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Especial
Rodrigo Hernández, de Save the Children, explica cómo la DANA afectó a los más pequeños y el reto de volver a la normalidad
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Las heridas que dejaron la lluvia y el barro aún no están, ni mucho menos, cerradas. El coordinador de emergencia DANA Valencia de Save the Children España, Rodrigo Hernández Primo, nos cuenta cómo viven los niños y niñas las consecuencias de la tragedia y nos detalla la ingente labor que se realiza para que estas no se cronifiquen en los más vulnerables, con el objetivo claro de no dejar a nadie atrás.
Ha pasado cerca de un año y medio desde la DANA de Valencia. ¿En qué estado se encuentran las zonas afectadas?
La recuperación de las zonas afectadas no ha sido homogénea de la misma forma que la afectación tampoco lo fue, hay municipios que han tenido una “pronta recuperación” y otros en cambio continúan afrontando una situación difícil y deficiencias de servicios básicos. En cualquier caso, aunque las calles estén limpias, el “barro” permanece en las vidas de muchísimas familias afectadas.
¿Ha sido más dura la parte emocional que la parte material? ¿Han podido recuperarse los afectados a nivel anímico?
Las heridas todavía no están cerradas y sabemos, por nuestra experiencia en emergencias, que pasará mucho tiempo hasta que muchas familias y muchos niñas y niños puedan pasar página, y aun así el recuerdo de la catástrofe y el dolor permanecerán en el imaginario colectivo de varias generaciones.
Hay familias que perdieron a seres queridos o que resultaron heridos, familias que todavía no han podido volver a sus viviendas porque continúan en reconstrucción, familias que perdieron su empleo o medios de vida, familias cuyos hijos e hijas acuden a centros escolares reubicados en barracones, incluso familias que, con las siguientes lluvias, volvieron a registrar afectación en sus hogares, vehículos y negocios.
En definitiva, sigue habiendo muchas familias cuyo presente está íntimamente ligado con la DANA y eso dificulta enormemente la recuperación anímica individual y colectiva.
Siguiendo con el estado anímico, ¿qué necesidades veis entre las personas afectadas?
El apoyo social y económico y el acompañamiento psicoemocional siguen siendo fundamentales. Pensemos que el impacto generalizado para toda la población fue devastador, pero la capacidad de recuperarse depende de muchísimos elementos personales, sociales, económicos… Poner el foco en no dejar a nadie atrás, especialmente a la infancia, es imprescindible para que realmente podamos hablar de una recuperación efectiva.
El sufrimiento de los adultos siempre es más visible, pero quizá el de los menores no lo sea tanto. ¿Hasta qué punto están afectados? ¿Es fácil de digerir algo así? ¿Tienen miedo a que pueda repetirse?
Para un niño o una niña ver cómo su calle, por donde caminaba seguro el día anterior a la DANA, se convierte en un río donde son arrastrados los coches, cómo el agua empieza a entrar en casa y va subiendo el nivel destrozando su hogar, cómo sus espacios de referencia, la escuela, el parque, el polideportivo, se destruyen en un día, si han perdido familiares o conocidos o han sufrido heridas o cómo sus padres han perdido el empleo, tiene un claro impacto y genera mucho sufrimiento.
Cada niño o niña tiene un proceso diferente, desde nuestros programas de intervención hemos atendido a niños y niñas que sufrían regresiones volviéndose a hacer “pipi” en la cama con 6 años o que se “olvidaban” de leer a los 9, hemos visto miedo a la lluvia, hemos atendido a niños con pesadillas recurrentes, a niños que desarrollaban conductas muy pasivas o extraordinariamente activas, ansiedad, estrés agudo… La forma en que se manifiesta el sufrimiento en cada niño o niña y su capacidad de superarlo es diferente, por eso mismo tenemos que estar muy atentos para acompañarlos y que lo hagan con las mayores garantías.

Aunque la emergencia haya pasado, ¿se podría hablar de una vulnerabilidad cronificada en el tiempo?
Lamentablemente las consecuencias de la emergencia no han pasado todavía. En Save the Children sabemos bien que el impacto de una emergencia no pasa cuando finaliza el periodo crítico inicial de las primeras semanas y, del mismo modo, la respuesta tampoco finaliza en ese momento. Una vez superado el momento crítico inicial, pasamos a una fase de estabilización y, en estos momentos, afrontamos la fase de recuperación.
