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Gemelos digitales e inteligencia artificial elevan la experiencia de los aficionados en el Mundial 2026, en el estadio y en casa
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Un mundial de fútbol reúne a multitudes en sedes muy distintas. Coordinar todo el movimiento de esas personas es esencial para su seguridad, pero también para su disfrute.
En el Mundial 2026, un sistema ayuda a los fans a evitar aglomeraciones en tiempo real, gracias a las tecnologías de gemelos digitales e inteligencia artificial.
El uso de estos recursos va más allá de la fluidez de las personas: busca que la experiencia de los aficionados sea la mejor posible al evitar, por ejemplo, que una cola de entrada les impida llegar a tiempo para ver el primer gol de su selección.
El Mundial 2026 se convierte así en un enorme campo de pruebas para sistemas con un elevado nivel de sofisticación que podríamos llegar a ver después en centros comerciales, hospitales o aeropuertos.
Imagina que llegas a uno de los 16 estadios del Mundial. Hay decenas de miles de personas buscando su puerta a la vez, pero en tu móvil una aplicación te indica la entrada más rápida según la gente que se agolpa en cada acceso en ese preciso momento. Es el sistema de orientación inteligente (smart wayfinding) desplegado por todo el torneo.
Este sistema se nutre de datos en tiempo real: escanea el movimiento de los asistentes y, gracias a un sistema de inteligencia artificial, ofrece sobre la marcha la ruta más cómoda.
Es capaz de leer la densidad de personas en tiempo real , aprender cómo se está moviendo la gente y encontrar la ruta más rápida para cada aficionado en el momento exacto.
En la práctica, el sistema se convierte en un asistente al que se puede recurrir durante toda la jornada:
Toda esa fluidez, dentro y fuera del campo, se apoya en tecnología de gemelos digitales. Cada uno de los 16 estadios tiene una réplica virtual hiperprecisa. Se trata de mapas virtuales que se actualizan minuto a minuto con los datos que llegan de cámaras y sensores repartidos por el recinto.
Sobre ese mapa vivo, la organización ve en tiempo real el flujo de personas , los dispositivos de seguridad y los sistemas técnicos del estadio. Si empieza a formarse un cuello de botella en una puerta o surge un incidente, lo detectan en el modelo y reaccionan antes de que el problema crezca.
Todo se coordina desde un centro de mando inteligente que supervisa la operación del torneo y genera resúmenes diarios con inteligencia artificial .
Mover tantos datos al instante exige músculo informático. La columna vertebral del sistema son centros de datos que ingieren y procesan el enorme caudal de vídeo e información que llega de los estadios.
Eso sí, buena parte del procesamiento no ocurre en una nube lejana, sino en el propio estadio . Esto es necesario para monitorizar eventos en tiempo real sin que la latencia perjudique la toma de decisiones. Es lo que se conoce como edge computing o computación en el borde, que ayuda a detectar inmediatamente cualquier incidente y también a solucionarlo.
La revolución en la experiencia de los aficionados no es exclusiva para quienes acuden al estadio.
Imagina ahora que sigues el partido desde casa. En un fuera de juego, en lugar de la clásica raya sobre el césped que no siempre aclara gran cosa, la retransmisión te muestra una recreación en 3D con los jugadores reconstruidos.
Los avatares que ves se generan con inteligencia artificial a partir de datos reales de cada futbolista y se puede ver la acción desde cualquier ángulo para entender por qué se ha pitado el fuera de juego.
Además, hay una cámara nueva que te permite ver el partido como si estuvieras en el césped: se llama Referee View y la lleva el árbitro encima. Un software de estabilización por inteligencia artificial evita que te molesten las sacudidas de la carrera, al reducir el temblor de la imagen.
Más allá de la seguridad o de la espectacularidad, todas estas herramientas apuntan en la misma dirección: derribar las pequeñas fricciones que separan al aficionado del juego.
La cola que te hace perderte el primer gol, la duda sobre una decisión arbitral, la sensación de estar lejos de la acción.
Se trata de que los aficionados se vuelvan a casa con una experiencia inolvidable después de una tarde de fútbol y que no lo sea por haberse perdido algo importante.