EMPRENDIMIENTO
La edad de las primeras veces

Especial
Tiempo de lectura | 3 min.

Este verano, Castilla y León vuelve a mirar con miedo al monte. Los incendios han arrasado miles de hectáreas en Salamanca, Zamora y León, dejando familias en vilo y campos calcinados. Entre los que siguen con el corazón encogido está Luis Jesús Jiménez, ganadero abulense que sabe muy bien lo que significa ver arder la vida en cuestión de minutos.
“Fue terrible. Las llamas devoraron el trabajo de dos años y arrasaron con todas las provisiones de alimento que teníamos guardadas. Lo perdimos todo”, recuerda. Habla despacio, como si cada palabra le devolviera el humo y el silencio de aquel agosto de 2021, cuando el incendio de Navalacruz convirtió el paisaje en un desierto negro, su pueblo, Sotalbo, fue el más golpeado por la catástrofe.
Mirabas alrededor y no sabías ni por dónde empezar. Todo estaba destruido. Llegamos a pensar en dejarlo porque parecía imposible seguir.
En medio de esa ruina apareció una tabla de salvación. CaixaBank habilitó una línea de financiación para los afectados y él pudo acceder a 20.000 euros. “Fue el aire que necesitábamos para no rendirnos”, confiesa. Con ese dinero compraron pienso, repararon lo más urgente y pudieron alimentar al ganado que había sobrevivido.
La línea de financiación nos dio oxígeno. Gracias a eso conseguimos resistir.
El tiempo, sin embargo, no ha borrado las cicatrices. Cuatro años después, la explotación sigue funcionando, pero solo a la mitad. “Seguimos adelante, aunque no es lo mismo. Hemos tenido que buscarnos otros ingresos para mantener a la familia. No ha sido fácil, pero seguimos aquí. Y eso, después de lo que vivimos, ya es mucho”, dice con serenidad, casi como un triunfo íntimo.
Hoy, cuando otros agricultores y ganaderos atraviesan la misma pesadilla que él sufrió, Luis Jesús quiere hacerles llegar un mensaje: “Que no pierdan la esperanza. Yo también pensé que no habría salida, y aquí estoy. Con apoyo y esfuerzo se puede volver a levantar lo que parece arrasado”.
Lo dice desde la experiencia de quien ha visto arder todo y ha conseguido mantenerse en pie. Su historia es la de un hombre que se negó a rendirse, que aprendió que el monte tarda años en recuperarse, igual que las personas. Y que incluso entre las cenizas puede volver a brotar la esperanza.