Esta fase de recuperación es fundamental para que los efectos de la emergencia, efectivamente, no se cronifiquen y, por eso, es crucial trabajar en estos momentos con la población más vulnerable y, especialmente, con las familias y la infancia afectada.
¿En qué aspectos necesitan los niños más ayuda? ¿De qué manera les ayuda Save the Children? Cuéntanos un poco sobre el proyecto que desarrolláis con los menores afectados por la DANA.
En el diseño de la respuesta de Save the Children aunamos la experiencia de más de 100 años en respuestas humanitarias internacionales con el conocimiento de más de 30 años trabajando con población infantil vulnerable en la provincia de Valencia. Nuestro foco es el trabajo con la población infantil afectada y sus familias y, para ello, articulamos una respuesta basada en varios pilares interconectados y adaptados a las diferentes fases.
Simplificando mucho el modelo, podemos decir que, en primer lugar, es imprescindible la intervención directa con la infancia afectada a través de espacios protectores adaptados donde podemos atender directamente a los niños y niñas a nivel psicológico, emocional, lúdico, material, educativo, etc. Asimismo, es imprescindible trabajar con las familias aspectos emocionales y sociales y atender sus necesidades materiales más acuciantes para garantizar sus medios de vida.
Otro elemento fundamental es el apoyo a otras entidades sociales o comunitarias afectadas para multiplicar el alcance e impacto de la respuesta y la articulación de formaciones, generación de conocimiento o de soluciones innovadoras para escalarla. En todas estas líneas de trabajo es imprescindible garantizar la pertinencia y eficiencia mediante la coordinación con el resto de agentes públicos y privados que se encuentran en el territorio.
Es imprescindible trabajar con las familias aspectos emocionales y sociales y atender sus necesidades materiales más acuciantes para garantizar sus medios de vida
¿Qué objetivos os ponéis a corto, medio y largo plazo? ¿Qué aspiráis a conseguir?
El objetivo de Save the Children es devolver a los niños y niñas afectados por la DANA parte de la infancia que el agua se llevó. Para ello trabajamos desde el primer día y para ello continuaremos trabajando en las diferentes fases de la respuesta de emergencia y más allá.
En este sentido, a corto y medio plazo seguiremos trabajando directamente con la población infantil afectada y sus familias, seguiremos investigando y aportando soluciones a escala y, a largo plazo, de acuerdo con la evolución de la situación, trabajaremos con los más vulnerables, con aquellos niños y niñas que se hayan quedado atrás, hasta el último niño o niña.
¿Cuántos profesionales y voluntarios hay dedicados a este proyecto? ¿Qué perfiles tienen? Educadores, psicólogos, orientadores laborales…
La respuesta a la emergencia ha movilizado un equipo amplio y multidisciplinar, de más de 80 profesionales y cientos de voluntarios, combinando personal en terreno, equipo operativo y apoyo de compañeros y compañeras de Save the Children de otros territorios.
En el trabajo diario de intervención con niños y niñas afectados y sus familias se han incorporado más de 80 profesionales, organizados en equipos estables en cada población donde intervenimos. Cada uno de estos equipos está compuesto por trabajadores y trabajadoras sociales, psicólogos y psicólogas, coordinación pedagógica y educadores y educadoras, garantizando una intervención integral en protección infantil, apoyo psicosocial y acompañamiento educativo.
A nivel de coordinación y soporte técnico, el proyecto ha contado con un equipo operativo fijo de 10 personas, incluyendo la coordinación de la emergencia, técnicas de protección, técnicos de incidencia política y social, técnico de comunicación, técnicas para el programa de dotación económica o material a entidades y familias, especialista en calidad y evidencias y un técnico financiero.
De manera complementaria, se ha activado apoyo supraterritorial con más de 10 profesionales de áreas clave como contabilidad, gestión de personas, logística, comunicación, fundraising y programas internacionales, asegurando la sostenibilidad operativa de la respuesta.
De forma complementaria, la intervención ha contado con la participación de cerca de 300 personas voluntarias, incluyendo tanto voluntariado desplegado en la fase de emergencia como voluntariado corporativo, que ha contribuido al desarrollo de actividades, apoyo logístico y refuerzo de la atención a la población afectada.
