un mayor peso en nuestra población. En este sentido, el reto pasa por adaptar los productos, los canales y la atención a una población de edad más avanzada.
Además, una mayor longevidad implica una vida financiera más prolongada. Sobre todo, porque las personas vivirán más años tras su jubilación y gestionarán su patrimonio durante más tiempo, así que el reto pasa por facilitarles que hagan una planificación a largo plazo, que puedan prevenir los fraudes, que eviten los errores y que tengan el apoyo suficiente para tomar decisiones que, en ocasiones, serán más complejas.
Hay que adaptar los productos, los canales y la atención a una población de edad más avanzada

Ignacio Velasco
Director de Wealth - Asesoramiento Patrimonial en CaixaBank
El aumento de la esperanza de vida aumentará, inevitablemente, los índices de dependencia: habrá más enfermedades crónicas, más deterioros cognitivos y más situaciones de falta de autonomía completa. Por ello, debemos diseñar una serie de apoyos en la toma de decisiones, así como unos protocolos de protección y un equilibrio entre la autonomía y la seguridad.
La generación del baby boom ha acumulado una riqueza mucho más elevada que otras generaciones, especialmente si hablamos de vivienda y ahorro. Ante esta situación, proteger los patrimonios en un contexto de vulnerabilidad y mejorar la educación financiera deben ser nuestros objetivos primordiales.
Debemos proteger los patrimonios en un contexto de vulnerabilidad y mejorar la educación financiera
Ignacio Velasco
Director de Wealth - Asesoramiento Patrimonial en CaixaBankEs un conjunto de bienes, como dinero, propiedades o inversiones, que se administra con el propósito de cubrir a medio plazo las necesidades vitales de personas con discapacidad intelectual de al menos un 33 % o discapacidad física o sensorial de al menos un 65 %. En Cataluña, también las personas que tienen un grado de dependencia I y II.
Tiene importantes ventajas fiscales para los familiares aportantes, desgravación fiscal individual de 10.000€ y familiar de 24.250€. Las disposiciones de la persona con discapacidad no tributarán con determinados límites anuales.
Paralelamente, existe otro medio complementario de ahorro, con idénticas ventajas fiscales, el plan de pensiones para personas con discapacidad. En resumen, una familia podría llegar a aportar anualmente hasta 48.500€ de patrimonio con desgravaciones fiscales, para cubrir las futuras necesidades vitales de su familiar con discapacidad.
Es paradójico comprobar, según datos de la AEAT que apenas 12.000 familias utilizan estos instrumentos de ahorro. El desconocimiento está detrás de estos datos.
Teniendo en cuenta las diferencias de patrimonio entre las generaciones sénior y las que llegaron más tarde, nos encaminamos hacia una de las mayores transferencias patrimoniales de la historia de España. En este sentido, el reto pasa por hacer un asesoramiento accesible y completo en lo que se refiere a la planificación patrimonial.
La transformación tecnológica ha traído consigo una consecuencia clara: una brecha general en competencias digitales. Es por ello que las entidades financieras debemos combinar los canales digitales accesibles con la atención presencial y el apoyo humano.

La vulnerabilidad no solo crece; también se diversifica. Frente a una historia reciente en la que la vulnerabilidad parecía marcada únicamente por factores de renta, hay nuevos elementos que entran en juego: la diversidad funcional, la salud, el idioma entre la población migrante, la alfabetización financiera, la soledad…
Por ello, debemos marcarnos como reto el desarrollo de modelos de atención personalizados, a la vez que empleamos un lenguaje claro y accesible en todos estos nuevos contextos.
El objetivo de todos estos retos, en definitiva, es garantizar que todas las personas, en cualquier etapa de su vida, puedan comprender, decidir, gestionar y proteger su patrimonio con el apoyo que necesiten.