¿Y cómo estáis gestionando vosotros -profesionales y voluntarios- la situación a nivel anímico? No debe ser fácil, ya que el impacto de la DANA en la región fue terrible en muchos sentidos.
El impacto emocional de la emergencia ha sido muy alto en el equipo, tanto por el tipo de trabajo en sí, como por el hecho de que parte del propio equipo había sido afectado por la DANA o conoce de manera muy cercana a personas afectadas.
Para mitigar este efecto, aparte de los recursos de atención a profesionales y voluntarios que tenemos en los programas regulares, se han implementado distintas medidas orientadas al cuidado y bienestar del equipo. Entre ellas, se han desarrollado espacios mensuales de ventilación emocional, así como sesiones internas de team building y cuidado grupal en distintas fases del proyecto. Asimismo, se han ofrecido formaciones específicas en autocuidado y gestión emocional en contextos de emergencia.
Estas medidas han permitido acompañar al equipo durante toda la intervención, contribuyendo a la prevención del desgaste profesional y al sostenimiento de la calidad de la respuesta. Cuidar a los que cuidan es fundamental en nuestro modelo de respuesta.
Apoyo parece que no falta, que los efectos de la DANA no han quedado en el olvido. CaixaBank, por ejemplo, ha donado a Save the Children 3 euros por cada accionista que votó en la Junta General de Accionistas del pasado 27 de marzo, con una cuantía total cercana a los 250.000 euros. ¿Hasta qué punto valoráis esta ayuda?
El apoyo de CaixaBank, y también de la Fundación “la Caixa", ha sido fundamental desde el principio de la respuesta de emergencia. La ayuda económica es crucial y nos permite ampliar enormemente el impacto y alcance de nuestro trabajo.
Además, no quiero dejar de mencionar el apoyo de Voluntariado CaixaBank, la cesión de espacios para capacitaciones y formaciones y todo el acompañamiento y apoyo de los profesionales de CaixaBank y, especialmente, de la Dirección Territorial de la Comunidad Valenciana y Región de Murcia y del equipo de Acción Social y de su responsable Encarna Alcaide.
Trabajar para mejorar la situación de las personas más vulnerables y garantizar el cumplimiento de los derechos de los niños y niñas desde luego merece la pena
¿A qué se destinará la cantidad percibida? ¿Hay un área de actuación concreta dentro del proyecto? ¿O se repartirá entre las diferentes iniciativas de Save the Children en el marco del mismo?
La totalidad de la cantidad percibida irá destinada a dos líneas fundamentales en esta fase de recuperación. Por un lado, a la línea de apoyo directo de familias afectadas que continúan en una situación muy difícil para cubrir sus necesidades económicas específicas en las áreas detectadas como prioritarias y de gran impacto y en base a un seguimiento regular con las familias. La finalidad es restaurar su autonomía y el bienestar y la resiliencia de los hogares más afectados.
Además, trabajaremos en la línea de intervención directa con niños y niñas afectados mediante actividades educativas, recreativas y culturales especialmente en periodo no lectivo. El período no lectivo es crítico para los niños y niñas en municipios afectados por la DANA, especialmente en aquellos donde los espacios de socialización y recreación permanecen cerrados, limitando oportunidades de aprendizaje, interacción y bienestar. Intervenir durante estos momentos permite prevenir la desventaja educativa y social, fomentar la cohesión comunitaria y asegurar que los niños y niñas mantengan rutinas, seguridad y desarrollo emocional.
Para terminar, ¿cuéntanos qué pasa en un día de esos en los que a pesar de las dificultades o de situaciones complicadas, vuelves camino a casa y piensas “merece la pena”?
Trabajar para mejorar la situación de las personas más vulnerables y garantizar el cumplimiento de los derechos de los niños y niñas desde luego merece la pena, especialmente en el caso de una emergencia y aún más especialmente cuando ésta ocurre en tu casa.
No voy a negar que hay momentos de agotamiento físico y mental, momentos de frustración o de impotencia, pero desaparecen rápidamente cuando eres testigo de cómo la gente se involucra y moviliza, cuando nos reconocemos como sociedad solidaria, de cómo el equipo, el voluntariado y todos los aliados se dejan la piel para mejorar la situación… de cuando entre todos y todas podemos mejorar la vida de un niño o niña con nuestro trabajo… en ese momento sabes que merece la pena.
